Entrevista a Alberto Fernández

Un orfebre de la unidad

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

El ex Jefe de Gabinete recibió a Kamchatka en su casa, donde habló de su relación con Cristina Fernández de Kirchner, el gobierno de Mauricio Macri, la emergencia de Roberto Lavagna y la contienda electoral.

Fotos: Mariano Campetella

Desde el doceavo piso del edificio donde vive Alberto Fernández, se ve la Reserva Ecológica bajo el cielo diáfano de la mañana. Emplazada en Puerto Madero, la torre que habita forma parte del testimonio imponente de la voluntad y la planificación contra el albur y la naturaleza: casi una metáfora de la tarea que asumió para que la división opositora no le sirva el triunfo en bandeja a Mauricio Macri, el ex jefe de Gabinete durante el gobierno de Néstor Kirchner y el segmento inaugural del primer mandato de Cristina Fernández pasa su tiempo libre en ese barrio construido sobre tierras ganadas al Río de la Plata.

Afable y conversador, recibió a Kamchatka luego del paseo de rutina de su perro Dylan, quien antes y después de la entrevista jugará con una pelota entre dos preciadas guitarras que el otrora diputado porteño admite que toca todavía. Con sus energías puestas en función de la unidad que derrote en las urnas a Cambiemos, alterna reuniones con jefes distritales del peronismo y el diálogo imprescindible con ciertos actores del establishment. “Me reúno con fondos de inversión que están preocupados por la situación actual y me dicen ‘cómo vamos a apostar a la Argentina si ni el Presidente y sus ministros traen su dinero al país”, cuenta.

Tampoco descuida la amistad de aquellos intelectuales que admira y estima, como el caso de la ensayista Beatriz Sarlo, que en febrero pasado le dedicó un artículo áspero en el diario Perfil tanto a él como al precandidato Felipe Solá por acercarse nuevamente a la líder de Unidad Ciudadana. Básicamente, les recomendó que se ataran al mástil como Ulises en la Odisea para no escuchar los cantos de sirena que supuestamente entonaba CFK. Cuando tuvo oportunidad de encontrarse con la escritora, Fernández le preguntó por esa nota, aclarándole que no había leído la poesía de Homero. Su amiga le contestó que no podía entender cómo acudía al llamado de la ex mandataria. “Escuchame, Beatriz, ¿Ulises tenía que pasar sí o sí por ahí, por donde estaban las sirenas, si quería llegar?”, inquirió Fernández ante la prestigiosa especialista en Letras, que tuvo que responderle por la positiva, irritada ante el retruco en cierne de su partenaire. “¿Ves que yo tengo que ir por donde está Cristina?”, soltó el ex premier.

Severo con la evaluación de la gestión en curso y nada complaciente con el kirchnerismo, Fernández asume el “error táctico” de haber jugado la carta de Florencio Randazzo como candidato a senador provincial por Buenos Aires en 2017 pero también factura responsabilidad a la ex Jefa de Estado. “Nos encontramos con la testarudez de Cristina”, afirma, al tiempo que agrega: “todos tenemos una parte de responsabilidad en esto”.

Massismo, Lavagna y el desencanto

Roberto Lavagna pateó el tablero al decir que Sergio Massa no formaba parte de su proyecto y provocó mayor dispersión en el campo opositor. ¿Cómo ve lo que está pasando con el espacio que los medios denominan “peronismo racional” o “alternativo”?

Lo primero que creo es que Lavagna no está buscando ese espacio. En el fondo, es un gran economista pero que lo sea no lo convierte en un gran político. Es un economista que habla de política. Me parece que es una pena porque es un hombre muy valioso, que tiene mucho para dar en materia económica pero que a veces sus egos lo traicionan y, cuando lo llevan a hacer política, le va muy mal. Tengo la sensación que Lavagna está intentando construir algo que se contradice permanentemente con lo que dice querer hacer. Dicho de otro modo: dice que quiere un gobierno de transición de unidad nacional pero dice que no quiere hablar con Cristina o dice que quiere generar un polo opositor pero no quiere hablar con la que tiene el 80 por ciento de los votos opositores. Pero entonces qué quiere Lavagna. Dice ser un gran demócrata pero dice que no quiere que nadie se le oponga, dice que quiere dar un gran debate pero dice que no quiere que lo contradigan. Para mí, es un proyecto desesperado de los que, en algún momento, acompañaron a (Mauricio) Macri y creen ver en él una suerte de Macri eficiente. No estoy diciendo que piense como Macri porque sería injusto. Lavagna no es como Macri. Pero sí digo que los que lo están avalando son los que se decepcionaron de Macri. Y quieren alguien que colme esas expectativas. Pero a mí no me preocupa mucho Lavagna…

