La razón de los errados

Por Rodolfo Treber
@Rodolfo_Treber

Habrá quienes consideren a estas prácticas como subversivas, contrarias al orden social establecido.
Tendrán razón. Es un título exacto. Una precisa definición de nuestro accionar.
Donde no tendrán razón, en lo que estarán errados, y mucho,
es en la preservación de la injusticia como estado natural.
No será la calificación del cambio su equivocación,
sino su adhesión conservadora al orden capitalista.
Su voto a favor del usurero y el patrón,
contrario al trabajador…

 

 

En 1944, hacia el fin de la segunda guerra mundial, Alemania, Japón, Italia, Inglaterra, Rusia, China y todos los países que sufrieron en sus territorios las consecuencias de los enfrentamientos, se encontraban sumamente debilitados y algunos de ellos, destruidos. En este contexto, Estados Unidos, que peleó cómodamente entrando en guerra una vez que los otros ya se habían desgastado y sin compromiso alguno de su territorio continental, gestó su estrategia de dominio mundial post guerra.

El Pentágono y Secretaría de Estado eran conscientes del beneficio industrial y económico que le había causado la era que terminaba. Entonces, planificaron cómo reconvertir la producción exportadora de armamentos que había dado empleos, salarios y ganancias como nunca antes. El objetivo era claro: sin importar la forma, tenían que exportar lo mismo que consumía la guerra. Para eso, debían impedir que los mercados internos extranjeros se recuperasen, invadirlos con sus manufacturas y así salvar los empleos, salarios y ganancias que el conflicto bélico les otorgara.

Allí, comenzó la planificación expansiva del imperialismo norteamericano con el objetivo de dominar los mercados periféricos e inundarlos con sus productos. Terminada la guerra, una nueva era comenzaba… Alineándose al orden mundial en ciernes, ya no neutrales, Edelmiro Farrell y Pedro Ramírez tomaron posición en Argentina y se prepararon para obedecerlo. Se despegaban de un tal Juan Perón que había tomado la decisión de ir por un proyecto de desarrollo endógeno y no someterse a la voluntad del nuevo imperio. Sin embargo, Perón rompió y dijo que mandaría por los votos. Lo metieron preso pero el pueblo lo liberó el 17 de octubre de 1945. Contra Spruille Braden, el embajador de EEUU y la Unión Democrática que creó, ganó las elecciones el 24 de febrero siguiente. Después, contestó patriótica y geopolíticamente con la creación de Somisa (inicio de la industria siderúrgica nacional) en 1947, Astilleros Río Santiago (inicio de la industria naval nacional) en 1948, una nueva Constitución Nacional en 1949, CNEA (energía nuclear) en 1950, entre otras iniciativas.

Ya en 1947, el liberal George Kennan cometió un feroz sincericidio, desde el Equipo de Planificación Política. “Los EEUU poseen aproximadamente el 50% de la riqueza del mundo, pero solo representan el 6,3% de su población… Esta disparidad genera, inevitablemente, envidia y prejuicios. Por lo tanto, la tarea más urgente de la política estadounidense consiste en crear patrones de comportamiento que mantengan esa disparidad sin perjudicar nuestra seguridad nacional. Esto requiere abandonar todo tipo de sentimentalismos y ensueños y concentrar nuestra atención, en todo lugar del mundo, en nuestros objetivos nacionales directos. No debemos engañarnos pensando que podemos tener altruismo y sentimientos de benefactores del mundo… Debemos dejar de hablar de objetivos tan poco concretos y tan poco realistas como son los derechos humanos, la elevación de los niveles de vida y la democratización. No está lejos el día en que tendremos que actuar dentro de la lógica del poder… Entonces, cuanto menos nos estorben las consignas idealistas, tanto mejor”, expuso.

