Alberto de todes

Por Pablo Dipierri
@pablodipierri

Alberto, Albert o Awerts. El presidente que pretendía que él y los suyos retornasen mejores, el mandatario que ya en campaña, antes del furcio de la noche triunfal en que apuró el grito “volvimos mujeres”, fue tildado por feminismos y disidencias –más o menos ultrakirchneristas- como “presidenta”.

Ungido como el encargado de la reparación del país que el macrismo destruyó, Alberto Fernández lidia con un adversario que no eligió, trastoca su hoja de ruta original y se sitúa ante dilemas conocidos pero, tal vez, más irresolubles que los que planeaba en el primer diseño de su itinerario presidencial. Sin embargo, los sondeos de opinión pública arrojan saldos favorables para el Jefe de Estado que batalla contra un imponderable global, en principio, más amenazante que la deuda externa que Mauricio Macri dejó.

El hombre que se define como un buen arquero, que pide una “porción bien peronista” de postre de vigilante cada vez que almuerza en Casa Rosada y que le responde mensajes de WhatsApp al panelista Paulo Vilouta cosecha un apoyo social y una imagen positiva sin precedentes en Argentina. El espanto al Coronavirus puede más que las distancias ideológicas o suspende, tácticamente, trifulcas irremediables que también regresarán… porque nunca se van. En ese sentido, un informe de la empresa Analogías realizado a partir de una encuesta sobre 2300 casos en todo el país da cuenta de que casi el 80 por ciento de los consultados acuerda con las medidas dispuestas por el Gobierno nacional para enfrentar la pandemia, mientras que el 50,2 por ciento evalúa la figura de Fernández como “muy buena”, el 28 por ciento la tilda de “buena” y el 15,7 por ciento le concede el mote de “regular buena”. Sumados los tres ítems, el saldo sería de una imagen positiva por encima de los 93 puntos contra una negativa de 4 y una ponderación de 1,5 por ciento aproximadamente que la firma traduce como “no sabe, no contesta”.

Foto: Mariano Campetella

La fortaleza de su consideración pública, por lo demás, se nota en el armisticio parcial ensayado por los opositores al Frente de Todos. El beligerante diputado radical Mario Negri le reconoció al Presidente el rol de “comandante” en esta “guerra” contra un enemigo que, al decir del propio Fernández, es invisible. También los grandes medios de comunicación y sus principales periodistas lisonjean al Gobierno y hasta celebran los arranques verbales más punitivistas en boca del hincha de Argentinos Juniors o cualquier miembro de su gabinete, en la sosa persecución contra los turistas argentinos que regresan del exterior o vulneran el aislamiento obligatorio con excusas berretas. El encierro de la población y el silencio de las calles es un canto de sirenas para la barra de Eduardo Feinmann.

Del mismo modo, los aplausos blancos desde los balcones porteños y los patios del área metropolitana parecen un cielito criollo, ese género poético de los años posteriores a la Revolución de Mayo, en busca de la redefinición del ser nacional. Que sólo el 3,8 por ciento de los preguntados por Analogías se manifieste en desacuerdo con la aplicación del código penal contra los que evaden la permanencia bajo techo, cualquieras sean las condiciones habitacionales, habla por sí solo, al tiempo que explica el raiting de los que gozan con epítetos como “cárcel” y sus sinónimos. Al margen del apetito represivo, Kamchatka se contactó con el Ministerio de Seguridad para averiguar cuál era el destino de los más de 1500 detenidos por razones vinculadas al protocolo dispuesto por decreto y, desde la vocería de Sabina Frederic, respondieron que las personas que incumplen son llevadas a sus casas y se designa a un policía de consigna o se controla cada 24 horas que quien infringió la norma permanezca en su hogar y respete los términos de la pena sin traspasar el umbral de su domicilio.

Tampoco es cuestión de que una administración compuesta por cuadros curtidos en el respeto a las garantías constitucionales deponga su “manual de estilo” por complacencia con la vecinocracia que ve el coronavirus en la cara de cualquier irresponsable. Llegará el día de una encuesta que mida cuánto mayor es el daño social que causaba el dueño del yate que se pavoneaba con su acompañante en el río, cuando no había cuarentena. Horas de adoctrinamiento mediático y embelesamiento en Instagram o WhatsApp azuzan la bronca contra la gilada indócil del cualunquismo argento antes que el llamado de atención sobre la inmoralidad de la riqueza y el confort que hasta el menos influyente de los instagramer persigue.