Hay una serie de links que unen en las conversaciones sobre armados a distintos referentes, figuras y nombres que están en la danza de los precandidatos. Así como Cristina le encomendó, y me corregirá si me equivoco, conversar con los peronistas de diferentes distritos para lograr una confluencia mayor, como por ejemplo el caso de Juan Schiaretti, que a su vez mantiene conversaciones con Lavagna y hasta con Marcelo Tinelli, el escenario se convierte en un guiso cuyo sabor es muy difícil de dilucidar. ¿Cómo se lleva, en ese marco, con esa tarea y con esas dificultades?

La política es hablar. No se puede hacer política gruñiendo. Que todos hablemos entre nosotros es lo que siempre debió haber sido. Y que todos hablemos no quiere decir que estemos todos de acuerdo. Si una virtud tiene la derecha es que tiene un punto de acuerdo y sobre ese punto de acuerdo gana. Si un defecto tiene el progresismo es que tiene un punto de desacuerdo y machaca sobre ese punto. Entonces, es muy difícil lograr la unidad. Que todos estén hablando es espléndido. A mí, Cristina no me encomendó nada. Descubrí, después de 2017, que no podíamos seguir haciendo lo mismo. Todos divididos, íbamos a seguir dándole el triunfo a Macri. Y a veces, las divisiones eran por egos o por malas tácticas, como fue el caso de (Florencio) Randazzo. Nosotros creíamos que Cristina no se iba a presentar porque iba a perder. Y un día se presentó y ese fue un error táctico nuestro. Pero cuando se presentó, fuimos leales a nuestra idea y fuimos a decirle que fuéramos a dirimirlo en una PASO, sabiendo que poníamos la cabeza en la guillotina pero pagando el costo de nuestro error táctico sin violar nuestras convicciones. Y nos encontramos con la testarudez de Cristina. Todos tenemos una parte de responsabilidad en esto. Y un día me llamó Cristina, que era con quien yo esperaba hablar en última instancia pero fue con la primera que hablé. Porque entendí que ella tenía la misma preocupación que yo. Ahora, yo no estoy haciendo esto por orden de Cristina, lo estoy haciendo por convicción, realmente. Y también por convicción, creo que no se puede prescindir de Cristina. Porque es muy importante y cualquiera que mira encuestas se da cuenta que es la única que crece y despierta una esperanza. También es la única que enoja a muchos pero eso se tendrá que ver cómo se resuelve. Sí quiero decir que, en ese espacio que llaman peronismo alternativo, el único que tiene peso específico es Sergio Massa, y el resto es una entelequia. Lavagna es un candidato de 5 o 6 puntos y el 65 por ciento no lo conoce. Ahora, Massa viene en un proceso de pérdida de votos pero ha logrado construir: el massismo. En la unidad, tiene para aportar.

¿Siente que las noticias sobre la ciénaga judicial o del espionaje están tapando el impacto económico de las medidas que toma el Gobierno?

Hace muchos años que la política argentina transcurre en los tribunales. Esto es producto de una pésima idea de (Elisa) Carrió, y alguna vez la historia le pasará la cuenta. A partir de allí, todo se empieza a confundir porque empiezan a hacer política los fiscales y los jueces. Lo peor de todo es que, seguramente, hay hechos de corrupción que deberían ser investigados y condenados pero quedan dentro de esa ciénaga y puesto en duda. Los que dicen que vienen a trabajar por la república tenían informantes de cuarta como (Marcelo) D’Alessio y hacían operaciones con (Daniel) Santoro. Y no querían saber la verdad sino lastimar al adversario. Que la Argentina hoy esté preocupada porque una chica que está enferma y está en Cuba no viene, y el tribunal no la necesita ni la requiere y siempre ha estado a derecho, mientras tenemos un fiscal rebelde, profugándose y caminando con anteojos negros para que no lo reconozcan por la calle es una prueba del país en el que estamos. Y aclaro que yo he sido muy crítico sobre la forma en que Cristina influyó sobre la Justicia pero lo que ha hecho Macri es una verdadera lacra. Ahora ya sabemos todos: lo primero que hizo Macri fue hacer algo que había corregido Cristina, cuando volvió públicos los fondos de inteligencia. Macri los convirtió de nuevo en fondos reservados. Ya sabemos para qué era. Eso lo hizo Macri y es lo mismo que hizo en la Ciudad de Buenos Aires. Y es Macri, no Patricia Bullrich. Macri, realmente, es lo peor que le pasó a la democracia argentina. No sólo por su ineficiencia económica sino por el modo en que destruyó la calidad institucional argentina. Pero la política tiene que hacer un mea culpa. La interferencia de la política en la Justicia siempre es negativa y siempre es cuestionable pero Cristina, y esto ponelo entre comillas, tuvo un uso “más ético”. Ella interfería en la Justicia en favor de los propios pero Macri usó la Justicia para encarcelar adversarios. Es insoportable.

