El miedo es el fantasma

Pablo Dipierri
@pablodipierri

Entre la aversión ideológica de los opositores y el encierro a la salida exportadora, el Gobierno ensaya un itinerario audaz sin quebrar el equilibrio interno que ata con alambre la alianza del Frente de Todos.

Foto: Presidencia de la Nación

“No se pasa el tiempo, al menos para mí.
Ya tomé pastillas y sigo sin dormir.
Miro a los costados y nada que amarrar.
Ya no existen lazos:
alguien hizo track, track, track”.

Track track
Fito Páez

 

Todas las miserias

“A lo Néstor”. Así resumían en Casa Rosada, ayer por la noche, la decisión del presidente Alberto Fernández sobre la intervención estatal de la empresa santafecina Vicentín. Y lo que en las tribus oficialistas más plebeyas se celebraba como el gol que le da oxígeno a un equipo apretado por su rival en un partido difícil era repudiado a coro por representantes de la agroindustria y opositores cambiemitas en el seno de las plataformas mediáticas concentradas, azuzando el retorno del fantasma kirchnerista.

Desde el encono contra la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, quien acompañó al Jefe de Estado durante el anuncio del envío del proyecto de Ley al Congreso, hasta el temor al regreso de la Junta Nacional de Granos expresado por los ex ministros de Agricultura Ricardo Buryaile y Luis Miguel Etchevehere las objeciones se limitaron a la exacerbación de la condena ideológica. Poco les importó a los detractores que la firma en quiebra, cuyos dueños siguieron recibiendo préstamos millonarios del Banco Nación cuando ya estaba fundida por el espurio pacto de clase entre el macrismo y los sectores ruralistas, dejara un tendal de productores despanzurrados. Tampoco repararon que el emporio –o tal vez patalearon, precisamente, porque sí lo hicieron- llegó a ocupar el cuarto puesto en la lista de ventas al exterior de granos, legumbres, cereales y aceites vegetales, detrás de Cargill, Bunge y Aceitera General Deheza (AGD), según el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario fechado el pasado 16 de marzo. La ficha que movió Balcarce 50, a la postre, pisa la chapita para que ninguna multinacional se quede con tremendo capital.

Con una actitud de manual, el establishment reaccionó a la medida del primer mandatario con nerviosismo. “Les pateamos un poquito el hormiguero”, soltó ante esta revista una fuente de Jefatura de Gabinete.

Al mismo tiempo, el decreto girado al parlamento constituye una jugada que otorga enormes dosis de entusiasmo a la tropa más combativa que nutrió con votos el ascenso presidencial de Fernández. Dirigentes gremiales de peso, militantes políticos con gravitación territorial y núcleos intelectuales que también aportaron a la sustentación de la fórmula triunfante en las elecciones de 2019 manifestaron en los últimos días, de distinta manera y con diferentes tenores, su preocupación por las vacilaciones y trabas para las demandas populares de cara a la pospandemia. La prudencia de Olivos y el cuidadoso respeto a los equilibrios internos de la coalición gobernante demora, a criterio de los interlocutores que consultó Kamchatka, la épica y la liturgia que derrama en frases para “una remera que diga” o rostros inspiradores en flameadoras y bombos.

Pocas garantías

Las principales acusaciones proferidas por referentes de la UCR, la Coalición Cívica y el Pro se centran en el criterio “estatista” de la iniciativa y exponen su pánico al inexistente apetito expropiador del Gobierno. Sin embargo, no es una novedad que el ideario kirchnerista lejos está de la voracidad socializadora que le atribuyen, aunque procedió a la recuperación de Aerolíneas Argentinas en 2008 e YPF en 2012.

Para muestra, valen dos discursos de la actual vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, cuando ocupaba la primera magistratura del país. “Ya nadie piensa en un estado empresario, necesitamos un Estado que oriente, que diga hacia dónde vamos, cuáles son los recursos. Una escucha cosas contra el proteccionismo, pero después ve medidas arancelarias”, expresó en la conferencia que brindó frente a los popes de la UIA, en Costa Salguero, el 19 de noviembre de 2010. Y en el mismo discurso, agregó: “Los mercados autorregulados ya no existen”.

Casi 4 años después, la ex Presidenta utilizó uno de los “patios militantes” para hacer un llamado a que los empresarios “reinviertan en el país” y se conviertan en “una burguesía con conciencia nacional”. Era 4 de febrero de 2014, ya se había producido la devaluación del peso por la corrida cambiaria operada por la compra de dólares de Juan José Aranguren desde Shell y el por entonces flamante ministro de Economía, Axel Kicillof, diseñaba el programa Precios Cuidados para contener el poder adquisitivo de los trabajadores. En ese contexto, CFK aclaró: “este Estado no se convertirá en empresario mientras gobernemos nosotros, pero no dejará librado a su suerte a los argentinos”.

Así como no hay más ciego que el que no quiere ver, en ocasiones conviene dejar de gastar pólvora en chimango. Pivoteando sobre esos adagios, el documento de trabajo N° 17 del Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA-CTA), realizado junto con el Área de Economía y Tecnología de Flacso y titulado “Un balance preliminar de la crisis económica en la Argentina en el marco del Coronavirus”, va directamente al hueso.

