La vida en pausa

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

Entre la liturgia, el pragmatismo y la corrección ideológica, el Frente de Todos cincela la piedra sobre la que diseña la edificación de su gobierno. La cuenta regresiva para que se descubra la pieza proyectual de su relato a escala se acelera conforme avanzan las negociaciones con acreedores externos. Mientras tanto, los diversos sectores que nutrieron la acumulación electoral de Alberto Fernández deponen o postergan sus enconos mutuos, con los dientes apretados y los tendones endurecidos. La ansiedad frente al orden que no termina de alumbrarse y la angustia ante sordos dolores del pasado que acechan, aunque se suspendan decisiones, debates y anhelos.

Foto: Yegua y Groncha

Llora lo que cambia, aun
para hacerse mejor. La luz
del futuro no cesa de herirnos
ni un instante: está aquí, arde
en cada uno de nuestros actos cotidianos,
angustia aun en la confianza
que nos da vida…

El llanto de la excavadora,
Pier Paolo Pasolini (1922-1975)

 

No todo lo sólido se desvanece en el aire. Hay persistencias profiadas, consistencias que no se diluyen, fervores que no se sosiegan, cosas que nunca cambian. Lo saben el presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández de Kirchner, conductores del movimiento peronista que se atribuye con jactancia la naturaleza de sentimiento o verdad que se palpa en la insuperable experiencia de una revolución colectiva. Y también lo aprendió Mauricio Macri, al darse de bruces contra el asfalto de la impiadosa derrota del año pasado.

Las exigencias de esta hora paralizan cada esfera de actividad social y hasta entumecen el pensamiento. De a ratos, una serie de vacilaciones sobre lo que debe expresarse o callarse estrangula la lengua viva, bajo pretenciosas odas a la responsabilidad  al interior del oficialismo y algo de comodidad en la cuenta del homebanking de quienes ululan en sus alrededores.

Entretanto, pugnan calculadamente las tres figuras que condensaron la líbido electoral de 2019. Al cabo, la sutura de la grieta es la demanda de un tercio de la población en un país donde los otros dos devoran casi toda representación en las instituciones. Si la faena fue objeto de las enunciaciones del discurso cambiemita al paso que sus dirigentes la regaban con nafta para que ardiera, el compromiso de taparla en esta etapa es leit motiv de las acciones del actual Jefe de Estado pero quizá carezca de sentido al final del sinuoso camino que transita.

Comedidos todos al cumplirse los 90 días iniciales de la administración de les Fernández, despunta en el horizonte un destino de inexorable trifulca, sea por la eclosión de las ecuaciones intestinas en ambos campamentos y sus dificultades para consolidarse bajo orgánicas políticas o sea por los sacudones globales que derivan de las escaramuzas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), las tasas de interés estadounidenses y la dosis extra de recesión mundial inoculada por la expansión del Coronavirus. La pausa, impuesta hasta los últimos intersticios del territorio nacional durante la negociación con los bonistas y los organismos multilaterales de crédito, está a punto de romperse. Su inevitable estallido pondrá, irremediablemente, a cada cual en su lugar y el saldo recién podrá atisbarse en el turno electoral de 2021.

Por eso, no es casual que el alicaído Miguel Angel Pichetto le haya recomendado a Macri que se postule el año próximo como candidato a diputado por la Provincia de Buenos Aires. Abrigan ese enroque sugerido la suposición de que Argentina asumirá indefectiblemente su default virtual como cesación de pagos real y la especulación de que una cosecha de sufragios elevada en territorio bonaerense pondría al –todavía- líder de Juntos por el Cambio como indiscutido postulante a la Presidencia, por segunda vez. Fuentes de su entorno advierten, de todos modos, que se trabaja para que Macri “siga siendo jefe de la oposición” y “la mantenga unida”, independientemente de las candidaturas a las que aspiran Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. En ese sentido, un ex senador que se autopercibe “fuera del círculo rojo” del armado opositor pero fue fundamental en la arquitectura triunfal de 2015 relativiza cualquier riesgo de ruptura. “Los veo a todos muy comprometidos con la unidad, a pesar de las diferencias”, contestó.

