Folclore cambiemita

Por Nicolás Mársico
@nicomarsico

A pesar de algunas diferencias insalvables puertas adentro de Juntos por el Cambio, esos matices, grietas propias, parecieran no traslucirse puertas afuera para con la sociedad y el resto de los espacios políticos y oficialismos. Como si el concepto “de los problemas se resuelven en casa” fuera parte fundacional del dogma de los ex y actuales mandatarios de ese espacio. Macri pierde poder y no representa al ala más política de su frente. Vidal y Carrió candidatas. Peña arma para Larreta. ¿Y Ernesto Sanz?      

Reunión de gobernadores, legisladores y ex funcionarios de Juntos por el Cambio, ante la crisis del sistema judicial jujeño, en febrero de 2020. La imagen fue tomada durante uno de los últimos encuentros presenciales de la alianza opositora, antes de la cuarentena.
Foto: Prensa de JxC. 

 

Esta novela no empezó ni ahora, con el viaje del ex presidente Mauricio Macri, ni en octubre pasado, cuando Juntos por el Cambio perdió las elecciones presidenciales. Estuvo siempre latente, pero hasta ahora se resolvió con gran talento e inteligencia puertas adentro. Eso que a veces algunos le reclaman al peronismo de que primero sus trapitos los laven de manera orgánica y partidaria los referentes de la moderna derecha lo manejan muy bien desde hace varios años.

Siempre que un espacio político sufre una derrota electoral eso pone en jaque a toda la estructura, reaparecen los roces, las suspicacias y, si no se dialoga mucho, naturalmente se dan diferencias entre quienes deben seguir gestionando bajo esas banderas y quienes ya no tienen el compromiso con la sociedad. A pesar de todas las internas que surgieron desde diciembre para acá y a pesar que se sabe de los escándalos y diferencias que generan expresiones de Patricia Bullrich o de  molestias de los intendentes PRO, y hasta de los dolores de cabeza que algunas declaraciones de Macri le generan a Horacio Rodríguez Larreta -hoy muy alineado con María Eugenia Vidal en cuanto a la lectura general-, hay que reconocerles que ninguna publicación ni lectura política de ningún periodista logra filtrarse y llegar al conjunto de la sociedad. Quizá porque los monopolios no hablan de esto, su gran capacidad de manejo del marketing político o ambas.

Ni siquiera los radicales, con su perfil institucionalista, parecen escandalizarse cuando quedan en evidencia los espionajes reportados de manera directa a la Casa Rosada. Hay conflicto, pero las filas, más o menos, están cerradas.

Los primeros en mostrar sus diferencias fueron los principales intendentes PRO: Jorge Macri, Néstor Grindetti y Diego Valenzuela. Luego de la brutalidad del comunicado de JxC, después de conocerse la muerte del ex secretario de Cristina Fernández, Fabián Gutiérrez, no dudaron en trasmitir el descontento. Grindetti, incluso, optó por abandonar el grupo de WhatsApp de la conducción nacional de su frente político, donde hay más de 300 dirigentes. A los pocos días de conocerse ese gesto y atento a que varios le pidieron calma, optó por salir a declarar que “en todo grupo humano hay diferencias”. Otra que también fue crítica de Bullrich luego de ese comunicado inconsulto es la diputada nacional Carmen Polledo, espada porteña del PRO desde su conformación hasta aquí. Y que por más que no lo afirmó públicamente desde su entorno todos lo dejaron claro.

El otro foco de la tensión gira en torno al ala más política y dialoguista en Juntos por el Cambio: Emilio Monzó, Nicolás Massot y Rogelio Frigerio. Tanto Monzó como Frigerio participaron hace algunos días del encuentro por zoom titulado “Diálogos y acuerdos para el desarrollo de Argentina”, donde se reunieron de manera virtual más de 400 dirigentes de la oposición. Allí hubo críticas y autocríticas.

“Creo que hubo una falla en la concepción a partir del 2015, la amplitud en nuestro espacio no fue el común denominador y, entre otras cosas, fue una de las causas principales de por qué en el 2019 tuvimos una derrota electoral”, dijo Monzó. “Faltó generosidad en un momento en que nos dábamos cuenta de que no alcanzaba con lo que teníamos. Fuimos un gobierno cómodo, en el sentido de no animarnos a lidiar con lo diverso, con el que piensa distinto, con el que tiene un pensamiento crítico inclusive dentro de la misma coalición. En general los que se animaban a poner una voz disonante eran relegados, los que planteaban diferencias no eran escuchados. Evidentemente estos cuatro años demostraron que no alcanzó para transformar el país”, comentó Frigerio. Y agregó: “en el caso de nuestro gobierno, además, creo que merece una profunda autocrítica que todavía falta, que la ha habido en algunos dirigentes pero que no la ha habido como coalición. Una profunda autocrítica que explique por qué generamos, de alguna manera, una frustración en mucha gente que había puesto mucha esperanza en la capacidad que podíamos llegar a tener para resolver los problemas de toda la vida. Todavía hay que hacer la autocrítica de la falta de territorio que tuvo nuestro gobierno. Yo creo que fue así, había de alguna manera implícita desconocimiento en algunas políticas públicas del interior profundo de la Argentina, de las realidades diversas, de la heterogeneidad que tiene nuestro país federal. Nuestra concepción de decisión de poder no era federal”.

