La geopolítica del coronavirus

Por Augusto Taglioni
@TaglioniAugusto

Todo el mundo habla de coronavirus. Los gobiernos y los medios de comunicación de todo el planeta están tomando nota del avance irremediable de una pandemia que expuso con toda la furia el grado de orfandad que se vive.

En ese sentido, el orden mundial quedó al desnudo y sin ámbitos lo suficientemente robustos para dormir una crisis sanitaria que disparó una verdadera debacle financiera global, al punto que el grado de salvaje que Estados Unidos dispuso para sus bancos duplica el de la crisis del 2008. En ese entonces, por decisión de George Bush, la salida fue colectiva y global y con el G20 como espacio de discusión.

La actualidad es bastante diferente. A excepción de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a la que se le adjudicó cierta demora para caracterizar la magnitud de la crisis sanitaria en sus comienzos, el resto de los organismos multilaterales han brillado por su ausencia.

El G20 está juntando a los Sherpas de cada país como parte del protocolo previo de cada reunión presidencial. La Organización de las Naciones Unidas observa atónita los efectos que esto produce en el seno de cada estado nacional y los organismos regionales siguen durmiendo la siesta. Mucho menos se puede esperar del Fondo Monetario Internacional (FMI), que ya le negó un pedido de crédito por 5 mil millones de dólares al gobierno de Venezuela, y el Banco Mundial (BM).

De esta forma, hay cuatro puntos que sobresalen y agudizan la actual disputa por la hegemonía mundial.

 

  1. Estados Unidos vs China

Ni una pandemia como esta limitó la puja entre las dos potencias más importantes del planeta. El Gobierno chino alimentó la teoría de que Estados Unidos había llevado el virus para perjudicarlos y Donald Trump le respondió con un “virus chino” en referencia al Covid-19. Sin caer en la versión boronesca (por el politólogo Atilio) de que se asiste a una guerra bacteriológica, lo que está sobre la superficie es la narrativa. Esa batalla parecer ganarla el gigante asiático que no solo logró reducir a cero los contagios luego de 56 días de cuarentena sino que también está contribuyendo con asistencia médica para ayudar a Italia (nuevo centro de gravedad del virus) y otros países, como Argentina.

Esta actitud del gigante oriental refuerza su poder blanco (soft power) y lo ubica como garante de la futura estabilidad planetaria. Además. como si fuera poco, tanto China como Estados Unidos dicen tener una vacuna. La diferencia está en que mientras la administración Trump la piensa para sí mismo, China pretende socializarla. Nueva guerra fría, ya se siente.

 

  1. G-Cero

La lógica unilateral de Donald Trump y Jair Bolsonaro, la falta de integración europea y la inexistencia de ámbitos comunes en América Latina fueron algunos de los hechos destacados durante este mes en esta parte del hemisferio. La irresponsabilidad del mandatario norteamericano y su par brasileño para afrontar la crisis se chocó con la actitud sensata de gran parte de los gobiernos que, aunque en algunos casos de manera muy tardía, tomaron decisiones extremas para combatir a este enemigo invisible.

El interrogante es si el coronavirus dejó expuesto a estos nacionalismos unilaterales que tratan de ubicarse al margen de la globalización. Lo de Bolsonaro es de alta gravedad, ya que luego de dar positivo y tener buena parte de sus ministros de confianza contagiados, el Presidente violó su cuarentena y se fue a una marcha en su apoyo y en contra del Congreso. Si Brasil continúa sin tomar medidas drásticas (hasta ahora solo cerró fronteras con Venezuela), puede convertirse en un nuevo foco de contagio como lo es Italia.

En términos de costos, probablemente este tipo de actitudes se traduzca puertas adentro. Para Trump, en las elecciones presidenciales; para Bolsonaro, en un eventual juicio político.

En urgencias como estas, no alcanza la retórica explosiva. Hay que ponerse a laburar.

 

  1. El Estado en tiempos de crisis

La frase de la economista Julia Strada que se viralizó en diferentes medios de comunicación y redes sociales puede ser tomada como una insignia: “El Estado te cura, el mercado no”.

Así es siempre y mucho más en contextos dramáticos como estos. La gran mayoría de los gobiernos se encontraron con la nada misma en términos multilaterales y tomaron medidas de inversión social y apoyo al sistema de salud y los sectores más vulnerables.

En el caso europeo, hay un retorno al espíritu de la socialdemocracia tradicional, que llevó al mismo presidente de Francia, Emmanuel Macron, a reconocer que la salud no puede estar librada a la lógica del mercado. También es importante recordar los fuertes recortes en la salud que practicaron los gobiernos del viejo continente en los últimos años, como por ejemplo Italia y España, dos países en situación crítica.

El Covid-19 expone a los sistemas sanitarios: la tasa de mortalidad en Alemania es de 0,23 por ciento mientras que en España es de 4,48. Dime dónde recortaste y te diré qué sistema tienes.

Si para achatar la curva se necesitan construir hospitales que atiendan a los enfermos, aerolíneas de bandera que repatríen varados y dinero por abajo para que las sociedades no se hundan en la pobreza en un contexto de parálisis económica, hablar en contra del Estado es suicida. ¿Se priorizará este criterio en épocas de bonanza?

 

  1. ¿Cuánto puede cambiar el mundo?

La “coronacrisis” ha golpeado con furia a los mercados, las principales bolsas se desplomaron y los gobiernos deben inyectar dinero en el sistema financiero y salvar a los bancos como en 2008.

Esto generará una recesión mundial que impactará en las economías. La diferencia con 2008 es que la región experimenta una fuerte desintegración, sin estructuras ni voluntad de pensar políticas conjuntas.

A contramano de los se esperaba, China salió ilesa y su intención de ayudar a los países que están sufriendo la pandemia la posiciona en el centro de la escena mundial. Además, muchos países latinoamericanos -e incluso de Europa- van a necesitar la asistencia económica que el gigante asiático puede garantizar a través de instrumentos financieros como el Banco de Inversiones en Infraestructura. Poco puede durar la lealtad de los gobiernos latinoamericanos con Estados Unidos si la necesidad tiene rasgos orientales.

Por último, habrá que prestar atención a la consolidación de nuevos polos de poder tras la crisis en la zona oriental del planisferio. Además de China, Corea del Sur, Singapur y Japón manejaron el problema con éxito. Estos países ya son virtuosos en términos financieros y comerciales, ¿podrán ser parte de un mismo eje?

Un reordenamiento del mapa global es una fija en este tipo de colapsos. En el medio de esa transición es donde entran en colisión una vez más las democracias liberales con los proyectos asiáticos autoritarios pero con planificación y resultados.

El mundo va a cambiar, no hay dudas, y nada indica que lo que venga no sea peor que el drama que ya se vive todos los días.

2020-03-20T08:53:35+00:00 20 marzo, 2020|II, Política|