Septiembre

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

El Gobierno está en manos del FMI. Sin gambeta comunicativa ni crédito político frente a la sociedad sobre la que ajusta, Cambiemos se extingue solo, por efecto de su propia hoja de ruta. La nostalgia restauradora culpa a los espectros del populismo a medida que los globos se desinflan. La incógnita sigue siendo cuánto aire le queda al oficialismo, y se develará en la calle.

En septiembre tú fuiste mía
y ahora todo es melancolía.
Miguel “Conejito” Alejandro

Retumban guitarreros jactanciosos en la pulpería. Ahora que Mauricio Macri no acierta ni leyendo el teleprompter y necesita más de un intento para que resulte aceptable su mensaje a la población, cualquier perejil se la da de banana.

Sin embargo, los cambiemitas no están groguis. Incluso si tuvieran que adelantarse las elecciones, hipótesis barajada por el propio establishment, o el dólar trepara más allá de lo conveniente para cualquier administración que pretenda cierta paz social, casi todo lo que acontece forma parte de la hoja de ruta que se trazó la alianza gobernante antes de su asunción. El problema, obviamente, se plantea para los baqueanos que se perdieron en la pampa que supuestamente conocían.

Hasta que el Presidente anunció la habilitación de los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para quemarlos en 2019 aunque estaban previstos en 2020, la discusión se centraba en los costos de un déficit que rondara el 1,3 por ciento. Tras esa fallida incursión comunicativa, los grandes operadores financieros le dieron un mazazo. El impacto desconcertó a varios soldados del Gabinete en la misma medida que creyeron que lloverían inversiones por la procedencia que acreditaban los miembros del equipo al que bautizaron como el mejor de los últimos 50 años.

Recién entonces, el peronismo se sintió en la necesidad de que se mezclaran los naipes otra vez. Al macrismo se le encareció, de pronto, el ajuste. La ineludible mención al “déficit 0” que tuvo que proferir el alicaído ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, azuza los peores fantasmas para los que se acuerdan de Domingo Felipe Cavallo.

En ese trance, hasta la CGT evalúa tramitar el paro general antes del 25 de septiembre. Para esa fecha nadie sabe qué país habrá. “No hay más avenida del medio”, dijo ayer el secretario general del sindicato de canillitas en una entrevista por FM La Patriada. Hasta donde supo Revista Kamchatka, el titular de la CTA y diputado por Unidad Ciudadana, Hugo Yasky, cruzó llamado telefónico con él luego del nuevo mensaje presidencial y coincidieron en el carácter urgente de la huelga.

La fusión de ministerios, eufemismo para evadirse de explicaciones sobre los miles de despidos estatales en cartera, es más conflictiva por la reducción de puestos de empleo que por la eliminación de las políticas públicas que esas carteras animaban, y cuyo estrangulamiento se viene produciendo –con mayor o menor virulencia desde la asunción de Macri el 10 de diciembre de 2015-. La resistencia a ese achicamiento proviene del mismo campo popular que protagoniza y dinamiza el resto de las luchas, sin una traducción electoral directa ni, mucho menos, triunfal.

Una mirada lúcida sobre los últimos días sugeriría que, aun con tensiones y fricciones intestinas, el Gobierno y la clase dominante hicieron el ajuste económico con la devaluación de la semana pasada. Así, licuaron deuda, fugaron divisas y aplastaron todavía más el poder adquisitivo de los asalariados. En definitiva, hicieron a través de la corrida cambiaria lo que no les salía a través de un acuerdo político que reflotara entendimientos bipartidarios de antaño.

Bajo la cantinela de que el país iba rumbo a convertirse en Venezuela, el macrismo transforma la nación entera en cualquier otro escuálido territorio caribeño de pueblos más dóciles y estados más lánguidos. La pregunta de esta hora es si los sectores organizados de la sociedad argentina dejan que pase este ajuste o empujan a sus diseñadores al basurero de la historia.

Un derrotero plausible es que el empresariado vernáculo y sus socios extranjeros sostengan a Cambiemos, por lo menos, hasta la realización del G20 en Buenos Aires. Los núcleos más combativos del sindicalismo y la oposición, por su parte, pondrán toda la carne al asador ni bien puedan para frenar, aunque más no sea, la aprobación del presupuesto.

Si septiembre ya no es poesía, como dice la canción que cuarteteaba Miguel “Conejito” Alejandro, octubre se parecerá demasiado a diciembre.

2018-09-03T20:34:16+00:00 3 septiembre, 2018|Política|