Un nuevo mazo, con cartas marcadas

Por Sergio Boncompagno, Manuela Hoya y Germán Epelbaum (*)

Se reacomodan las fichas en el tablero político. Pronóstico reservado para el Gobierno.

Fotos: Prensa JxC

Las fichas que cayeron

Bajada la espuma del veredicto de las urnas emitido por la sociedad hace diez días, que parecieron un mes, las fichas se acomodan raudamente. Quedará para la anécdota la sorpresa por el resultado de la elección en las expresiones de la ciudadanía en las redes sociales, o en los rostros de los políticos y comunicadores en la pantalla, también su estupor. En las primeras horas que siguieron al sacudón, el oficialismo nacional se mostró atónito, vapuleado, para luego intentar salir del trance con un pedido de disculpas grabado y un gabinete ampliado que derrochaba autoayuda.

Más allá de estas reacciones cuya consecuencia fue el repudio y la sorna de buena parte de la sociedad, hoy el Gobierno es denostado por medios afines y comunicadores que hasta el mismo día de la elección constituían las bases de su sustento en la opinión pública. Como reza una vieja expresión -muy útil en la práctica política-, el acompañamiento llega sólo hasta las puertas del cementerio, exacerbando ahora la crítica presidencial en comparación con la cautela característica de los tiempos previos, testimonio de un auténtico cambio de clima político. Mientras se mezclan intentos de autocrítica con campaña del miedo y el “reto” a la sociedad, la respuesta como política pública al apocalipsis financiero es la apelación a medidas de cortísimo plazo (hasta el 27 de octubre, aproximadamente) en las cuales además el macrismo nunca creyó. La renuncia de Nicolás Dujovne como consecuencia del incumplimiento de las metas fiscales y cambiarias resultó de perogrullo, pero tampoco cambia demasiado el panorama.

Por último, el enojo del lunes pasado con el electorado por parte de Mauricio Macri mostró una faceta “de rico enojado” que siempre quiso ocultar y de la que le costará salir, y seguramente nunca lo logre pese a las posteriores disculpas adjudicadas al estado de ánimo y el mal descanso. Contrariamente, la actitud mesurada de Alberto Fernández y sus economistas llamando a la cordura sirvieron para estabilizar la corrida financiera.

Quemando manuales

“La política del siglo XXI” aporta elementos para ganar las elecciones, pero no pesa más que la heladera vacía y el miedo a vivir todos los días peor. El infalible hombre algoritmo, personalizado en Durán Barba y en Marquitos Peña, finalmente falló. Ahora son repelidos hasta por los propios. Muy especialmente por los propios.

En el espectro comunicacional, aquellos miedos que cuidadosamente habían diseminado en tándem con sus fieles laderos mediáticos, hoy se les vuelven en contra. En la pelea por la gobernación, la derrota de María Eugenia Vidal con apenas un 2,5% de corte de boleta en su favor (lo que había sido su trampolín en 2015) expresa que su angelical determinación no hizo mella en un electorado hambriento de proteínas en la mesa y deseoso de poder prender la estufa sin temor a un cataclismo en la cuenta familiar. Entre la heladera y el televisor, en el cuarto oscuro prevalecieron los estantes vacíos y el sistema de medios que lo mostró. El candidato es el proyecto parecen haber dicho los votantes, y más allá de las figuras que lo encarnan en cada distrito fueron pocos los exponentes del republicanismo autóctono que salvaron las papas el domingo de elecciones.

Ante la falta de respuesta por la corrida que desató y el enojo posterior con la propia sociedad que decidió dejar de respaldarlos, se genera el microclima propicio para que el desengaño sea aún mayor. Queda expuesto un desprecio hacia las mayorías que deben responder en las urnas, y un descrédito en las minorías que deben responder en “los mercados”. Un combo fatal para consagrar una hazaña que parece difícil aún, como expresó Elisa Carrió, si hacemos de cuenta que nada de todo esto sucedió…

El gabinete ampliado propuso voluntad y escucha para revertir la hecatombe electoral, tal vez los únicos recursos de los que dispongan a falta de políticas públicas que mejoren la vida de la gente. Pareciera que el manual para ganar elecciones no tiene un capítulo que instruya a la dirigencia cambiemita sobre cómo salir de esta tormenta.