No obstante, la unidad en la cuarentena tiene la consistencia del miedo y podría evaporarse no bien se afecten los intereses económicos que se precisan para que, más allá de la congoja edulcorada del patriotismo contra el Covid-19, la recesión no se lleve a los pibes de las barriadas populares por evitar que la pandemia se cobre la vida de los adultos mayores. A eso apunta el economista Emanuel Álvarez Agis en el material interdisciplinario que Proyección Consultores acercó a esta revista. Sobre un estudio de 1200 casos elaborado entre el 21 y 23 de marzo pasados y analizado por periodistas como Iván Schargrodsky y Noelia Barral Grigera, la socióloga Dora Barrancos, la jefa del Servicio de Epidemiología del Hospital Garrahan, Rosa Bologna, y el abogado Jorge Rizzo, entre otros, el ex viceministro de Economía advierte que sólo el 17 por ciento de los consultados declara que trabaja desde su casa en el área metropolitana, donde justamente se concentra el 50 por ciento de la actividad productiva. “La alternativa del teletrabajo es absolutamente minoritaria”, sostiene Álvarez Agis, y agrega que más del 60 por ciento admite que no utiliza mecanismos de compras online o delivery que habiliten una esperanza en la continuidad del consumo. “Los datos del estudio muestran que la caída del consumo y la baja en la producción configurarán una situación de crisis económica de una intensidad pocas veces vista”, concluye.

De ahí que el gobernador Axel Kicillof pusiera al principio sus reparos a la cuarentena total. Las palabras que soltó esta semana durante un acto en Pilar pueden leerse como corolario de esos cabildeos internos: “esto no se resuelve persiguiendo a los que no cumplen el aislamiento”, dijo.

Pediatría o revolución

El discurso oficial viene en cucharadas de serenidad en medio del caos planetario. El Presidente, hasta cuando se inflama con acusaciones contra los que considera “imbéciles” por no respetar el decreto que busca aplanar la curva del contagio en Argentina, suministra anestesia anímica a los que siguen los avatares de esta realidad, tan propia de un relato distópico producido por Netflix, desde el living de su casa o la pantalla de su celular.

El eslogan “quedate en casa”, salvando las distancias y sin comparar contextos pero tal como se sugirió acá, oficia de nuevo eslabón en la cadena de significantes peronistas, marcada en sus albores por el mítico “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Y en esa desmovilización se cifran dos riesgos concomitantes para el día después del pánico a la enfermedad: por una parte, el entumecimiento de las estructuras de las organizaciones militantes que constituyen la fuerza social más dinámica del oficialismo, aunque momentáneamente se mantenga en una parálisis que sólo le permite agitar su consignismo por Twitter; y por la otra, el robustecimiento de los sectores que prefieren que Alberto funja de pediatra de un país aniñado y desobediente antes que de presidente de una Argentina con brío para sacarse de encima el yugo de sus verdugos.

El inconveniente final estriba, ineluctablemente, en que el fortalecimiento de la cuarentena debilita la política.

No es que los que conducen el Poder Ejecutivo (y el plural abarca también a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, porque no está exenta de las responsabilidades ni ajena a las decisiones estratégicas) ignoren esas derivaciones políticas. Además, ya se postuló aquí que el Gobierno tiene la oportunidad de convertirse en facilitador de la emergencia de un nuevo sujeto político, favoreciendo el aglutinamiento de experiencias que pongan la solidaridad y el cuidado como ejes de la construcción de la fuerza popular organizada venidera.

Aunque siempre insuficientes contra el hambre y la angustia, las medidas anunciadas por el Ministerio de Desarrollo Social al cierre de este artículo sobre la implementación de un Comité de Emergencia para la asistencia en barrios populares iban en la dirección correcta. El gabinete económico es consciente de que no se puede ser estricto en el confinamiento con las familias que padecen hacinamiento en viviendas del conurbano profundo.

El flamante director del Mercado Central, Nahuel Levaggi, anunció esta semana que se publicarán precios de referencia para que los consumidores conozcan el valor de los alimentos antes de que lleguen a los comercios donde compran. Referente de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), el funcionario sabe que la medida no alcanza pero, en el desorden actual y ante el abuso extendido, la situación transforma al consumidor final en un militante del bolsillo colectivo.