 

El encierro disciplinario a puertas abiertas de un politburó con Twitter es tan pedagógico como desmovilizador. Los militantes más apasionados del territorio deambulan como recuperadores urbanos de una mística que no anima a nadie –o sólo cala en muy pocos-. El entusiasmo político es inversamente proporcional al poliamor de la diversidad sin asperezas y la heterogeneidad que impugna la confrontación.

 

Deducciones similares sobre un eventual naufragio económico o un indeseable fracaso político explican los movimientos del diputado Sergio Massa, señalado en los mentideros como el próximo candidato peronista al Sillón de Rivadavia y propuesto como tal –prematuramente- por la titular de AySA y, a la sazón, esposa suya y madre de sus hijos, Malena Galmarini. Cierto es que para el día D falta una eternidad pero las ambiciones del legislador tigrense no son nuevas ni ocultas.

Por lo demás, Massa oficia de enlace del Gobierno con el presidente norteamericano, Donald Trump, o su par brasileño, Jair Bolsonaro, dos mandatarios con los que Fernández mantiene prudente o cuidadosa distancia -aunque con el cacique del vecino país ha sido abiertamente crudo-. La comidilla de los últimos días es que el canciller Felipe Solá se enteró de detalles de la avanzada del jefe del Frente Renovador por WhatsApp, ante la consulta que le hiciera el propio ex jefe de Gabinete mientras departía  en el Planalto con su alter ego carioca, Rodrigo de Maia, y el ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, para ajustarse al libreto de lo que podía decirse.

La víspera es pródiga en apuestas. El encierro disciplinario a puertas abiertas de un politburó con Twitter es tan pedagógico como desmovilizador. Los militantes más apasionados del territorio deambulan como recuperadores urbanos de una mística que no anima a nadie –o sólo cala en muy pocos-. El entusiasmo político es inversamente proporcional al poliamor de la diversidad sin asperezas y la heterogeneidad que impugna la confrontación.

No obstante, el compromiso del Poder Ejecutivo nacional con los sectores más vulnerables ataja hasta el momento las urgencias, bajo el explícito reconocimiento de que cualquier iniciativa resulta insuficiente, e insufla argumentos para dirigentes sindicales y políticos que dedican ingentes esfuerzos a la contención en medio de la malaria. Sin embargo, una trabajadora del Ministerio de Educación resumió su sensación en pleno sopor estival: “No parece que volvimos sino que llegaron otros nuevos”.

La paradoja

El incansable ministro de Hacienda, Martín Guzmán, se encontró al cierre de este artículo con una situación inédita desde el 10 de diciembre pasado: la crisis planetaria derivada de la recesión agravada por la expansión del Coronavirus, la caída del precio del petróleo y el flujo de capitales de la periferia al centro abren una ventana en la renegociación de la deuda. En este contexto de derrumbe financiero, los acreedores podrían aceptar propuestas de pago con quitas y prórrogas que hace una semana eran impensables. La debacle mundial, paradójicamente, se presenta como una oportunidad auspiciosa para el país.

Al silencio de radio oficial, se le suma entonces una repentina proliferación de dedos cruzados y persignaciones en Balcarce 50. Con todo, nada aleja a los encargados de la reestructuración de los empréstitos de su apego a la labor con el pesismismo del pensamiento y el optimismo de la voluntad.

En esa tónica se escribió la nota firmada por Alfredo Zaiat y publicada por Página 12 el pasado domingo, donde se desmenuzan cuatro escenarios que van de un mal acuerdo al default y se citan declaraciones del ex viceministro de Economía, Emmanuel Álvarez Agis, inclinándose por la primera opción antes que por la segunda. Consultado por Kamchatka durante las actividades por el 8M en La Plata, el gobernador bonaerense Axel Kicillof se despachó contra los bonistas, al recordar que el prócer Juan Manuel de Rosas llamaba “bonoleros” a los especuladores que se subieron al negocio de la deuda argentina en la era de la Baring Brothers. “Un problema tan complejo no tiene una solución simple, son dilemas, disyuntivas”, sostuvo ante la pregunta por el texto periodístico. Luego de admitir que lo había leído, sostuvo: “importa que arreglemos bien”. “Hay que ver siempre a quién se responde, si es a la sociedad que nos votó o es a Wall Street”, completó.

