El circulo amarillo

Por Emiliano Guido
@guidoesminombre

Cambiemos apuesta a construir una mística de orden y progreso en los sectores medios bajos, y bajos. ¿El proyecto popular cedió terreno en la base de la pirámide social por contener más a los progres que a los pobres? Mientras tanto, la recesión aviva la pelea de morochos contra morochos. Opinan Iván Petrella y Paula Penacca.

Brotes negros. La escena, punzada con una narrativa escatológica que enrojecería de pudor a Baby Etchecopar, transcurre en un transporte popular. Los protagonistas, agolpados en el sopor cotidiano, bufan y de la pava de su sesera comienza a chirriar pus. Eugenia Zicavo, crítica literaria, observa lo que parece un pasaje del escritor Howard Lovecraft y lo taquigrafía en Twitter: “Sube una mujer al tren con 3 chicos y pide asientos para los 4. Un hombre le da el suyo de mala manera y dice, fuerte: Estas negras, ¿quién las manda a tener mil hijos? A lo que ella responde: ¡Por lo menos no soy como esas aborteras, que ahora son todas trolas!”. Jorge Alemán suele advertir que la meta central del neoliberalismo, aparte de tomar plusvalía, pasa por colonizar el alma popular. Si abajo no hay organización y política, es esperable que fluyan mensajes tóxicos. Tengo la camisa negra porque negra tengo el alma. El periodista Carlos Romero, miembro del staff de Kamchatka, suma apuntes por whatsapp: “Cosas que escuché esta semana, al pasar, en diversos ámbitos: -Defensa de la pena de muerte. -Estoy cansado de que estos negros corten calles. -Viven del Estado, son vagos, que vayan a laburar. La degradación no es sólo económica, también lo es profundamente intelectual”.

¿Qué pasa en el corazón de los descamisados? En algunos de ellos, por lo pronto. El capitalismo financiero avanza como una topadora, desmonta la economía real, con ello hay menos empleo, muchos menos sindicatos, pocos lugares donde guarecernos, desordena la vida, diría la ex presidenta Cristina Fernández. ¿Hay cada vez más recelos entre los vecinos en las barriadas? ¿La gente saca el Bullrich que tiene adentro para conservar lo poco que tiene?, pregunta esta revista a la legisladora Paula Penacca. “Sí, lo veo. Pasa que esa tensión entre pares también es consecuencia directa del modelo neoliberal. Hablemos claro, el proyecto de estos muchachos no es sólo económico, sino también cultural. Eso ya lo vimos en los 90’: uno de los ejes centrales para poder instalar ese modelo elitista fue la búsqueda de instalar la guerra de pobres contra pobres. Por eso, Cambiemos busca poner como horizonte de realización a la meritocracia, o el fomento de valores individualistas. No creo que la gente sea conservadora, sino que es muy fuerte el aparato de construcción de sentido que ellos tienen”, responde la referente de Unidad Ciudadana, con millas de recorridos en el extrarradio porteño.

Bajo el mismo enfoque, se pregunta retóricamente si todavía hay apoyo a este gobierno en los barrios, y contesta sin dudarlo: “Sí. Quizás, porque la construcción mediática del odio hacia el kirchnerismo es un insumo que aún permea en ciertos sectores por miedo a que no vuelva un supuesto pasado desolador”. “Indudablemente, un grueso de la población percibe que se está deteriorando su calidad de vida pero todavía no termina de identificar al culpable político de ese malestar”, completa.

Iván Petrella, titular del programa Argentina 2030 –que tras la partida del economista Eduardo Levi Yeyati ese capítulo de Jefatura de Gabinete se enfocará en “conectar a la Argentina con las grandes discusiones globales”, dicen cerca de Marcos Peña-, conforma junto al secretario de Cultura Pablo Avelluto, el coordinador de políticas públicas Hernán Iglesias Illia y el asesor presidencial Alejandro Rozitchner, todos con una prehistoria en la difusión de ideas académicas y la producción editorial, el grupo que hila la sintonía fina de la narrativa oficialista. Todos reportan al ministro coordinador, Marcos Peña. El dato no es menor. Cambiemos podrá pregonar un programa neoliberal pero sus cuadros dirigenciales respetan el centralismo democrático como si fuesen un partido marxista-leninista del siglo pasado. Cuando Petrella, Iglesias Illia, por supuesto Jaime Durán Barba, y Peña claro, pautan un guión acerca de la manera de explicar la marcha de la economía, esa música es repetida una y otra vez por el elenco cambiemita que camina los sets de televisión en el horario del prime time.

