Sujeto político en ciernes

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

Foto: Mariano Campetella
Idea y producción: Noe Fois y Mariano Campetella

La crisis derivada de la pandemia del Coronavirus quemó los papeles de todos. El Gobierno argentino reaccionó casi con inmediatez, a pesar de los titubeos manifiestos –sobre todo- en el plano comunicacional, y asumió que la subordinación de todas las acciones políticas al acuerdo con los acreedores externos carecía de sentido ante la inexorable emergencia sanitaria.

Tironeos más o menos encubiertos hasta la semana pasada entre los actores que nutrieron la potencia electoral del Frente de Todos comienzan a encauzarse en la urgencia. Por caso, el mismo ministro de Trabajo, Claudio Moroni, había sido vituperado por la CGT y la CTA ante su displicencia sobre los fondos de las obras sociales adeudados a los sindicatos por el Estado, pero encontró su reivindicación –o metió violín en bolsa- ante la imperiosa necesidad de que los afiliados y sus familiares, que en total contabilizan cerca de 20 millones de habitantes, tengan una cobertura médica a la altura de las circunstancias. Fuentes gremiales celebran ahora que se haya destrabado ese reclamo, después de que el titular de la cartera laboral y el Jefe de Estado eludieran una respuesta resarcitoria al respecto.

Hasta el jefe del Palacio de Hacienda, Martín Guzman, descartó su celo contra la emisión monetaria y su persistente fiscalismo para el diseño de mecanismos paliativos ante la recesión que contagiará cada rincón del país con más velocidad que el Covid19. “Hay que modificar las condiciones de trabajo”, sostuvo el joven economista durante la conferencia de prensa en la que anunció la reposición de los Repro para que el erario público complete una porción del salario de los empleados de las pymes, la eximición de los aportes patronales y el relanzamiento de la obra pública.

Así, el saldo de las últimas horas abre una serie de interrogantes y un camino que oscila en las proximidades de una bifurcada. Por un lado, da la sensación de que la iniciativa de Fernández piloteando el barco en la tormenta está pariendo un sujeto político nuevo, que es el del cuidado y la solidaridad colectivos. Gruesos sectores de la militancia local se pasaron la última década -por lo menos- discutiendo cuál era el sujeto de la etapa, si era el trabajador o su reducción a la triste figura del consumidor, si eran los jóvenes o los obreros, artesanos y changarines de la economía popular y, ya más cerca en el tiempo, si le cabía esa misión a los feminismos.

Con ese trayecto a cuestas, la novedad política de estos días es la estrategia de acumulación de una coalición que lleva tres meses en el poder, con innegable legitimidad pero extrema debilidad económica en las arcas públicas: el Presidente apela, en tal contexto, a la organización de la sociedad en torno del cuidado en una época de desamparo planetario con repercusiones vernáculas, fruto de la herencia macrista, el derrumbe financiero global y la imposibilidad de pensar más allá de los márgenes impuestos. La palabra serena del primer mandatario, más allá de algunos tropiezos verbales, y la madurez y la responsabilidad (¿afectiva?) con la que gran parte de los argentinos está reaccionando, no obstante los raptos irracionales de voracidad por el alcohol en gel o el papel higiénico, están cincelando tal vez una buena noticia: regurgita un clamor ciudadano que aglutina por amor y por espanto contra “el ejército invisible” del virus, el único al que le temen los moradores de una pampa pródiga en incredulidades y fanfarronerías características.

Por otro lado, es cierto que un tercio de la población permanece fuera del alcance de las licencias que se instrumentan para los estatales y los trabajadores registrados del sector privado. Los pobres que sólo incluyen las estadísticas que miden los ingresos difícilmente sean alcanzados en su totalidad, sin desmerecer el esfuerzo fiscal realizado por el Estado a través del otorgamiento de sumas excepcionales a jubilados y beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo como así también subas al seguro de desempleo.

 

Los más curtidos y probados en batalla están militando el aislamiento y ahí se juega toda la suerte del gobierno en curso y, como corolario, la sociedad.

 

Fue elocuente el psicoanalista Jorge Alemán, quien declaró desde su encierro en un departamento de Madrid durante una entrevista con AM750 que “hay que tomar la delantera y evitar que la pandemia se instale” porque “los ricos sí van a conseguir cama”. Si bien defiende la incipiente experiencia gubernamental del Frente de Todos, reclama “osadía” y advierte que en esos gestos se constituye “un sujeto político y una voluntad popular”.

Se asiste, entonces, a una nueva etapa de la construcción política en Argentina, y es paradójica y contradictoria porque las fuerzas políticas plebeyas en esta jurisdicción, como herencia del peronismo y las luchas que lo antecedieron, siempre se jactaron de habitar la calle, pelearla en el ágora o disputar el espacio público. Ahora, los más curtidos y probados en batalla están militando el aislamiento y ahí se juega toda la suerte del gobierno en curso y, como corolario, la sociedad.

Si el terremoto de San Juan en 1944 también fue un bautismo de fuego para Juan Domingo Perón, la epidemia que asola los cuatro puntos cardinales puede convertirse en el signo del mandato de Fernández. Cuando analistas y dirigentes se preguntaban cuál sería la ESMA del albertismo, en alusión al hito fundacional de la impronta kirchnerista, pareciera que la Casa Rosada encontró su adversario y esculpe la lengua que pueda nombrarlo para, eventualmente, superarlo.

2020-03-28T10:40:32+00:00 18 marzo, 2020|III, Política|