Octubre, con movimientos abajo y arriba

Mientras la dirigencia continúa el trabajo de conteo de votos (siempre se busca revisar hasta el último telegrama y pelear toda urna posible para achicar o agrandar diferencias, sobre todo en los distritos donde hubo interna), los cálculos de cara a octubre son inevitables. Desde ya, si se apela a la racionalidad más que a las ganas, las proyecciones no son nada optimistas para la Casa Rosada. Si se tienen en cuenta los cálculos de un incremento en la participación electoral de cara a las generales, resulta improbable que los sectores más longevos del padrón repitan los esfuerzos que alguna vez hicieron para movilizarse y volver a votar al actual oficialismo, o que los partidarios de José Luis Espert y Juan José Gómez Centurión (aunque pocos en proporción, suman miles) le brinden un voto “útil” en esta ocasión. En la medida que el “cuco kirchnerista” se apaga entre los votantes más versátiles (que ahora tienen problemas nuevos) y Alberto Fernández continúa dando muestras de moderación y aceptación entre las élites, la factibilidad es incluso que muchos electores que apostaron a Macri se sumen a la ola triunfalista de color celeste.

A favor del Gobierno queda esperar que, del mismo modo en que se desataron fuerzas vivas del kirchnerismo en la previa del ballotage 2015 -que desesperadamente militaron la boleta del FPV-, muchos “defensores del cambio” puedan sentirse convocados a redoblar esfuerzos ante la adversidad, aunque no debería aguardarse por un impacto de gran escala. Por otro lado, estos embates ciudadanos muchas veces pueden ser contraproducentes en su impacto electoral.

También, es sabido que buena parte de los fiscales de una fuerza competitiva se ven motivados por expectativas de conseguir trabajo o mejor posicionamiento en el sistema político. ¿Quién querrá defender los votos cambiemitas en octubre por fuera de su núcleo militante? En los barrios, miles de históricos referentes territoriales peronistas brindaron valiosas armas a partir de 2015, jugando para el gobierno actual. ¿Qué motivación tendrán ahora para hacerlo y no darle esas construcciones a las fuerzas de Fernández? Cuántos serán los “pícaros” intendentes que se animen a repartir su boleta corta, ensamblada con la de la fórmula F-F? ¿Por qué habrían de seguir apoyando a Roberto Lavagna los dirigentes locales que se aliaron con Consenso Federal en vez de pasarse a una casi seguro victoriosa fuerza del Frente de Todos? Por caso, el salteño Juan Manuel Urtubey ya mostró señales de acercamiento a Fernández. Estos puntos, entre tantos, hacen pensar que la elección de octubre podría ser demoledora para el proyecto neoconservador que encabeza Macri.

Mención especial merece la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la joya más preciada del macrismo. Si bien las diferencias porcentuales alcanzadas en favor de Juntos por el Cambio son similares a las alcanzadas por el Frente de Todos a nivel nacional, el microclima político del momento y la especificidades de la ley electoral porteña no permiten dar por segura la continuidad de la administración de Horacio Rodríguez Larreta. Cuando se pega una vez, no hay motivo para dejar de hacerlo, y más cuando implicaría un knock out territorial definitivo para la fuerza política adversaria.

El Gran La Plata, para pintarlo de azul

El Gran La Plata es la microrregión que nuclea a los partidos de La Plata, Berisso y Ensenada, de importancia central para la política bonaerense dados diversos factores que confluyen simultáneamente. En La Plata, radica institucionalmente el gobierno provincial, por el peso simbólico de Berisso como polo obrero peronista y por el valor de la industria pesada ensenadense y su aporte al producto bruto provincial. Aquí también la ola celeste impactó de forma rutilante sobre los resultados para las categorías locales.

