La Bolsonarización

Por Mariano Denegris
@denegrism

Foto: Prensa JxC

Horacio Rodríguez Larreta tiene varias diferencias con Jair Bolsonaro, más allá del grado de violencia de sus retóricas. El presidente brasileño no habla con los gobernadores de la oposición y los enfrenta en los medios, promueve manifestaciones políticas callejeras de las que él mismo participa, se muestra en redes sociales sin tener ningún cuidado sanitario, confronta con los especialistas en salud del vecino país y el mundo. Y hay otras diferencias.

Sin embargo, lo cierto es que Larreta se “bolsonariza”. En la última etapa de la pandemia, se va alejando de las políticas que reivindicaban la salud como prioridad por sobre otros elementos y que se consensuaban con el Gobierno nacional y de la Provincia de Buenos Aires para diferenciarse progresivamente en una línea más afín a los gobiernos de derecha como los del mismo Bolsonaro, Sebastián Piñera o Donald Trump.

¿Por qué lo hace? Opción 1. Porque es lo que cree que hay que hacer. De manera que, si estuviera en la Presidencia de la Nación, actuaría más parecido a Bolsonaro que a Alberto Fernández. En definitiva, representa los intereses de grupos económicos con prioridades distintas a la salud de la población. Opción 2. Porque, a pesar de ser más moderado en sus posiciones, teme perder el apoyo de un electorado que lo obliga a confrontar con el kirchnerismo/peronismo/populismo. No puede dejar vacía esa representación política de amplios sectores socioculturales. El establishment mediático-comunicacional, por un lado, y los halcones de su propio partido, con su presidenta a la cabeza, por otro, lo corren por derecha. Y él se suma al running.

Sea cual fuera la respuesta correcta, su convicción neoliberal, su oportunismo político o una combinación de ambas, el resultado es el mismo. Rodríguez Larreta no está a la altura de gobernar en una situación de extrema excepcionalidad como la que atraviesa hoy el mundo. Puede hasta salir bien parado, pero sólo porque es capaz de surfear en conflicto, no de conducir el bote. Pero, ¿es posible gobernar en medio de la pandemia sólo ejerciendo ese know how de dos deportes que se nombran en inglés?

Aunque hoy gestione entre el marketing político, el coaching astrológico y el real estate bussines,  el Jefe de Gobierno, construyó su carrera política de un modo algo diferente a la mayoría de sus funcionarios. Cuando los jóvenes Pro se “metieron en política”, él ya los estaba esperando desde hacía 10 años. Gerente General de Anses con Menem, interventor del PAMI con De La Rúa, director de DGI con Ruckauf, sólo fue opositor del kirchnerismo. En los hechos, logró surfear las crisis. De los tres jefes de Gobierno electos que lo precedieron en la Ciudad, dos saltaron de allí a la Casa Rosada. Ninguno de ellos será recordado como un estadista. “Horacio” seguía sus pasos pero llegó el COVID19. El virus le presentó al comienzo dos opciones: capitalizar su victoria contra la pandemia compartida nacionalmente y pasar de pantalla o diluir su derrota en el AMBA y acumular desde el discurso de los sectores duros del antipopulismo. La primera opción se va esfumando al ritmo de la curva de contagios.

2020-06-18T16:04:22+00:00 18 junio, 2020|II, Política|