¿Y a qué se refiere cuando dice que Cristina la usó a favor de los propios?

Porque había causas contra funcionarios donde ella trataba de interferir para que sus funcionarios queden absueltos. No se debe hacer. Y no la estoy justificando…

¿Y tiene que ver o podría vincularse a la interpretación sobre el espacio político que se dedica a judicializarlo todo y Cristina confrontaba con eso o no?

Sí, bueno. Cristina, en realidad, fue víctima de eso también. El aluvión de denuncias contra ella fue terrible. Para que entendamos: la causa de obra pública se denunció en 2007 y el juez Julián Ercolini se declaró incompetente y la mandó a Santa Cruz. Se hicieron pericias, terminó con sobreseimientos y nadie en Argentina escribió un renglón sobre eso. En 2008, volvió a hacer la misma denuncia Carrió pero hasta 2015 Ercolini durmió la causa. Cuando ganó Macri, revivió la causa. La causa obra pública que se escucha que está en los tribunales orales es la misma denuncia que se investigó en Santa Cruz y que el mismo Ercolini sabe que es cosa juzgada. Esto es un desastre. Ercolini fue alumno mío y leo lo que escribe y me pregunto cómo lo aprobé.

Sujetos del terror

Hablamos de la putrefacción del sistema judicial y la contaminación de la política a nivel sistémico pero ¿qué es, por dónde pasa o cuál es el sujeto político hoy?

Hoy en día el sujeto político está más confundido. Tenemos desde hace 3 años una política que promueve la baja del consumo para bajar la inflación. Y eso nunca ocurre en la Argentina. Y lo que no tienen en cuenta es que el 70 por ciento de lo que se produce en el país se consume acá. Así, han hecho padecer al consumidor, al que trabaja o al que produce. Por eso es muy difícil determinar el sujeto político. Porque es la sociedad en pleno afectada. Quién se salva: las energéticas y los bancos.

¿Por qué no explota? ¿Hay una especie de educación por el miedo a partir de las crisis del 89’ y el 2001 y nadie quiere pasar por eso?

Hay algo de eso. La gente está aterrada. El que perdió el trabajo deambula buscando uno. El que todavía lo tiene todas las mañanas se levanta temiendo perderlo. El que tiene un plan se calla la boca porque, por miserable que sea, tiene miedo a que se lo dejen de dar. Todos los días ven que (Christine) Lagarde le exige más ajuste al Estado. Y eso es lo que hace que la gente no reaccione. Tampoco quiero que haya una reacción como la del 2001, porque no quiero que nadie muera pero sí que tengamos conciencia de lo que esta gente hizo en la Argentina. Es imperdonable. Ellos recibieron 3 problemas y los agudizaron. Cristina dejó una inflación promedio de 23 por ciento anual y hoy estamos con 40 puntos anuales. Cristina dejó 3 puntos de déficit y hoy tenemos, sólo para pagar los intereses de la deuda, 5 puntos de déficit fiscal. Cristina dejó una deuda que, en moneda extranjera, era el 13 por ciento del PBI y hoy es del 100 por ciento. Espero que la memoria colectiva no se lo perdone nunca a Macri, pero no por venganza, revancha o grieta sino porque quiero que recordemos lo que son capaces de hacer los energúmenos codiciosos puestos a manejar el Estado.

Macri, realmente, es lo peor que le pasó a la democracia argentina. No sólo por su ineficiencia económica sino por el modo en que destruyó la calidad institucional argentina.

