Chile despierta y resiste

Por Julieta Beristain

Se renueva el toque de queda y la represión del ejército y carabineros registra un saldo de 15 muertos y más de 1600 detenidos.

Foto: Prensa Latina

A pesar de los esfuerzos internos por esconder las imágenes más atroces de la represión al mando del Ejército y los Carabineros, el pueblo chileno resiste y se rebela contra el gobierno de Sebastián Piñera. Las organizaciones estudiantiles reclamaron inicialmente por el aumento injusto del pasaje del metro de Santiago. Más tarde, contagiaron de lucha el espíritu de los ciudadanos en otras tantas ciudades, como Valparaíso y Antofagasta, que al ver los niveles de represión desplegados se unieron a la lucha al grito de “¡Chile despertó!”.

Muchos han cuestionado los disturbios, la bronca que recorre el país tras la cordillera. Sin embargo, las preguntas correctas son: ¿qué pasa realmente en el tan vanagloriado Chile por parte de figuras políticas liberales de Latinoamérica? ¿Por qué el pueblo chileno está tan disgustado? El sociólogo Atilio Borón explicó recientemente en declaraciones a FM La Patriada: “El aumento en el metro es un detonante, la chispa que provocó el incendio. Hay casi medio siglo de promesas económicas. Chile se transformó en el país con mayor proporción a nivel mundial de familias endeudadas”. Borón cuestionó las políticas neoliberales que azotan a estudiantes, trabajadores y jubilados “tras una cortina de consumo”, que introdujo a más del 50 por ciento de la población en una vorágine insostenible de créditos y deudas.

El quiebre que transita por estos días la voluntad ciudadana tras la cordillera se explica por las desigualdades sociales y económicas que surgen del modelo vigente -ahora- bajo la administración del derechista Piñera, donde las privatizaciones sobre los recursos indispensables, como el agua, encarecen la vida de una mayoría harta. La estafa, como señala Borón, fue en parte “hacerle creer a los chilenos que éste era el mejor camino para resolver el progreso, el bienestar y el desarrollo, cuando lo único que han logrado es que los más ricos (el 10%) se queden con el 30% del ingreso nacional y el 50% más pobre se queda con el 2,5 %”, lo que expone la enorme desigualdad estructural que vive Chile, y que se materializa en las calles santiaguinas.

Los últimos días han acumulado 15 muertos, un gran número de heridos y  más de 1600 detenidos. La mayor parte de la información circula por redes sociales: ciudadanos que registran el abuso de las fuerzas de seguridad contra menores, trabajadores y jubilados que, aún amparados por la Constitución en su derecho a huelga, han sido salvajemente golpeados para finalmente ser detenidos.

Cuando comienza el toque de queda, la avanzada de tanques y militares a pie se torna más oscura: hay denuncias de apresamientos de personas que estaban dentro de sus domicilios, brutales golpizas a ciudadanos que transitaban solitarios y fueron emboscadas por varios delegados de las fuerzas de seguridad para finalmente ser llevados a comisarías. Las balas de las ametralladoras han alcanzado a jóvenes y jubilados por igual, comparten la misma condena: ser privados del derecho a la educación, a la salud o negarles una jubilación digna tras años de trabajo mal remunerado.

El delegado de Periodistas de Valparaíso Danilo Ahumada informó que se están programando huelgas de distintos sectores: la Central Unitaria de Trabajadores de Chile (CUT) está llamando a una paro general, al tiempo que se dan a conocer cifras del 8,3% de desempleo en el Gran Santiago, correspondientes al período julio-septiembre, según la Encuesta de Ocupación y Desocupación del Centro de Microdatos de la Universidad de Chile.

El vicepresidente de la CUT, Fabián Caballero, afirmó en una entrevista con Radio Gráfica: “el modelo neoliberal chileno es una plataforma para el resto de los pueblos de la región, que está tutelado por organismos internacionales y el Gobierno de los EEUU y la Unión Europea”.  En línea con las declaraciones de Borón, Caballero entiende que el nudo de las protestas sociales corresponde a la acumulación de políticas injustas, generadoras de desigualdad a lo largo de los últimos años. El trabajador e integrante de la central obrera chilena afirmó que “hay que instalar una agenda corta y trabajar en una dirección política organizada que pueda resolver los problemas de los trabajadores y pobladores chilenos”.

Desde la CUT insisten en tener en cuenta una serie de variables importantes a discutir: la agenda del salario, el costo de vida y la situación de los jubilados. Caballero agrega a lo anterior y remarca cuál es para él lo que es el problema de fondo: “necesitamos discutir una nueva Constitución para todos los chilenos y chilenas. Vivimos bajo la tutela de la constitución de Pinochet, necesitamos un nuevo acuerdo social que avance en el marco de una discusión que no sea hipócrita”.

La explicación fundamental a la proclama es la desigualdad económica y social, un malestar que germina y recorre Latinoamérica. En esa sintonía, los privilegiados del modelo temen pero no ceden. Las últimas declaraciones del presidente Piñera son por lo menos repudiables, cuando afirmó estar “en guerra” contra su propio pueblo. Las condiciones en estos momentos son de alta tensión y se prevé más despliegue represivo por parte del gobierno.

2019-10-22T17:12:15+00:00 22 octubre, 2019|II, Política|