Reconstrucción: del terremoto de San Juan al coronavirus

Por Myriam Pelazas y Ale Goldin

Foto: Mariano Campetella

Mucho se ha dicho acerca de que el peronismo nació de un terremoto. Y si se piensa a Perón y Evita como símbolo cabal de una Argentina que empezaba a ser distinta, a mirar lo que antes no se veía, a cuidarlo, a valorarlo, sí, ahí empezó la cosa.

Ya en 1894, San Juan había sufrido un terremoto de inusitada magnitud que provocó enormes daños a la entonces joven provincia. Cincuenta años más tarde, una nueva catástrofe sobrepasó aquello, llevándose el 10% de su población. Las 9000 muertes, miles de heridxs y aún desaparecidxs conmovieron al resto del país, que se movilizó a través de campañas de solidaridad comandadas por un gobierno que desde la Secretaría de Trabajo y Previsión empezaba a forjar un nuevo Estado. Así, a una semana del sismo, en un festival a beneficio de las víctimas, en el Luna Park, el coronel Perón y la actriz Eva Duarte iniciaron su historia en común entreverada en la reconstrucción de ese vendaval trágico. Él, al frente de la mentada Secretaría se vislumbraba como figura central del gobierno; ella, llegando desde San Juan -hasta donde había viajado con una delegación de médicos para revisar personalmente qué tipo de asistencia se necesitaba y hacerla conocer al grupo de artistas que estaba preparando la colecta solidaria-.

Ahora bien, mucho de lo dicho se queda en el flechazo que esa noche de enero fundió las biografías de una y otro. En cambio, aquí interesa contar las prontas tareas que se encararon desde el Estado que todavía no era lo que llegaría a ser pocos años después con la Fundación Eva Perón. Una de las subsecretarías del Ministerio de Guerra envió lo elemental: alimentos, mantas y carpas; la Secretaría de Trabajo y Previsión armó una millonaria colecta junto al presupuesto de emergencia votado y brindó todo tipo de asistencia y, fundamentalmente, se creó un organismo para planificar la construcción antisísmica. Si San Juan sufrió tanto es porque, a pesar de lo que había sucedido 50 años antes, la ciudad prácticamente seguía siendo de adobe. Por tal razón, el Gobierno dio origen al Consejo de Reconstrucción y a un Plan Regulador Urbano, dependientes del Ministerio del Interior, basados en el reconocimiento de que los años de liberalismo y ausencia del Estado eran responsables de tantas víctimas fatales y daños materiales. Además el Estado se hizo presente a través de créditos del Banco Hipotecario Nacional y del Instituto Provincial de la Vivienda.

¿Cómo entonces no recordar esa historia en estos días de pandemia, cuidados y de reconstrucción? Palabra esta última que, justamente, había sido elegida como publicidad oficial mediante el eslogan “estamos REconstruyendo”.

Lo que pasó en la bella San Juan, sin embargo, no es comparable -como nada lo es en historia- con esta pandemia mundial que atraviesa y muestra horrorosamente los efectos, en este caso, del neoliberalismo. Así, los ajustes en salud tan tristemente evidentes en Italia, aquí se verificaron durante los cuatro años del macrismo que degradó al Ministerio de Salud convirtiéndolo en Secretaría, redujo la planta del Instituto Malbrán y dejó vencer vacunas, entre otras negligencias y descuidos. De eso parte el Frente de Todos, aunque sin Luna Park y un poco aggiornado: el peronismo volvió a escena para frenar con un poco de sensibilidad social las topadoras neoliberales.

Así, hoy se reconstruye un país que tiene paredes de lodo, pero cimientos bastante fuertes y un maestro mayor de obra, Alberto Fernández, que tomó pronta nota del asunto -por lo que Argentina está empezando a ser ejemplo mundial acerca de cómo manejarlo-. No porque sus habitantes sean mejores, sino porque ya se cuenta con lo que sucedió en China, Italia, España, Francia, Estados Unidos. Y porque les Fernández no son Bolsonaro, ni Piñera (aunque el Presidente chileno hace su propio uso de la pandemia para rehabilitar su alicaída imagen, puesto que el coronavirus fue lo único que logró sacar a lxs chilenxs de las calles del reclamo). Y porque Ginés González García no es Ramón Carrillo, pero se reconoce de alguna manera en aquel que atacó la tuberculosis y prácticamente acabó con enfermedades como la sífilis o epidemias como el tifus y la brucelosis, además de bajar el índice de mortalidad infantil; mientras que el Ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán, con la venia del gobernador Axel Kicillof, está reconvirtiendo un antiguo hotel sindical de Ensenada en un hospital que atenderá exclusivamente a enfermxs del coronavirus, y esa medida parece que se replicará en otros hoteles sindicales. ¿Acaso podría imaginarse un símbolo más poderoso del peronismo que un hotel sindical reconvirtiéndose en hospital? Es una imagen como para que la pinte Santoro, porque no puede haber tiempos de vacaciones, si no pueden vivirlos todxs. Y la felicidad debe ser para las grandes mayorías, eso se postulaba en los ’40 y no queda viejo.

Sí, Alberto puede hallar en esta tragedia su mito fundacional porque aunque no le tocó el del “trabajo a casa y de casa al trabajo” sino el menos productivo “quédense en casa”, forma parte de un gobierno que instrumenta cómo otorgar dinero extra a quienes perciben haberes previsionales y asignaciones, y otros créditos y modos de ayudas a quienes más sufren estos coronados días. Por eso, aunque con su Ministro de Economía esté luchando contra el ahorcamiento del FMI (asunto que claramente no padeció Perón), puede que de esto salga fortalecido.

No son sencillas las decisiones que tiene que tomar, pero es interesante auscultar el pulso de una población muchas veces hostil que esta vez ya no critica tanto los precios “cuidados”, sino que reclama que la cuiden y que sancionen a lxs vivillxs que especulan con artículos de primera necesidad y a aquellxs que encuentran como el mayor de sus valores el poder rajarse un estornudo en una peatonal, en lugar de hacerlo en el pliegue de su codo. De algún modo, protectores, Alberto y Cristina muestran que la patria es el/la otrx. Aunque pensarlo cueste en estos días de excepción y de fronteras cerradas.

No se niega que, para que su imagen de estadista se vea fortalecida, depende en parte también de estos medios que no paran de inocular temor, pero que frenan parcialmente su crítica despiadada y su periodismo de guerra al observar que las cosas se están haciendo bastante mejor que en otros confines del mundo. Asimismo, parte importante de la ciudadanía reconoce que el Presidente está al frente de la causa.

En los días del terremoto de San Juan, los medios -como ahora- en su mayoría eran opositores, pero no pudieron negar que el Estado estaba activo, que no se trataba del andamiaje infame que algunos de esos mismos medios habían ayudado a sostener.

En la actualidad, cuando aún no se sabe bien cómo se inició el que llaman virus de Wuhan, y mucho menos cómo va a terminar; parece recobrarse alguna conciencia de que sobrevendrán tiempos duros, pero que al gobierno argentino no lo amilana el escenario que le tocó, y que mientras se calza guantes de trabajo, organiza los ladrillos para la re-construcción.

2020-03-31T14:57:18+00:00 23 marzo, 2020|III, Política|