Tiró la palabra ‘grieta’ sobre la mesa. ¿Cree que, así como después del peronismo no se pudo hacer política de la misma manera que antes, tras el kirchnerismo tampoco? ¿Hay una forma de reponer, sea el conflicto o la discusión política, que resulta distinta?

La política es siempre contradicción de intereses. Por eso, el Partido Laborista inglés representa a los trabajadores y el Conservador a los sectores más pudientes y los republicanos a los más poderosos y los demócratas al ciudadano medio en Estados Unidos. Siempre hay contradicciones de intereses, en cualquier país. El peronismo y el kirchnerismo profundizaron el debate sobre los intereses en pugna. Y eso es lo que los poderosos nunca le perdonaron. Ahora, qué diferencia tuve yo fundamentalmente con Cristina. Que aun admitiendo que siempre los intereses en pugna existen, el secreto del buen gobernante es saber administrar esa contradicción. Administrar no significa que se mantenga sino ir alterando esa ecuación en favor de los que menos tienen sin llegar a un desastre que no se pueda vivir. Con Cristina, en alguna medida, existió el tema de la grieta. Había algunos que no estaban de acuerdo con ella porque se parecían a Macri pero yo, que me parecía mucho a ella, si decía que no estaba de acuerdo en algunas cosas, me contestaba: ‘te mandó (Héctor) Magnetto’. Yo no lo veo a Magnetto, no hablo con Magnetto, pienso por mí. Ese debate fue muy feo y generó una grieta innecesaria, entre los propios. Yo siempre decía que si había algo que siempre me mantenía cercano a Cristina era ver quiénes eran sus enemigos. Pero ella tenía una grieta conmigo. La grieta hay que terminarla pero con sensatez.

Pero lo que le factura dividendos al macrismo es justamente la grieta…

Ya no. Porque la grieta, aunque no la llamábamos de la misma manera, alguna vez la usamos nosotros. Yo la llamaba política maniquea. Consistía en dividir el mundo entre buenos y malos y pararse del lado de los buenos. Hay momentos en los cuales en las sociedades eso es claro. Por ejemplo, nosotros llegamos después del 2001 y teníamos claro que la mayoría automática de la Corte era mala, que los genocidas impunes eran malos, que los acreedores que pretendían cobrar la deuda a cualquier precio eran malos… y si uno se paraba y enfrentaba a todos esos, siempre estaba del lado de los buenos. Esa política es muy rentable.

El gobierno actual la hizo con la corrupción.

En 2015, pero no convencieron del mismo modo porque la mitad del país no les creyó. Y el problema que tienen para llevarlo adelante es que Macri no es bueno y el país ya lo verificó. Macri es un señor que va desde tener cuentas offshore hasta incriminar a su padre muerto tildándolo de ladrón. Es alguien muy descalificado socialmente.

¿Va a alcanzar con la víscera más sensible de los argentinos, es decir, el bolsillo, o tal vez todo lo que sembró el Gobierno en torno de la corrupción va a redundar en un voto contra el populismo o una experiencia que se oponga al macrismo en ballotage?

Creo que difícilmente Macri pueda recuperarse del descontento social tan grande que ha generado. No sé si el debate va a ser populismo o democracia porque Macri no es democracia ni república. Yo creo que los argentinos se han dado cuenta que los empresarios puestos en el Estado son ladrones de guante blanco que roban las arcas públicas. Y que además, son muy desatentos a las necesidades de la gente.

No le voy a preguntar si cree o no que Cristina vaya a ser candidata pero sí quisiera preguntarle, en vistas de que deben renovar dirigentes como Máximo Kirchner o Axel Kicillof, muy identificados con ella, ¿cómo podría evitarse la impugnación del oficialismo a esa lista bajo el alegato de que es el kirchnerismo o el pasado que vuelve?

El problema de hoy no es que vuelva el kirchnerismo sino que subsista el macrismo. Igual, pienso que si Cristina eventualmente volviera, o cualquiera que lo haga, habría que generar algo que fuera mejor que Macri, lo cual no cuesta nada, pero hay que ser mejor de lo que fue Cristina. No basta con volver, hay que ser mejores que Macri y mejores de lo que fuimos. Esa obligación la tenemos todos. También, Cristina.

2019-05-13T15:55:37+00:00 6 abril, 2019|III, Política|