Enroque o jaque a la descubierta

Por Olivia Salas
@OliviaSalasOk

La intriga y el sigilo fueron dos de los atributos que Ricardo Lorenzetti cultivó en el cuarto piso del Palacio de Tribunales, y nada indica que renuncie a ellos aunque ya no conduzca desde la cima al Poder Judicial. Más allá del efusivo festejo de la diputada Elisa Carrió, la imposibilidad del santafecino para sostenerse en la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia no implica el sacrificio del alfil, sino tal vez una jugada maestra del titular del Grupo Clarín, Héctor Magnetto.

Ricardo Lorenzetti dejará la presidencia de la Corte Suprema de Justicia a partir del próximo 1 de octubre, tras 11 años de conducir el Poder Judicial desde la cima. En su reemplazo, asumirá el juez Carlos Rosenkrantz, abogado de las grandes corporaciones que operan en Argentina y, en especial, el Grupo Clarín, elementos que auparon los análisis que anotaron el cismo palaciego como un poroto a favor de las empresas y el gobierno de Cambiemos a la vez.

Sin embargo, la derrota del magistrado oriundo de la ciudad de Rafaela en la provincia de Santa Fe no significa un robustecimiento automático del macrismo. Si bien Lorenzetti se cansó de repetir a quien quisiera escucharlo que permanecía en la línea de sucesión presidencial y, por ende, disponible para la aventura de una administración de transición, su desplazamiento abre interrogantes sobre el comportamiento de factores que supo controlar, contener y expresar, tanto en provecho propio como de la misma Casa Rosada -cuyo sillón de Rivadavia anhelaba-.

Así, el alivio que supuestamente sintieron los funcionarios más cercanos al despacho de Macri quizá se troque en nuevos escozores más temprano que tarde. Al cierre de este artículo, fuentes judiciales consultadas por esta revista indican que a Lorenzetti le recortaron el poder pero es probable que consiga su puente de plata a la política. Durante la última corrida cambiaria, no fueron pocos los que señalaron su buena sintonía con el senador peronista Miguel Ángel Pichetto, quien a su vez dialoga con el tigrense Sergio Massa, los gobernadores del PJ, los gordos de la CGT y, vaya paradoja, el juez federal Claudio Bonadio, a quien el depuesto titular de la Corte alimentó con recursos para sus rimbombantes causas.

En ese sentido, la algarabía por el triunfo sobre el rafaelino que manifestó la diputada Elisa Carrió podría durar poco. Es tan cierto que el empresariado vernáculo se irritó con la causa de las fotocopias de los cuadernos Gloria que blande Bonadio –y por la cual las grandes firmas responsabilizan tanto a Macri como a Lorenzetti- como la innumerable cantidad de veces en que los hombres del poder económico compartieron ágapes conspirativos con el magistrado caído en -¿pasajera?- desgracia. Sin ir más lejos, la última fue la que reunió el G6 (grupo de los seis sectores más potentados del país) en el Jockey Club, donde el ex titular del máximo tribunal habló como estadista y encendió todas las alarmas gubernamentales.

Terremoto en el tablero

Parece improbable pero resulta tentador imaginarse que, en el fondo, el líder del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, está jugando al ajedrez contra Macri. En tal caso, el Jefe de Estado se jacta internamente con el corrimiento de Lorenzetti cuando el empresario chivilcoyano tan solo ensayó un enroque, colocando a su abogado de confianza al frente de la Corte y resguardando a uno de los soldados que siempre reservó para una causa mayor, con la mira apuntando al mentado puesto menor. El desenlace de las maniobras cortesanas se apreciará en un par de semanas, según la destreza cambiemita para pilotear el tramo que queda hasta el tratamiento del presupuesto en el Congreso y el nuevo acuerdo con el FMI.

Una de las incógnitas, al tiempo que tal vez Ronsenkrantz asuma con el deber de responderla, estriba en el desmadre de Comodoro Py, que a esta altura permite autonomía y juego propio a los jueces federales. A Lorenzetti reportaban desde Bonadio hasta Martina Forms, apodados como “jueces políticos” y agrupados bajo la condición de haber sido nombrados con fecha posterior al 94’. También el togado Juan Carlos Maqueda, con filiación peronista, posee ascendencia sobre ese grupo, que representa actualmente el 60 por ciento del total. Y no es casual que haya sido Maqueda el único de los cinco cortesanos que votó en la acordada por la continuidad de Lorenzetti al frente de los tribunales.

Momentáneamente, podría inferirse que Ronsekrantz se impone con el respaldo de las empresas y la Embajada de Estados Unidos, según eximios comentaristas de los pasillos judiciales, al magistrado de sus señorías con clara identificación política; una jueza de carrera como Elena Highton de Nolasco, postergada y burlada por Lorenzetti durante 8 años y mantenida en el cargo por el macrismo pero representante de la “familia judicial”; y los jueces de los gobernadores, Horacio Rosatti y el propio Maqueda. Obviamente, la delimitación de los casilleros es brumosa y varios facturan a dos ventanillas pero, en los hechos, se habilita la pregunta por la vacancia política que deja Lorenzetti, aunque por el momento nada indique que los suyos dejen de reconocerle referencia.

En definitiva, la aparente distinción entre la aludida crudeza del presidente electo de la Corte con su antecesor tal vez no sea tal. En la citada reunión del Jockey Club, Lorenzetti manifestó la línea interpretativa para los litigios laborales que siempre concede razón a las empresas, mientras que su trayectoria también acredita cierta sintonía con la jurisprudencia del resguardo a los derechos humanos y una mirada sobre la gobernabilidad en sintonía con los jerarcas del comercio local. “Eso sí, Rosenkrantz daba charlas de derechos humanos por América latina desde ‘el derecho empresario’ financiadas por fundaciones del Comando Sur, con línea directa de la embajada yanqui”, ilustra una fuente parlamentaria.

Por lo demás, los dueños del tablero nunca están dispuestos a “hacer tablas”. Existe, en consecuencia, la posibilidad de que Cambiemos no haya visto el jaque a la descubierta que se viene, en una jugada donde las empresas mueven una pieza para jaquear al oponente delante de sus ojos al paso que escamotean la posición de otra que también podría darle el mate. Habrá que ver el lugar que ocupa Lorenzetti en la jugada.

2018-09-24T09:58:21+00:00 12 septiembre, 2018|Política|