Hay 2020 para Trump

Por Augusto Taglioni
@augustotaglioni

Tras las elecciones de medio término, los republicanos arrancan mejor posicionados de cara a las próximas presidenciales. Saldos y proyecciones de comicios con gusto a poco para los demócratas, a pesar del tropezón oficialista en la Cámara de Representantes.

“Recibimos tantas felicitaciones de muchos en nuestra gran victoria de anoche, incluso de las naciones extranjeras (amigos) que me estaban esperando, y esperando, en los acuerdos comerciales. ¡Ahora todos podemos volver al trabajo y hacer las cosas!”, escribió en su cuenta de Twitter el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, luego de conocerse los primeros resultados de las elecciones legislativas en el país del norte. Motivos para celebrar no les falta a los republicanos, pues retuvieron la mayoría en la Cámara de Senadores y lograron la victoria en 18 estados. No obstante, los demócratas le arrebataron la Cámara de Representantes (diputados, en jerga argenta) y recuperaron la mayoría que habían perdido en 2010.

Como siempre sucede en este tipo de comicios, cada Estado es una elección en sí misma y no siempre sus resultados implican un apoyo o rechazo contundente al gobierno de turno. Sin embargo, los actores de peso de la política norteamericana le asignaron a las elecciones una dosis plebiscitaria que hace mucho tiempo no se veía. Trump la consideró un examen a su gestión mientras que para demócratas como el propio Barack Obama o Joe Biden fueron “las más importantes de la historia”.

En este marco, cabe decir que el saldo para la Casa Blanca fue mejor de lo esperado, al tiempo que los demócratas se quedaron con el sinsabor de recuperar el control de la cámara baja pero sin demasiado margen para avanzar, como muchos esperaban, en la instrumentación de juicio político contra el presidente utilizando el Rusia Gate o el financiamiento ilegal de campaña como pretexto para interrumpir el mandato. En ese sentido, no hubo ola azul y, pensando en las primarias del año que viene y las presidenciales del 2020, los republicanos parecen mejor posicionados frente a un partido demócrata que no logra posicionar ningún liderazgo fuerte en un contexto de fuerte transición interna.

El factor económico jugó a favor de los republicanos, que hicieron campaña ostentando la generación de empleo (más de 4 millones desde la asunción de Trump) y una economía que muestra signos virtuosos de crecimiento. Por otro lado, la dura postura del presidente estadounidense ante el éxodo migratorio proveniente de Honduras, Guatemala y El Salvador reforzó apoyos de sectores blancos que votaron en un 59 por ciento a los republicanos. Esto no es lineal, dado que en estados directamente involucrados con la recepción de migrantes como Nuevo México ganó un gobernador demócrata.

La primera lectura que se puede hacer con los resultados en la mesa es que la relación de fuerzas esta pareja tanto en los territorios como en el Congreso y que el gobierno podrá transitar lo que queda del año sin demasiados sobresaltos ni bloqueos relevantes. El otro foco de análisis está puesto en las primarias que comienzan el año próximo y las presidenciales del 2020.

Allí, los demócratas perdieron la oportunidad de posicionar a candidatos competitivos. Pero si de nombres se habla, seguirán contando con el eterno Bernie Sanders, que a sus 77 años pudo renovar su banca como senador y será seguramente candidato o armador de un espacio progresista que se ha visto con fuerza en estos comicios de medio término. Por otro lado, están Amy Klobuchar, quien obtuvo su reelección como senadora por Minesotta con más del 60 por ciento, y el senador electo por Ohio, Sherrod Brown. En la lista de posibles nominaciones también se anotan el actual diputado de Texas Robert Francis “Beto” O’Rourke, quien perdió con el favorito del Tea Party, Ted Cruz, y el ex vicepresidente Joe Biden, a quien le adjudican ser prenda de unidad entre el viejo establishment demócrata y la nueva tendencia progresista. Dependerá de su voluntad asumir la carga de presentarse a una derrota casi segura.

El dilema más fuerte de los demócratas es la carencia de liderazgos propios y la falta de condiciones para que la reputación republicana caiga. Es decir, no hay una guerra de Irak que dé lugar a un Barack Obama o una crisis económica que ponga en jaque la valoración de la adminsitración del gobierno. Lo que indigna a las costas progresistas no es un problema para el centro del país o las zonas rurales y eso se expresa en el voto.

Los demócratas construyeron liderazgos como Jared Polis, primer gobernador homosexual, Ilhan Omar y Rashida Tlaib, primeras mujeres musulmanas en resultar electas al Congreso de Estados Unidos, o Alexandria Ocasio Cortez, la mujer latina y la más joven en el Congreso con tan solo 29 años. Además, se destacaron Christine Hallquist, primera persona trans en presentarse para gobernadora de Vermont, y Stacey Abrams, que estuvo muy cerca de convertirse en la primera gobernadora afroamericana pero perdió con el conservador Brian Kemp en Georgia.

Todos estos estilos se diferencian sustancialmente a la lógica de Trump, y sus votantes, que ha logrado barrer a cierta burocracia política demócrata pero no alcanza ni por asomo para gobernar la primera potencia mundial con todas sus complejidades, intereses, lobbys e intereses. Es por eso que en un país agrietado, el que sale ganando es el actual mandatario y, con ello, una profundización de un perfil autoritario, confortativo con los medios de comunicación y vidrioso en temas como el migratorio, los derechos de las minorías o el manejo con las instituciones democráticas.

En esta línea, ¿habrá una puja interna entre la vieja guardia republicana y nuevos referentes, más parecidos al liderazgo de Trump? ¿Nace el trumpismo? Esto parece lejano y, por lo pronto, los republicanos descansan en un presidente que se sostiene en el buen momento económico, la generación de empleo, la recuperación de territorios que habían quedado destruidos por la deslocalización de empresas y el cierre de fábricas, el aparente consenso interno republicano, la carencia de conflictos demasiado relevantes y el apoyo de un sector financiero que representa el uno por ciento más poderoso del planeta. Los republicanos tienen nombres que consideran más propios, tales como Marco Rubio o Ted Cruz, que seguramente competirán como lo hicieron en 2016 pero entendiendo que el empresario tiene todas las de ganar.

En síntesis, las legislativas marcaron que los republicanos, con Trump a la cabeza, tienen una autopista directa a la reelección. Hay 2020 para el presidente de Estados Unidos.

2018-11-12T11:10:56+00:00 12 noviembre, 2018|II, Política|