Ukase de la calle contra el ajuste

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

Entre el jolgorio al sol y la bronca en la boca del estómago, cientos de miles de trabajadores coparon la Plaza de Mayo y sus alrededores esta tarde, colmando la Avenida de Mayo hasta su intersección con la 9 de Julio y las diagonales Norte y Sur. Los dirigentes sindicales y sociales llamaron a los diputados y senadores a votar contra el presupuesto, diseñado por el Gobierno a pedido del FMI.

Foto: Mariano Campetella

La multitudinaria movilización de la CTA y la CGT, junto a los movimientos sociales y las organizaciones políticas, culminó frente a un escenario que ensanchó la representación habitual de los que se oponen al Gobierno, en Plaza de Mayo. Desde los líderes ceteístas Hugo Yasky y Pablo Micheli hasta Esteban “Gringo” Castro y Coco Grafagnini por la CTEP y la Tupac Amaru, respectivamente, pasando por dirigentes de la CGT como Pablo Moyano, los que alternaron en las calles desde que asumió Mauricio Macri y que pocas veces se combinaron, confluyeron hoy en una demostración de fuerzas conjunta para ponerle un freno al ajuste, tal como agitaron varios oradores.

Ese sincretismo urgente, en la misma jornada en la que el Jefe de Estado anunció desde Estados Unidos que irá por la reelección en 2019, se refractaba sobre el césped que pisoteaban, en pleno pogo con Jijiji de fondo, maestros del Suteba, militantes del peronismo bonaerense y bancarios en camisa, junto a delegados suyos en chaleco y compañeras sindicalistas en musculosa, con tatuajes que rockeaban a puro resplandor. Revueltos, amontonados o unidos, el tiempo dirá, pero sobre el mismo terreno, en el marco de un paro de 36 horas convocado por la CTA y a las puertas del que llamó la CGT a partir de esta medianoche.

Por lo pronto, más de una vez a lo largo del acto afloró y se esparció en la tenida el cantito “Vamos a volver”, tanto que Yasky tuvo que tomarlo por la afirmativa en su alocución cuando dijo: “Sí, compañeros, sí, compañeras, el pueblo siempre volvió”. El diputado kirchnerista se refirió también a la tensión que le impuso el oficialismo al inicio de la jornada de protesta, con el despliegue de Gendarmería en el Puente Pueyrredón para impedirle el paso a las organizaciones populares que marchaban desde Avellaneda hacia el centro porteño. “El gobierno tiene que entender que los trabajadores vamos a estar en la calle hasta tanto cambie la política económica y la política de entrega”, expresó.

Al respecto, argumentó que “no es con gases, no es con cascos, no es con balas de goma, no es fabricando vallas”, y agregó que “no hay vallados que detengan la conciencia de un pueblo que decide ser protagonista de la historia”. También se permitió jugarle una chanza a Macri, sobre quien deslizó la sospecha de que “debe tener las rodillas entumecidas, y mucho tiempo de rodillas es trabajo insalubre”.

Antes de cederle la palabra a los otros 9 oradores que pintarían el collage discursivo de la lucha, dedicó un párrafo a la consigna macrista acerca de “los 70 años de desastre” –aunque los cambiemitas directamente canjean como sinónimos esa palabra y peronismo-. “Saquemos la cuenta”, convidó Yasky, y enumeró todas las conquistas obreras y sociales desde entonces para concluir que “eso no está en mesa de saldo, no se entrega, no se regala y se defiende de pie: él, de rodillas; nosotros, de pie”.

Experiencia y formación a cielo abierto

Los parrilleros se esmeraban para ganarle a la malaria a puro humo, lo mismo que los vendedores de gaseosa y helado. “Algunos deben computar como los nuevos puestos de empleo que dice (Jorge) Triaca”, chuceó uno con pechera del SMATA.

Camioneros, trabajadores de Vialidad y Afines, los estatales de ATE, cooperativistas y desocupados nucleados en organizaciones populares componían un paisaje multicolor, entre banderas que incluían rostros emblemáticos como el de René Salamanca en una de la Corriente Clasista o la lúcida dirigente docente Stella Maldonado, fallecida en 2015. Lo mismo también flotaban los zepelín de sindicatos poderosos como uno de La Garganta Poderosa.

Ante ese auditorio, Micheli cargó contra los que no estaban ahí, por vanidades personales –anche, opciones ideológicas-. “Están pelotudeando y estamos ante un gobierno que nos caga a palos”, vociferó, y añadió: “no se puede andar boludeando porque no me gusta uno u otro”.

El secretario general de ATE-Capital, Daniel “Tano” Catalano, leyó a su turno una conmovedora carta de Milagro Sala, próxima a cumplir 1000 días como presa política del gobernador jujeño Gerardo Morales. “Macri ha encarcelado una forma de ver el mundo” e “intenta reprimir una forma de hacer las cosas”, fueron dos de las oraciones más salientes de la misiva.

Cuando tomó el micrófono, el bancario Sergio Palazzo proclamó el fin del achicamiento sobre la clase trabajadora. “Hasta aquí llegó el ajuste, hasta aquí llegó la derecha porque hay un pueblo unido, que ha decidido decirle basta”, sentenció, y conminó a los legisladores a votar en el recinto contra el presupuesto macrista: “si son opositores de verdad, que se dejen de joder y que voten en contra”. Parte del mismo frente sindical que milita Palazzo, los diputados Vanesa Siley (Judiciales) y Walter Correa (Curtidores) escuchaban en el escenario y a pocos metros de su compañero.

Luego, se preguntó retóricamente “después del paro, qué”, y respondió que hay que “intensificar un plan de lucha”. “Sí, se puede cambiar a Cambiemos en 2019”, arremetió a caballo de la paradoja.

Más tarde, harían uso de la palabra el líder de la CCC, Juan Carlos Alderete, quien manifestó que “ya no alcanza con decir que es un gobierno se ricos para ricos” y consignó: “sólo en la calle podemos hacerlos retroceder”. Le seguirían Grafagnini, en representación de la Tupac Amaru y Sala, la secretaria general del sindicato de Actores, Lola Berthet, el Gringo Castro por la CTEP y Daniel Menendez por Barrios de Pie.

El cierre estuvo a cargo de la titular de CTERA, Sonia Alesso, quien aclaró que “no vienen por (Hugo) Moyano y (Roberto) Baradel” porque lo que “les duele” a los empresarios y el Gobierno, según su razonamiento, es la resistencia popular. “Estamos acá por convicción política, en defensa de nuestra clase pero también porque no nos da lo mismo”, enfatizó, y aseveró: “le duele a la oligarquía argentina un pueblo que no se rinde”.

La comidilla de los medios de comunicación, amén de los que se comieron la curva tratando de narrar a través del móvil desde el cual transmitía un cronista de exteriores el cruce entre los vendedores de bondiola como si fuera un enfrentamiento entre facciones políticas, fue la presencia del jefe de bloque kirchnerista en la Cámara de Diputados, Agustín Rossi, y los intendentes peronistas del conurbano, entre los cuales se contaban los matanceros Fernando Espinosa y Verónica Magario.

Un mar de dedos en V coreando el Himno Nacional como en las tribunas de las canchas de fútbol se convirtió en epílogo de la convocatoria. Los que llegaban a contramano de los que se iban, junto a los que se quedaban, garroneaban selfies con sus dirigentes al pie del escenario, celular en mano, con destino seguro a Instagram y, probablemente, sin filtro.

2018-09-24T21:31:08+00:00 24 septiembre, 2018|Política|