La dificultad no exime al gobierno en curso respecto del establecimiento de una política de control sobre las cadenas de formación de precios, un postulado que se esbozó desde el Ministerio de Desarrollo Productivo, liderado por Matías Kulfas, no bien asumió. Máxime si se recuerda que el Frente de Todos se supo ganador el 11 de agosto: desde entonces a la fecha, van siete meses y nadie le pone el cascabel al gato.

Esta revista se comunicó con fuentes de la Secretaría de Comercio esta semana, cuando frutas y verduras escalaban en su cotización más que el porcentaje de víctimas fatales por la pandemia a nivel mundial, para conocer de qué manera se enfrentaba desde la repartición que la prensa tanto condenó en tiempos de Guillermo Moreno. Conforme crecían las bocas de expendio que especulaban entre las más de 15 mil diseminadas por todo el territorio, la cartera conducida por Paula Español resolvió que los precios de las mercaderías se retrotraigan al 6 de marzo pasado y, junto a personal de AFIP y el Ministerio de Medio Ambiente, provincias y municipios envió agentes a fiscalizar la medida. “El área estaba desactivada”, admitieron ante este medio en el edificio de la Avenida Roca. Y por caso, desde el entorno de la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, explicaron que el control se está efectuando y pueden llegar aplicarse multas pero no clausuras, aunque se contabilizaron 12 en todo el país, porque se necesita que la rueda siga girando y los negocios de cercanía estén abiertos.

A su vez, Kicillof creó en las últimas horas el Sistema de Monitoreo de Abastecimiento y Precios de Productos Esenciales (SIMAP) mediante el decreto 177/20, que dependerá del Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica, ocupado por Augusto Costa, quien a la sazón fuera el sucesor de Moreno en el puesto que hoy ocupa Español y el responsable de la instrumentación del programa Precios Cuidados en 2014. El SIMAP, según explicaron fuentes ministeriales, establece un listado de 2100 productos, tomados de la resolución Nº100 de la Secretaría de Comercio Interior, y prohíbe el aumento de sus precios durante 90 días. Su aplicación efectiva es el anhelo de una mayoría gravitante en los cinturones bonaerenses que rodean a la Capital Federal.

El inconveniente final estriba, ineluctablemente, en que el fortalecimiento de la cuarentena debilita la política. El trabajo de este presidente es, en este contexto, lograr que el sistema sanitario no colapse cuando el contagio del Coronavirus se potencie. Pero su tarea urgente no implica la impugnación del pensamiento de quienes acompañan, desde la militancia o cualquier función social, la experiencia del frente gobernante. Incluso, convendría desdramatizar la problematización de los vectores que el Estado pone en marcha para paliar la crisis: sin imaginación ni crítica pública, podría abrirse camino a una salida fascistizante que amenace la estabilidad o el rumbo delicadamente proyectado por les Fernández. Baste detenerse nomás en la derecha ascendente en Uruguay, la locura política de Jair Bolsonaro en Brasil, la perversa encomienda a Dios expresada por la presidenta boliviana de facto Jeanine Añez o la utilización militar del virus que hace Sebastián Piñera para aniquilar las protestas en Chile.

Una pista para zafar del chaleco de fuerza impuesto por estos días a la reflexión y el análisis políticos fue vertida por el filósofo Alejandro Kaufman en FM La Patriada, cuando concedió que Argentina tenía “el mejor gobierno posible” en este marco “porque no tiene un enfoque represivo para eventuales desbordes sino uno persuasivo”, en clara referencia a un atributo constitutivo del peronismo. Y ante el riesgo de la “despolitización total” como desembocadura, reivindicó la posibilidad de “conversar” sobre lo que el gobierno no puede esbozar: “consensos mínimos” para respetar las decisiones de Estado en la pandemia pero “libertad para pensar el futuro”.

Cuando bajo el sopor estival todo en la política vernácula se subordinaba al acuerdo con el FMI y los bonistas extranjeros, un ex diputado que orbita con ascendencia en el massismo le preguntó retóricamente a Kamchatka cuáles eran “las banderas” del Frente de Todos para el día después de la reestructuración de la deuda, aludiendo a que no había ninguna. No es casual que la pregunta siga siendo la misma, aunque cambie el circunstancial de tiempo y el hito esperado sea la disipación del temor al Covid-19.

2020-04-15T03:35:00+00:00 28 marzo, 2020|III, Política|