Mario Secco -intendente de Ensenada- se erigió como el gran ganador de la región: fue el dirigente local elegido por mayor porcentaje de toda la provincia y con su imagen llevó cuantiosos votos al conteo de la boleta de Todos (27.611, el 71,6% de su distrito). A su vez, incursionó en la interna del peronismo berissense y puso sus fichas a Fabián Cagliardi. El dirigente -por mérito propio y por el apoyo de un Secco cuya gestión es vista como un faro para toda la región- triunfó en la interna. El intendente Nedella, radical histórico gobernando en el “kilómetro cero” del peronismo, tenía el desafío de mantener la posición, y la obligación de aportar puntos al alicaído poroteo macrista. Sin embargo, no pudo escapar de la debacle amarilla y terminó juntando 22.270 votos menos que sus adversarios justicialistas, sobre un total de 58.767 votos válidos, de acuerdo a los datos del escrutinio aún provisorio.

La ciudad de La Plata, el mayor centro urbano del interior bonaerense -junto a Mar del Plata y Bahía Blanca-, era una de las claves con que contaba el macrismo para ganar la Provincia y tomar impulso en la Nación, pero en ninguno de estos distritos la elección fue buena para Cambiemos. Incluso en Bahía Blanca -ferviente “defensora del cambio”- Federico Susbielles quedó a un empujón de ganar el distrito (Hector Gay apenas logró imponerse con el 39,72%, frente al 37,06% del candidato de Todos), mientras que en la ciudad balnearia la fractura del peronismo local introduce un final aún incierto.

Ante la falta de respuesta por la corrida que desató y el enojo posterior con la propia sociedad que decidió dejar de respaldarlos, se genera el microclima propicio para que el desengaño sea aún mayor. Queda expuesto un desprecio hacia las mayorías que deben responder en las urnas, y un descrédito en las minorías que deben responder en “los mercados”.

En la jurisdicción de las diagonales, las cosas no fueron mejores para los oficialistas. La figura de Garro era uno de los números puestos para la reelección, siendo que el peronismo ya había sido derrotado en 2017 y 2015, y también golpeado por el armado massista local en 2013. En la capital provincial el Frente de Todos acumuló -con sus cinco listas internas- el 47,32% según los últimos números del escrutinio, que reinterpreta los votos en blanco, contra un 36,95% del intendente Julio Garro. En su análisis territorial, el gobierno local apenas pudo imponerse en los circuitos correspondientes al casco histórico y en Gonnet-Villa Castells, mientras que la mayor parte de la periferia recuperó su identidad electoral peronista histórica.

La compulsa del peronismo ha sido ganada provisoriamente por Florencia Saintout, apenas 1.504 votos por encima de Victoria Tolosa Paz (0,4% de los sufragios totales), quienes en el marco de una contienda muy ordenada consensuaron esperar el resultado definitivo antes de desatar la algarabía del triunfo. Más relegados quedaron Guillermo Escudero (PJ local, con el 7,9%), el ex Juez Arias (7,4%) y Federico Martelli (grupo Callao, con el 2,8%).

La disputa intra peronista platense se dio en un tono pacífico y cordial, en continuidad con las muestras de unidad que se venían desarrollando en los meses previos, de manera tal que se asegure el traslado de votos a la mujer electa candidata de forma casi absoluta.

De conservarse la diferencia en favor de Saintout, será Guillermo “Nano” Cara, precandidato a primer concejal en la lista de Tolosa Paz, quien quede en un lugar más que expectante para ingresar al Concejo Deliberante tras la conformación de la lista definitiva, producto del sistema d´hont. El movimiento de este dirigente resulta uno de los más audaces de la interna platense, por haberse desprendido de la estructura camporista y adquirir un peso destacado por su aporte territorial para la campaña y su articulación política con actores importantes de la ciudad, como la universidad y los sindicatos. María Alejandra Wagner, ex decana de la Facultad de Trabajo Social, completaría la lista oficial del Frente de Todos de cara a octubre.

La escasa diferencia provisoriamente obtenida por sobre sus adversarios (en estas horas se están abriendo las últimas urnas) pone a la ex decana de periodismo en la responsabilidad de tener en cuenta a las demás expresiones del espacio para construir un muy posible triunfo en las generales y el armado del posterior gobierno municipal. Por su parte, el arco opositor en su conjunto es el que está ante la oportunidad histórica de recuperar ese distrito para el peronismo, y sería un error garrafal de su parte no estar a la altura de las circunstancias, en la escatimación de esfuerzos de cara a octubre.

(*) Los firmantes son analistas de la Consultora Arquetipos.

2019-08-21T19:17:55+00:00 21 agosto, 2019|II, Política|