En las últimas semanas ni Polledo ni Miguel Ángel Pichetto, tampoco José Cano o Sebastián García de Luca pudieron responder, en diálogo con FM La Patriada, quién conduce al frente opositor. Massot, por su parte, empoderó recientemente y durante una entrevista concedida a Rock and Pop, la figura de Vidal y, a modo de título, dijo que “es una de las cinco dirigentes de Cambiemos que mayor expectativa electoral tiene no sólo en Buenos Aires sino en todo el país”, al considerar que “tiene un rol nacional por venir”. Lo que es seguro, y lo afirman de su entorno, es que será a diputada nacional por la provincia en el 2021.

En ese contexto, el referente del PRO precisó que dentro del mismo grupo de dirigentes de Cambiemos, en el que está Vidal, se encuentran Monzó, Rodríguez Larreta y Diego Santilli, como así también el ex ministro de Interior y el senador Martín Lousteau. Cuando le preguntaron sobre el futuro político de Macri, lo mandó al mazo y afirmó que “seguirá teniendo un rol importante porque es uno de los pocos ex presidentes con vida y una edad de seguir participando de la política nacional”.

El que venia desaparecido en acción es Marcos Peña, de quien en las últimas horas se supo que retomó cercanía con el alcalde porteño y que, además, hubo charlas para que empiece a armar para la estrategia electoral del Jefe de Gobierno tanto para el 2021 como para el 2023.   Del que nadie sabe nada es de uno de los socios fundacionales del frente opositor, el radical Ernesto Sanz, que dejó algunas declaraciones en las últimas semanas sobre la reforma judicial pero que no muestra cuál es su estrategia.

El movimiento evangélico 

Otra de las situaciones a observar es lo que pasa con el movimiento de dirigentes vinculados a la Iglesia Evangelista en el país. Para pensar cuál puede ser el rumbo y la ambición de ese espacio solo hay que observar a países como Estados Unidos y Brasil y mirar sus cámaras legislativas, donde la representación política de la creencia religiosa está más que instalada.

Hace unos meses, se presentó el sello Una Nueva Oportunidad (UNO), que es la representación con la cual quieren ser incluidos dentro de Juntos Por el Cambio como la cuarta pata y que ya sumó muchas adhesiones en CABA y en el conurbano. Más algunas reuniones con dirigentes del PRO, con Patricia Bullrich a la cabeza.

La estrategia de la ex ministra de Seguridad es evidente. Tras haber sido muy críticos de las elecciones PASO en su frente político, hoy comienzan a instalar la idea y la preocupación de que en una situación post pandemia para el 2021 el presidente Alberto Fernández decida eliminar la instancia de primarias. A partir de esa especulación, la presidenta del PRO quedó como la encargada de conseguir un millón de afiliados para que, si esa situación llegara a confirmarse, su frente igual pueda tener internas partidarias. Para eso, el movimiento evangélico puede ser un gran aliado.

Los armadores y principales referentes de UNO, algunos ya con trabajo en el PRO desde hace años, son el diputado provincial santafesino Walter Ghione, el bonaerense de Lanús Diego Villamayor, la tucumana del PRO Ana Valoy, el ex concejal de Santa Rosa de La Pampa Roberto Torres, el dirigente entrerriano Leandro Jacobi y la diputada nacional por CABA –y provida o antiderechos-, Dina Rezinovsky.

La que no apoya esta moción hasta aquí es la ex diputada Lilita Carrió, de quien uno de sus armadores y legisladores de la Coalición Cívica, Hernan Reyes, dijo hace algunas horas que será candidata en el 2021.

La última aparición

Después de todas las críticas que recibió puertas adentro de su frente por el viaje de lujo en pandemia a Francia, Macri mantuvo este lunes una reunión con la primera línea de JxC para oponerse a la reforma judicial que se comienza a tratar en el ámbito legislativo esta semana. Al encuentro virtual también se conectaron Rodríguez Larreta, Bullrich, Cristian Ritondo y Humberto Schiavoni por el PRO, los radicales Alfredo Cornejo, Mario Negri, Luis Naidenoff y Lousteau, Maximiliano Ferraro y Juan López por la Coalición Cívica y el peronista Miguel Pichetto. El titulo que se extrajo de allí es que “esta reforma es una reedición agravada de los 90 y que busca la impunidad de un sector de la política”.

Cada vez que la imagen de la conducción cambiemita se complica o que las criticas y diferencias puertas adentro se tornan insalvables aparece una foto o un encuentro virtual con las cabezas de ese frente para remendar lo dañado. A Macri, en este contexto, pareciera no alcanzarle con el marketing político que le supo dar algunas victorias, pero lo que es seguro es que a su alrededor algunos dirigentes, ex mandatarios y actuales funcionarios aprenden… y rápido.

2020-08-04T19:13:59+00:00 4 agosto, 2020|II, Política|