Brasil se aventura al precipicio de Bolsonaro

Por Sebastián Mangini
@Seba_Mangini

Con el 99,9% de los votos escrutados, Jair Bolsonaro (PSL) concentró un 46,03% en un resultado poco previsto en las encuestas. Lejos de cualquier sondeo, el panorama muestra un complejo escenario de cara a la segunda vuelta, donde Fernando Haddad (PT) deberá negociar con múltiples sectores para evitar la victoria del ex capitán del ejército. Unas elecciones históricas donde ganó el voto radicalizado y la bronca política hacia partidos tradicionales, por sobre los intereses de las mayorías, en medio de escándalos de corrupción y en el marco de una grave crisis institucional.

De primera mano, un panorama en la segunda vuelta ratifica el rumbo. Y eso es porque las posibles alianzas que puede llegar a conciliar el PT, en lo inmediato, son los votos del tercer candidato más votado, Ciro Gomes, pero también de la ecologista Marina Silva, que apenas alcanzó el 1%.

Tanto el desprecio por los partidos políticos tradicionales, arraigado a los hechos de corrupción que afectan a buena parte de la clase política, como las alarmantes estadísticas de inseguridad, resultaron protagonistas de la elección que determinó la victoria –casi en primera vuelta- de Bolsonaro, un candidato que se muestra como un outsider, pero que viene de ser el diputado más votado del 2014 y que data carrera política desde las elecciones de 1988. Lejos de alcanzar los 40 puntos porcentuales que representaba Lula da Silva hasta el momento de su impugnación por parte del Tribunal Superior Electoral (TSE), Haddad logró capitalizar el 29,27% de los sufragios, lo que representa un notorio crecimiento del petista en tiempo récord. Aquí es donde empieza el largo proceso de tejido de alianzas hasta la fecha del ballotage, el próximo 28 de octubre.

“Ele Não”

Entre los postulantes que han caído en el vacío de la polarización, se encuentra el izquierdista Ciro Gomes, con un caudal del 12,5% de los votos y que ya manifestó su apoyo a Fernando Haddad. “Él no, sin dudas”, expresó el candidato del Partido Democrático Laborista (PDT) en alusión a la campaña feminista que masivamente se volcó a las principales ciudades de Brasil en rechazo del ex capitán del ejército.

Pero no serán suficientes los votos de la izquierda para ganar un ballotage de tal envergadura, sino que el PT deberá centrarse en captar los votos del centro y proponer alianzas estratégicas. “Tengo el mayor respeto por los que concurrieron en la primera vuelta, sobre todo con aquellos que trabajé. Trabajé con Marina (Silva), trabajé con Ciro Gomes, trabajé con (Henrique) Meirelles en el gobierno de Lula”, deslizó el candidato del PT después de haber emitido su sufragio, con la mirada puesta en una segunda instancia.

En un panorama que exige, a cuestas, generar un gran y heterogéneo frente electoral, la suma de los candidatos referenciados apenas alcanza un 2,8% de los sufragios. Sin embargo, resulta una verdadera incógnita, ya que ninguno se ha pronunciado por el apoyo de alguno de los dos presidenciables. El enigma se extiende sobre la abultada cantidad de votos en blanco y abstenciones, que podrán volver a pronunciarse en una segunda vuelta por alguno de dos modelos diametralmente opuestos.

El nuevo mapa de Brasil

Una primera observación del resultado de la contienda electoral permite definir un marcado criterio conservador adoptado por los votantes del sur, la zona más rica del país, limitado al nordeste por un electorado que volcó su voto mayoritario al petismo y la izquierda. De la categórica división se desprende que el epicentro del PT se ubica en la zona con menores recursos de Brasil, mientras que el militar retirado aglutinó los votos de la zona con mayores riquezas, donde reside una importante concentración económica del agronegocio, sector que ha forjado alianzas con el PSL.

