Voluntarismo y subordinación

Por Augusto Taglioni
@AugustoTaglioni

Mauricio Macri brindó un nuevo discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, su segunda participación personal y la tercera del gobierno de Cambiemos. Como suele suceder en cada exposición pública, el primer mandatario fue corto, sin profundidad pero con conceptos lo suficientemente claros como para entender desde dónde se para en el escenario global.

Multilateralidad: un mero voluntarismo

El presidente Mauricio Macri es un confeso militante del bloque global. Su proyecto es el que encarnaba Barack Obama y la política de mega acuerdos comerciales materializados en el TTP y TTIP. Estas políticas comerciales dejaron de existir con el arribo de Donald Trump a la Casa Blanca y, con ello, el fin del proyecto que Cambiemos creyó que iba a ser motor del crecimiento doméstico. Un claro error de lectura del escenario internacional que hoy se está pagando caro.

Sin embargo, al menos desde el discurso, el Jefe de Estado pidió más multilaterlaidad, abogó por la necedad de una defensa de la gobernanza global, reforzó su voluntad de cumplir con los empantanados acuerdos climáticos y destacó el rol de Argentina en ámbitos como el G20. En este sentido, marcó una posición voluntarista de un país cada vez menos influyente en cumbres que no llegan a ningún consenso, producto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Mientras Washington y Pekín se arrojan dardos venenosos en forma de aranceles y la Unión Europea profundiza su vocación proteccionista –al tiempo que dirimen los enormes problemas internos para seguir sosteniendo su propio sistema de integración-, Argentina se convirtió en un comentarista de una realidad que no lo incluye.

Por otro lado, hay dos aspectos más en los que Macri insiste a pesar de saber que es una pileta vacía. Uno es el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que tanto la canciller de Alemania, Angela Merkel, como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se encargaron de postergar todas las veces que tuvieron oportunidad. El segundo es la confluencia entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur. Este deseo, que Macri intentó materializar convirtiendo a la Argentina en observador del bloque de libre comercio, tenía sentido en 2015. Hoy es reunirse en un edificio vacío, en una oficina sin teléfono. ¿Por qué? Pues, el bloque vertebrado por el regionalismo abierto busca quién lo apadrine. Estados Unidos se fue y China no termina de hacerse cargo. A su vez, el Mercosur se embarró con la salida de Venezuela y estancó al ritmo de Brasil, que, además, podría experimentar un cambio de gobierno que modifique la relación de fuerzas en Sudamérica.

Sin ningún indicio que lo motorice, Macri habla de la necesidad de una multilateralidad que parece tan abstracta como lejana.

Doctrina Trump

El mandatario argentino confirmó lo que ya había anticipado en una entrevista a la CNN, en agosto de este año: la denuncia ante la Corte Penal Internacional contra Venezuela por violación de los Derechos Humanos. A diferencia de aquella nota televisiva, el líder de Cambiemos calificó de “dictadura” al gobierno de Nicolás Maduro y habló de crímenes de lesa humanidad.

Si bien esta postura no es nueva, coincide con la línea que reprodujo antes el presidente norteamericano, quien aún sostiene la posibilidad de intervenir militarmente. Sin subirse a ese tren militarista, la doctrina Trump a propósito del gobierno bolivariano gira en torno a aglutinar a sus aliados de derecha en una ofensiva que tiene dos vías: la judicial y la militar. La primera, a partir de una presentación que, aunque sea testimonial o simbólica, sirve para erosionar la vapuleada reputación de la administración venezolana. Antes, Trump defendió la decisión de su gobierno de abandonar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por “permitir la presencia de países que violan los derechos humanos pero acusan a Estados Unidos”, en una clara mención al chavismo.

La segunda vía es la militar pero no desde la intervención que desea parte del gobierno estadounidense sino con la presencia de fuerzas armadas locales, extranjeras y bases militares para “colaborar” en crisis humanitarias. De ahí, el ímpetu para calificar la situación en Venezuela como tal y la negativa del gobierno venezolano, claro. Esto no significa que la crisis bolivariana no sea lo suficientemente importante como para que la región la mire con detenimiento, pero lo que ha quedado en evidencia es que Washington tiene el objetivo de desplegar la logística del Comando Sur y la DEA, cuyas dotaciones también se suman a los cuatro frentes de batalla que mencionó Macri en su discurso: el terrorismo, el crimen organizado, el narcotráfico y la ciberdelincuencia.

Los aliados regionales de Estados Unidos en esta cruzada no son todos los que a Macri le hubiese gustado. Medios de comunicación dijeron de manera errónea que el autodenominado “Grupo de Lima” apoyaba esta presentación judicial contra el país caribeño. De los doce países que suscribieron la declaración, apoyan esta movida Argentina, Colombia, Chile, Paraguay y Perú. Brasil y México tomaron distancia y los centroamericanos no figuran en la lista. Por fuera de este bloque, Ecuador no forma parte y, desde ya, Uruguay y Bolivia tampoco adhieren. Mucho ruido y pocas nueces.

Entre la espada y la pared

La Casa Rosada tiene los mismos problemas para entender el mundo que antes del discurso del presidente. La automática alineación de Macri con los intereses de Estados Unidos en la región es tan brutal como la suavidad con la que el Jefe de Estado se dirigió a Gran Bretaña para pedir por la soberanía de las Islas Malvinas.

Por el contrario, la dureza con Irán por el tema AMIA forma parte de la estrategia para tensar la cuerda con los enemigos de la Casa Blanca, porque para Macri los enemigos de sus amigos son sus enemigos. En ese marco, como Palestina es enemigo de un amigo, omitió referirse a un tema que ha sido parte de la política exterior argentina durante décadas..

Pero esto no es todo. Mientras Macri piensa con el fundamentalismo políticó de los aliados de siempre, se olvida de la necesidad de reforzar el vínculo con China (y Oriente). Desde la densidad económica, es una realidad que debería contemplar quien busca espacios de libre comercio como quien intenta hallar un tesoro escondido en una isla.

El tema aquí es que no es posible jugar a ser el hijo de padres separados en plena guerra comercial entre dos peso pesado. En algún momento, Argentina tendrá que definir con quién vive todos los días y con quién pasa los fines de semana, si es que esto último puede ser posible.

El discurso de Macri cristaliza la falta de lectura en materia internacional, los calamitosos diagnósticos realizados y la absoluta desprotección a la que sumerge el Estado para volver a la lógica del centro-periferia que ata de pies y manos al país ante una tormenta que está lejos de terminar.

2018-09-25T23:01:38+00:00 25 septiembre, 2018|II, Política|