Las pibas que marcan el ritmo

Por Lucía Ríos
@soylurri

La segunda frase del documento leído durante el último paro mundial de mujeres, lesbianas, travestis y trans en Buenos Aires arrancaba marcando el eje que atravesó la jornada: “Paramos contra los despidos, el ajuste del gobierno y por aborto legal, seguro y gratuito”. Días antes, representantes de todas las centrales, diversos sindicatos y trabajadoras de la economía popular habían realizado una conferencia de prensa frente al Monumento al Trabajo. Kamchatka habló con tres dirigentes gremiales sobre la unidad, el 2019 y el rol de los sindicatos. El movimiento obrero marca la agenda y las mujeres también.

Foto: Yegua y Groncha

“Perdoná que me adelanté pidiendo algo, recién salgo de una reunión”, dice, sonriente, Claudia Lázzaro, secretaria de Género y Derechos Humanos del sindicato de Curtidores. Eran las cuatro de la tarde y quien fuera una de las conductoras del #21F corta sutilmente pedazos del sanguchito salvador, en un bar de San Telmo. Al referirse a las reuniones para el #8M en el galpón de la Mutual Sentimiento -que devinieron en una organización sindical pocas veces vista-, Lázzaro relata: “Había una necesidad de juntarse y lo que pasó, en el mundo sindical, fue obviamente un antes y un después. Lo que los varones no pudieron construir o intentaron hacerlo desde la superestructura acá se dio en un plano más igualitario”.

Esa necesidad siguió atravesando a quienes armaron el bloque sindical del #8M y los encuentros continúan. Desde Andresito, una de las últimas localidades misioneras antes de llegar a Brasil, Ana Cubilla, secretaria general del Sindicato Único de Obreros Rurales (SUOR), le dijo a Kamchatka que “la unidad de todas las centrales sindicales es un paso muy positivo, con perspectiva de avance de las mujeres hacia lugares de decisiones donde aspiremos como sindicalistas a tener la posibilidad de ser secretarias generales”.

Según un relevamiento del Ministerio de Trabajo realizado en 2016, solo 5 sindicatos de una muestra de 25 no tienen a ninguna mujer en la comisión directiva pero, aun así, los lugares que ocupan ellas están más orientados a Acción Social, Turismo o Secretaría de la Mujer. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que el 5 por ciento de los puestos directivos de sindicatos y organizaciones de trabajadores están ocupados por mujeres.

Al frente del sindicato alternativo a la UATRE de Ramón Ayala, Cubilla apuesta a todo y, cuando responde, se nota: “No queremos quedarnos ocupando un lugarcito nomás, sino estar ya en la superestructura, que es donde no estamos y hacemos falta”. “Siempre digo a las compañeras que, si nosotras hubiéramos estado en alguno de los tripartitos, no creo que le hubiera resultado tan fácil a este gobierno avanzar en todo lo que va avanzando”, desafía.

En los ladrillos no hay eco

La Real Academia Española define al eco como “persona o cosa que imita o repite servilmente aquello que otro dice o que se dice en otra parte”. En 1944, durante un almuerzo del Prado Español de San Andrés de Giles, Juan Domingo Perón exclamó: “Rindo este homenaje a las mujeres de mi Patria, en quienes los hombres de la Revolución hemos encontrado un eco que nos llena de satisfacción y de orgullo”. Para el último 8 de marzo, el presidente Mauricio Macri saludó enunciando: “Gracias a todas las mujeres que han hecho posible que yo sea un hombre feliz, y que esté acá tratando de ayudarlas”. Sus palabras también podrían fecharse en 1944. Sin embargo, Fabiana Tuñez, la titular del Instituto Nacional de las Mujeres, presentó al protagonista del hit del verano como el “feminista que nadie vio venir”. Facepalm.

Ana Lemos, secretaria del interior de la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina, va caminando por la calle, después de cuidar a su sobrina, mientras le cuenta a esta revista que el armado con las compañeras recién comienza y que a muchas de ellas les cuesta, al día de hoy, reconocerse como trabajadoras. “Tenemos un montón de ladrilleras que laburan todo el proceso en un horno solas, haciendo todo el trabajo, y algunas ayudan a los compañeros pero no las reconocen como trabajadoras”, detalla, y agrega: “vos no ayudás a tu marido sino que sos una trabajadora y no quiere decir que tu marido te tenga que pagar el sueldo, pero sí que vos te reconozcas como laburante y que los derechos que vamos conquistando también sean para vos”.

Y ahora… ¿la unidad?

La carrera hacia el 2019 parece lejana y cercana al mismo tiempo. En los diversos encuentros que generó el peronismo, hubo atmósferas que indicarían un buen augurio. Las alianzas son una realidad y no le dan lugar al sectarismo.

Miembro de un sindicato que estuvo intervenido seis años y cuya personería gremial fue otorgada por el peronismo, Lemos reconoce que hay una crisis de representación y que “no hay alguien que visibilice políticamente lo que se genera en la calle”. Y hablando de los desafíos de cara al 2019, asevera: “reconocemos el enemigo común pero eso no se expresa políticamente porque, después, cada uno vota por sectores lo que le parece y este es el desafío que tenemos”. “Solamente con la unidad de los trabajadores vamos a poder ganar las elecciones y recuperar el gobierno para los humildes”, completa.

Perón tiene otras grandes frases, parte de la doctrina que legó. “La oligarquía se opuso siempre a la formación de sindicatos y los combatió abiertamente; los hizo funcional al margen de la ley; a la oligarquía no le convenía el sindicato porque era su enemigo nato”, problematizaba el General.

Cuando Lázzaro habla de peronismo, se le endurecen los rasgos. “No puedo dejar de ser optimista con respecto a la unidad: si nosotros no construimos ese 2019, los que perdemos somos los trabajadores y trabajadoras”, expresa antes de comprometer a los dirigentes, a quienes carga con “la obligación de ponerse a la cabeza de la construcción de la unidad”.

Una oposición, dos oposiciones, tres oposiciones

Cubilla cree que la lucha madre de las mujeres en el movimiento obrero es por los lugares de poder y decisión. “Necesitamos estar donde se decidan las cosas para poder empezar a mover el piso de todo este aplastamiento de nuestros compañeros sindicalistas”, advierte. Lemos, por su parte, considera que la pelea debe ser para que “los trabajadores tengan protagonismo no solamente en el sentido de formar parte de una lista, que es muy importante, sino también del centro de las políticas del gobierno”, y desliza: “esa fue por ahí una parte de las diferencias o las críticas con nuestro gobierno porque los trabajadores no fuimos protagonistas del proceso, fuimos beneficiarios”.

No obstante, la etapa exige concentrarse en lo prioritario. Según Lázzaro, es “la defensa del trabajo, como ordenador de la vida” ante un gobierno “que pretende dejar de lado el trabajo o lo transforma en mero espectro social de dominación y, cuando se plantea la reducción de la jornada laboral, contesta con un banco de horas extra para mayor precarización laboral”.

Mientras el peronismo se reconfigura, las mujeres discuten colectivamente, construyen organización, marchan y generan acciones políticas desde una gran paleta de colores, incluso en el sindicalismo. Las trabajadoras contra el ajuste, en pleno proceso de reconocimiento, son cada vez más. Están en las bases, en la informalidad laboral, en la economía popular, en las fábricas o las oficinas o en las calles. Las hay dirigentes y las hay –poquísimas, pero las hay- secretarias generales. Ojo, porque son la mitad, y están hambrientas.

2018-05-08T21:43:34+00:00 28 abril, 2018|III, Política|