No obstante, la fortaleza del huracán Bolsonaro también tuvo presencia en los estados con mayor cantidad de habitantes de Brasil e, incluso, destronó a figuras de importante liderazgo del PT. El tercer Estado más demográficamente poblado, Río de Janeiro, enfrentará una segunda vuelta entre el candidato del PSC, Wilson Witzel y Eduardo Paes, del DEM, donde, además, la contundente victoria del PSL en el Senado queda ratificada con el 31,35% de votos que obtuvo Flavio, hijo de Jair Bolsonaro.

En Minas Gerais, segundo distrito con mayor población, su actual gobernador, Fernando Pimentel, quedó relegado al tercer lugar, dejando la definición de la contienda en manos del empresario del partido Novo, Romeu Zema, y el ex gobernador del distrito por el PSDB, Antonio Anastacia, en los próximos comicios. No fue la única gran pérdida del Partido de los Trabajadores, que contaba con la gobernación del Estado desde el 2014, sino que significó un duro golpe para la ex presidenta destituida en 2016, Dilma Rousseff, quien quedó en cuarto lugar como candidata al Senado, sin posibilidades de ingresar a la cámara Alta.

Mientras, el Estado con mayor cantidad de habitantes de Brasil, Sao Paulo, deberá definir gobernador en la segunda contienda electoral entre João Doria (PSDB) y Márcio França (PSB), donde el PSL también cosechó una colosal victoria por parte del otro hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo, convirtiéndose en el diputado federal más votado de la historia.

Sin embargo, y a pesar de haber perdido 12 escaños en relación a las elecciones del 2014, el PT conforma la mayor fuerza en la cámara Baja, con un total de 56 diputados. El crecimiento exponencial fue, no obstante, para Jair Bolsonaro, que consiguió 52 diputados, frente al único escaño que poseía en 2014. El resto de las fuerzas serán vitales para los acuerdos en la cámara baja, donde el Partido Progresista obtuvo 37 diputados y el Movimiento Democrático de Brasil (MDB), 34.

En el Senado, el PT redujo el número de congresistas de 12 a 6 en los últimos 4 años. Será el partido del actual presidente Michel Temer (MDB) quien tenga la mayor fuerza, con un total de 12 escaños, y el PSDB del derechista Geraldo Alckmin será segunda minoría con un total de 8 diputados. Las negociaciones serán aún más arduas en la Cámara Alta, conformada por un total de 21 fuerzas de distintos partidos, donde los bloques estratégicos jugarán un rol importante en el pacto de acuerdos.

El escenario para el Partido de los Trabajadores es aún más complejo de lo que vaticinaban las encuestas y obliga renegociar acuerdos con las fuerzas que quedaron fuera de camino. Un factor no menos importante se relaciona con los mercados, que si bien han zanjado grandes diferencias con Bolsonaro y no han arriesgado aún su última carta, ya dieron señales positivas frente a la victoria de Jair Bolsonaro, con un alza contundente en las acciones brasileñas en Nueva York y la depreciación del dólar frente al Real.

Brasil ha votado en una jornada signada por las fotos viralizadas de seguidores de Bolsonaro acudiendo a las urnas con armas de fuego, las denuncias realizadas por el PT de falsas noticias que circularon masivamente por Whatsapp y un Jair Bolsonaro que asistió a votar con un chaleco antibalas. El otro protagonista de la elección es la crisis institucional que atraviesa el país, que tuvo su origen en la destitución de Dilma en 2016, siguió en la detención y posterior impugnación de Lula Da Silva, y puso al ultraderechista Bolsonaro al borde de ganar en primera vuelta.

Más de 147 millones de brasileños serán convocados a votar por su próximo presidente y 14 Estados el 28 de octubre. De esa elección depende que, como citó el ex presidente encarcelado, gane la civilización y un principio de reincorporación de las instituciones quebrantadas en los últimos años o gane la barbarie.

2018-10-08T17:53:32+00:00 8 octubre, 2018|Política|