EEUU no tenía una política diferente para América del Sur que para el lejano oriente y todo el mundo. Aramburu-Rojas en 1955, como Videla-Massera en 1976, fueron parte activa y políticamente reconocida de su diplomacia global. Este análisis político es indispensable para comprender la economía. Sin una real apreciación de lo que verdaderamente sucede en el mundo, se tomarían caminos erróneos que benefician a intereses ajenos. La disputa geopolítica, y económica, es siempre la misma: quién produce el valor agregado sobre las materias primas. En el fondo, siempre está el trabajo: quién se apropia de la generación de riqueza.

Porque cuando el imperio se adueña de las materias primas es para producir valor agregado a partir de ellas. Lo que vende es producción de su gente. Para eso, necesita que los demás no se autoabastezcan de lo necesario.

Mienten los que dicen que hay un desarrollo posible integrando el país a los EEUU, la Unión Europea o el Sudeste Asiático con acuerdos de libre comercio. Todos ellos se desarrollaron mediante el proteccionismo, defendiendo su mercado interno, sustituyendo importaciones. Y no se enrolaron en el libre comercio hasta tener una industria suficientemente fuerte, consolidada en su territorio, capaz de exportar sus excedentes de producción a precio de dumping, una vez amortizados los gastos fijos y obtenidos factores de escala por medio del consumo nacional. Ese fue el camino que todos los desarrollados ya recorrieron, pero no quieren que los subdesarrollados recorran. Y esto último, la conciencia de su verdadera voluntad política, es lo que divide el mundo en opresores y oprimidos… no en otra calificación.

La supuesta prosperidad de la colonia jamás llegará. El imperialismo capitalista no derrama nada de su abundancia, solo acumula, ese es su sentido. El progreso de los países está en producir y autoabastecerse. Deben producir por sí mismos lo que necesitan… Producir lo que hoy importan de otros.

Queda claro que la economía nunca dejó de ser política, ni por un instante. También queda claro que, aunque lo intenten ocultar, la política económica tiene centralidad en el trabajo y la producción. Por lo tanto, también queda claro que las discusiones mediáticas de los economistas a sueldo, supuestos entendidos, son falsas. Constituyen debates donde lo estrictamente económico y técnico es mandante sobre la política, donde déficit, devaluación, inflación, tasa de interés, deuda giran en torno al dólar y se plantean como un limitante a la política y no, como una consecuencia o un instrumento. Evitar este análisis es funcional a los intereses del imperio, porque la centralidad del trabajo cambia la visión de las cosas de un modo revolucionario e irreversible.

Una balanza comercial que está equilibrada en divisas no lo está necesariamente en horas de trabajo humano, ya que, para hacerlo, el valor agregado de lo que entra y sale debería ser exactamente el mismo. Así, la realidad de la Argentina tendría un reflejo verdadero en valores económicos: exporta bienes primarios e importa bienes industriales. En dólares está equilibrado pero en horas de trabajo, no. La causa del desempleo, la pobreza y el hambre se puede cuantificar. 

Esta discusión tiene carácter de necesidad y urgencia, porque en esas toneladas de importación se pierde el trabajo para los argentinos en el presente y se embarga el futuro de sus hijos. Este es el debate de profundidad que se deber dar para retomar la conciencia geopolítica de la que hoy casi nadie habla porque la embajada no les da permiso y casi todos quieren acordar con ella, lujo que la Estado no puede permitirse porque todo el desarrollo de su historia y el bienestar de su pueblo fue dado por gestas políticas concretas, sin esquivar el conflicto sino enfrentándolo. Así nos enseñaron San Martin y su ejército libertador, Rosas con su ley de aduanas y Vuelta de Obligado, Yrigoyen con YPF y Perón con 300 empresas estatales como respuesta al imperialismo de mercado norteamericano.

El problema y solución están a la vista desde hace doscientos años. La situación actual de debilidad y dependencia es directa consecuencia de la desmemoria colectiva, la claudicación política, la negación de la Patria y la existencia del imperialismo, la traición a su pueblo trabajador y a favor del interés del capital extranjero, no de otra cosa… No falta historia. Sobra olvido.

2020-04-20T08:11:05+00:00 20 abril, 2020|Opinión|