Firmado por los especialistas Pablo Manzanelli, Daniela Calvo y Eduardo Basualdo, asevera que “la profunda recesión mundial, sobre cuya profundidad y extensión sólo caben conjeturas, aceleró las contradicciones internas en la alianza del gobierno del Frente de Todos, que no solo está constituida por la parte mayoritaria de la clase trabajadora y los sectores populares sino también por los grupos económicos locales”. Esas fisuras se cristalizan cada vez que Fernández traza un itinerario que escapa a los deseos del empresariado vernáculo o esboza propuestas redistributivas que afectan sus intereses o protegen el de los más vulnerables. El aspecto que agudiza ese cisma intestino es lo que CIFRA menta al afirmar que “la salida exportadora que expresaba la fracción de los grupos económicos a la crisis que generó la valorización financiera del gobierno de Cambiemos parece haber quedado trunca ante la estrepitosa caída del comercio mundial y de los precios de exportación”. Y en el encierro, al gobierno asumido hace sólo seis meses no le queda otra que apelar a herramientas que contradicen el anhelo de los más poderosos en estas pampas.

Los temores de la clase dominante son infundados e irracionales. El peligro no estriba en que al peronismo le dé un ataque del chavismo venezolano que sus voceros condenan, sino que deje que la situación se torne explosiva, o más crítica de lo que aparece por estas horas.

Las proyecciones oficiales vaticinan una caída de 6,5 por ciento para la economía argentina en 2020, luego de contabilizar un descenso de 4 puntos durante el mandato de Mauricio Macri. Por otra parte, el relevamiento de expectativas de mercado confeccionado por el Banco Central (BCRA) calculó en mayo un derrumbe de 9,3% para 2020. “Considerando la historia reciente, cabe señalar que este nivel de contracción proyectado en abril está en línea con la caída de la crisis de 2002, cuando la economía se redujo 10,9%”, ilustra el texto de CIFRA.

 

La profunda recesión mundial, sobre cuya profundidad y extensión sólo caben conjeturas, aceleró las contradicciones internas en la alianza del gobierno del Frente de Todos, que no solo está constituida por la parte mayoritaria de la clase trabajadora y los sectores populares sino también por los grupos económicos locales.

 

Para curiosidades, el lector puede remitirse a la entrevista que le hiciera El Cronista Comercial el último 4 de junio a Juan Francisco Politi, vicepresidente ejecutivo de Allaria Ledesema. Emporio que trepó a los primeros puestos entre los operadores de bolsa a fines de los 90’, esa sociedad de doble apellido habría sido tentada para hacerse cargo de Vicentín por Emmanuel Álvarez Agis, titular de PxQ y viceministro de Economía durante la conducción de Kicillof en el Palacio de Hacienda. “La consultora PxQ nos acercó la idea de explorar la oportunidad que se abría a partir de la situación actual de la compañía y, junto con Álvarez Agis, nos pusimos a buscar inversores locales que pudieran acompañarnos”, soltó Politi en ese reportaje. No siempre es blanco y negro la vida.

Sangre o no sé qué

La trifulca por venir está cantada. Y la cintura de un presidente como el que hoy se sienta en el sillón de Rivadavia, que dice menos de lo que piensa pero hace más de lo que dice, seguirá poniéndose a prueba.

Al cierre de este artículo se especulaba con que esta semana se concretara una reunión entre Fernández y el capo de Techint, Paolo Rocca. Ya se dijo en este medio que una de las piedras basales de la administración en curso supone que la salida de la pandemia incluye a los empresarios en el bote pero es más que probable que la partida de póker se ponga picante.

Por lo demás, sazonan la discusión materiales como el libro digital que acaba de publicar la UIA, en tándem con la OIT, bajo el título “El futuro del trabajo en el mundo de la industria 4.0”. En otras palabras, el paper se zambulle al debate sobre los cambios en las condiciones laborales y el teletrabajo, entre otros detalles. Ya en el primer capítulo, rubricado por Haroldo Montagú, se aventuran respuestas tentativas a la pregunta sobre la chance de que el tema sea una utopía productivista o una distopía social y, citando un reporte del BID en 2018, se considera que “las ventajas potenciales son muchas, pero la capacidad humana para aprovecharlas no necesariamente será capitalizable a la misma velocidad”. “Para adoptar con éxito las nuevas tecnologías será central la capacidad humana de gestión, sobre todo sorteando aquellos factores culturales propios de las organizaciones que se expresan en la resistencia al cambio”, se enfatiza.

Párrafos como ese irritarán a los sindicalistas más curtidos y probados en batalla. Sobre todo, porque Montagú es secretario de Política Económica en la cartera que lidera Martín Guzmán. De todas formas, el economista Pablo Dragún, uno de los coordinadores de la edición, le explicó a este cronista que el artículo se escribió antes que fuera nombrado funcionario.

Las desconfianzas y las refriegas se tornan, inexorablemente, una divisa corriente para una gestión que empató las estructuras del Estado repartiendo ravioles a todos los actores que contribuyeron con la derrota de Macri. Y algunos reclamos quizá se vuelvan más airados bajo los estragos del coronavirus pero sería saludable que cada púgil se suba al ring sabiendo que los cucos no existen o que el miedo mismo es, en realidad, el fantasma.

En definitiva, es como podría tipearse en Twitter: en política, la síntesis son los padres. Lejos de la perplejidad ante las acciones de los adversarios –sean de campamentos propios o enemigos-, las diferencias en el Frente de Todos hasta ahora se tramitan con la madurez que aporta la incertidumbre frente al futuro próximo y la hipótesis pragmática de que no hay otra opción que la de abrazar(se) a Alberto.

 

*Los subtítulos de esta nota pertenecen a versos de la canción Track Track, evocada en el acápite.

2020-08-04T19:08:47+00:00 9 junio, 2020|III, Política|