¿La estrategia de cercanía y discurso llano, aideológico, del gobierno está siendo reformulada para seguir teniendo empatía con los sectores medios bajos en un contexto recesivo?, pregunta Kamchatka a Petrella. El titular de Argentina 2030 esgrime una respuesta muy en línea, sin variaciones, con el modelo 2016/17 del relato oficialista: “El gobierno sigue ofreciendo construir una sociedad más transparente, más abierta, basada en la verdad, donde los gobernantes no mienten ni roban, y donde están en permanente diálogo con la ciudadanía y las otras fuerzas políticas, siempre con el horizonte de buscar un país más desarrollado, y fundamentalmente un modelo de país construido sobre cimientos verdaderos”. Moral, eticidad, esa fibra de la gente busca interpelar Cambiemos en las barriadas, trasmite Petrella en el subtexto de su declaración.

Ex director académico de la Fundación Pensar, la usina madre de ideas del macrismo antes que el PRO llegase a la Casa Rosada, argumenta: “Seguimos diciendo a la gente que buscamos construir un país que le dé pelea al narcotráfico, que lucha contra la corrupción policial, y que hace obra pública para que el enorme y vergonzoso porcentaje de la población que no tiene agua potable ni cloacas, los tenga”. Por último, Petrella aclara con énfasis una palabra de la pregunta formulada que le resultó, por así decirlo, molesta: “Nosotros no construimos una estrategia de cercanía, ni queremos simular estar en el llano. Estrategia suena como a calculado. No. Lo nuestro es una manera de entender la política y de defender una relación más horizontal de los dirigentes con la ciudadanía”.

También habría que dilucidar por qué el proyecto popular viene cediendo cuotas de representación entre los sectores populares. Consultada sobre la posibilidad de que el kirchnerismo, sobre todo en el último mandato de CFK, haya desplazado demasiado del centro decisorio a la columna vertebral del movimiento, Penacca retruca: “Nosotros, como proyecto político, representamos los intereses de los sectores populares, esa la centralidad de nuestra política. Pero también representamos a los sectores medios. Capaz que hubo una falla de nuestro proyecto para cimentar mejor una conciencia popular. Pero, a ver, el problema no pasaba porque Cristina se sacara más fotos con artistas que con sindicalistas. (Carlos) Menem siempre se rodeaba de pueblo en sus imágenes y encabezó un proyecto elitista”.

En su momento, el periodista Gabriel Fernández planteó una serie de interrogantes alrededor de la chance de que el kirchnerismo se haya pintado muy de blanco. ¿Terminó citando más a Iñigo Errejón que a Raúl Scalabrini Ortiz? ¿Celó más la disputa de la palabra que la puja salarial? ¿Si el peronismo es comer los tallarines del domingo con la vieja, dijo Lorenzo Miguel en su momento, el cristinismo fue compartir entre todes una perfomance en Tecnópolis? ¿Un formato que sedujo, nuevamente, o interpeló más a los sectores medios de alma sensible que a las capas precarizadas que orillan el conurbano? “En todo caso, Cristina tuvo en su último período como presidenta cierto nivel de ruido en su relación con las conducciones sindicales pero eso no se traduce en que Cristina tuviera problemas de vincularse con el pueblo trabajador, son dos temas distintos”, comienza Penacca la “defensa” del proyecto, y concluye: “Nos criticaban que centralizamos mucho la disputa contra Clarín y que hablamos mucho de comunicación, pero hoy se ve que no estábamos tan errados. Queda claro que gobierna más (Héctor) Magnetto que (Mauricio) Macri. Pero, quizás sí, nos faltó explicar de manera más sencilla por qué las políticas públicas empoderan tanto a los sectores medios como al pueblo trabajador. Pero tan mal no hicimos las cosas: Macri, para ganar, tuvo que mentir y decir que iban a perdurar muchas de nuestras políticas”.

El señor o la señora abollan la lata de cerveza comprada en oferta en el supermercado discount más famoso de todos. Apoyan los pies sobre la mesa ratona y raída. Comienza la hora del paco televisivo. El fulgor hepático de la pantalla alumbra el pequeño living. Se impone una consigna en la oscura noche: ¡Negros de mierda!

2018-12-28T15:35:19+00:00 28 diciembre, 2018|II, Política|