La otra hoja de la apertura se cifra sobre las líneas de desarrollo estratégico en evaluación. La presión de Arabia Saudita contra Rusia al incrementar la producción de barriles de crudo, ante la negativa de Moscú de seguir recortándola por temor a que las maniobras de la OPEP fortalezcan las posiciones de EEUU, tiene sus coletazos por estas pampas.

Hasta hace un mes, asesores del massismo se pavoneaban con que había que “dejarse de joder y traer los dólares que necesita el país para desarrollarse”, en referencia a la importancia estratégica de que Vaca Muerta fuese un anzuelo para inversores que saquen a estas tierras de su inanición económica. De hecho, se le adjudica al equipo de Massa el único proyecto en danza sobre el asunto, porque ni el titular de YPF, Guillermo Nielsen, ni el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, o su secretario de Energía, Sergio Lanziani, exhiben algo al respecto. La incógnita es si tiene chance alguna de prosperar la explotación hidrocarburífera por fracking con el precio del barril de crudo por debajo de los 40 dólares. “El mundo se confabula para hacer más difícil nuestra salida de la crisis”, soltó el primer mandatario en una entrevista televisiva emitida el lunes por Canal 9.

La incertidumbre impera, a esta altura, en todas las latitudes. La interrupción parcial de pujas en un gobierno supeditado al acuerdo que se labre para la reestructuración de la deuda habilita el paseo por campos fértiles para las elucubraciones, como la que deslizan en distintas tribus kirchneristas para justificar la continuidad de José Luis Gioja, internado por una afección con prescripción médica en las últimas horas, al frente del partido. Paga con lealtad el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, que aspiraba a esa poltrona y sella sus labios desde el congreso partidario que se realizó en el microestadio de Ferro. Según la especie en circulación, la permanencia del sanjuanino goza del apoyo de los intendentes, en el marco de un acuerdo con el jefe del bloque de diputados por el Frente de Todos, Máximo Kirchner, y Kicillof, número puesto para 2023 entre los que lo ven como el heredero dilecto de la ex Presidenta.

Plata o mierda

El foco que amaga con encenderse ahora es el del sindicalismo, cuyos líderes mantienen una excelente relación –en términos generales- con el Presidente pero manifestaron su irritación ante ciertas torpezas del ministro de Trabajo, Claudio Moroni, quien se expresó con displicencia sobre la deuda del Estado con las obras sociales de los gremios en una serie de conversaciones a las que accedió con referentes de la CGT y la CTA.

El incordio se abordó tanto en la mesa chica de la central sita en Azopardo como en la mesa nacional de su prima, ubicada en la calle Piedras. El rumor de que el propio Fernández pretende una suerte de confederación que las nuclee y ordene el tablero sindical al estilo uruguayo se contrarresta con la reticencia que expresan por lo bajo voceros del triunvirato devenido en dúo y cuadros cercanos a Hugo Yasky.

La resistencia a dos puntas podría explicarse por la cantidad de afiliados que aportaría la CTERA en una confederación única, guarismo capaz de volcar en favor de sectores que pulsean actualmente con el secretario general de Sanidad, Héctor Daer, como también por la corrección ideológica de docentes y estatales que batallaron contra el macrismo en tiempos donde vastas porciones de la CGT hicieron mutis por el foro. La coordinación para la unidad táctica es más sencilla que la construcción de una confluencia estratégica.

Cualquier semejanza con las dificultades de las corporaciones empresarias y las patronales rurales desesperadas por el robustecimiento de una identidad opositora no es mera coincidencia. La ola de desintegración de las representaciones que aqueja en todas partes parece haber retrocedido en esta jurisdicción austral, cercada por el tambaleante Sebastián Piñera en Chile, el golpe de Estado en Bolivia, la derecha en ascenso en Uruguay y el fascismo incombustible de Bolsonaro.

En definitiva, el espanto sigue aglutinando más que el amor. El problema es que la vida, pausada en un plano sin atractivos, adolece de embolia.

2020-03-12T07:19:48+00:00 11 marzo, 2020|Política|