Moderación para un mundo complejo

Por Augusto Taglioni
@augustotaglioni

Cristina Fernández dijo, tanto en la presentación de su libro como en el video en el que anunció la fórmula presidencial con Alberto Fernández, que el país del 2003 (y el mundo) no es el mismo que el del 2019 y que, por lo tanto, hay que construir una alternativa para afrontar esa realidad.

En términos regionales, los proyectos progresistas se encuentran en una etapa de reconfiguración y la fragmentación se impone. En 2003, Estados Unidos incursionaba en Irak y Afganistán y preparaba su propuesta para América Latina, el ALCA, mientras en una parte de las naciones suramericanas emergían gobiernos populares que se hacían cargo de países azotados por diversas crisis. El mundo multilateral estaba en pañales y Néstor Kirchner lo leyó con claridad al reunirse con el entonces presidente de China, Hu Jintao. El nuevo orden mundial estaba empezando a caminar y la integración latinoamericana era lo que había que hacer, luego de años de fracaso liberal.

Hoy es bien distinto. China es una potencia consolidada y mantiene una disputa frontal con Estados Unidos, que incluye desde lo comercial hasta la batalla por el control del 5G. Por otro lado, los alquimistas de la integración regional ya no están: Néstor Kirchner y Hugo Chávez fallecieron y Lula está preso por un más que irregular proceso judicial con proscripción electoral incluido. La derecha volvió, el Mercosur fue congelado y Unasur ya no tiene ni sede.

En este marco, es importante mirar al globo para comprender buena parte de la suerte interna. El próximo gobierno argentino tendrá que afrontar, nuevamente, los compromisos de la deuda e iniciar un proceso de negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Así tendrá también que ubicarse en medio de una guerra entre Estados Unidos y China, en la cual la Casa Blanca tratará por todos los medios de aislar al gigante asiático de la región. Al mismo tiempo, ese antagonismo vendrá acompañado de fuertes presiones y el país intentará seguir contando con asistencia financiera de Pekín para reactivar una economía muerta.

Por su parte, Argentina deberá revisar su posición sobre lo que sucede en Venezuela, que muy probablemente estará presente en la campaña electoral. Lejos del bolivarianismo de antaño, un nuevo gobierno deberá correrse del club de odiadores de Nicolás Maduro alrededor del llamado “Grupo de Lima” para representar una postura más sensata, cercana al Mecanismo de Montevideo impulsado por Uruguay y México o el Grupo de Contacto de la Unión Europea.

Si Alberto Fernández llega al sillón de Rivadavia, deberá afrontar estas tensiones y sacarse fotos incómodas para su electorado, como Jair Bolsonaro y Donald Trump. Sabe hacerlo, participó de las negociaciones con el FMI en 2003 y acompañó a Kirchner en su encuentro con George Bush en 2004.

Es importante destacar que los países vecinos también atraviesan procesos similares. El mismo día de las elecciones argentinas irán a las urnas los uruguayos y, una semana antes, los bolivianos.

En Uruguay, el Frente Amplio deber revalidar 15 años de gobierno sin sus dos principales referentes: Tabaré Vazquez y José Pepe Mujica. Los dos posibles candidatos del espacio serán el intendente de Montevideo, Daniel Martínez, y la ministra de Industria, Carolina Cosse. Ambos tienen un perfil técnico y de gestión por sobre el aspecto ideológico.

Por su lado, en Bolivia, Evo Morales y Álvaro García Linera van por su tercer mandato consecutivo, avalados por el Tribunal Supremo de Justicia. Para darle más institucionalidad a una candidatura cuestionada por sus adversarios, Evo obtuvo el apoyo del furibundo antichavista y Secretario General de la OEA, Luis Almagro, y encabezó un acto multitudinario.

Un dato importante es el rol de los liderazgos en la resolución de sus reemplazos. En Brasil, Lula sigue siendo un actor central e, incluso, no se descarta una nueva candidatura en un país que parece encaminarse a un impresionante fracaso político y económico. Desde la cárcel, el líder petista dijo en la última entrevista que quería reunirse con los militares y agradeció el gesto humano del vicepresidente Hamilton Mourao por haber defendido la presencia del ex presidente en el velorio de su nieto.

En Ecuador, está resuelto que Rafael Correa será candidato a vicepresidente en los comicios presidenciales que están programados para el 2021 pero podrían adelantarse para el año próximo. Esto fue confirmado por el ex canciller Ricardo Patiño y la diputada Gabriela Rivadeneira, en diferentes entrevistas, y por altas fuentes del entorno de Correa para esta nota.

El mensaje es claro: para reconfigurar el esquema regional, la opción que se impone es la del pragmatismo y la moderación.

2019-05-19T12:43:07+00:00 19 mayo, 2019|II, Política|