La posta de la pandemia

Por Carlos Barragán
@barragan_ok

La pandemia puede leerse como una interrupción, una interferencia en el normal devenir del mundo. En esta versión de la pandemia debemos atender las urgencias humanas y tanto más a las necesidades del sistema. Cuidarlo para que cuando termine la excepcionalidad en la que vivimos podamos volver a nuestro mundo de siempre. Esto es: con sus muy pocos mega-ganadores y sus tantísimos mega-perdedores. Esforzarnos para mantener el estado previo a la pandemia gatopardo es lo que no queremos.

Pero la llegada de un virus que nos mata como moscas porque la humanidad se dedicó a maximizar la irracionalidad idiota de la acumulación infinita de riqueza en pocas manos, en lugar de buscar la mejor forma de vivir en armonía, no puede ser leída como una interrupción del virtuoso progreso de la humanidad. Sencillamente porque no hay virtud ni hay progreso últimamente. Salvo que entendamos por progreso que millones tenemos un celular con el cual podemos ser bombardeados con campañas falseadoras de la realidad, y compartirlas creyendo que nos comunicamos. Campañas para vendernos alguna cosa innecesaria o para elegir a un candidato que nos deje en la miseria para maximizar la acumulación. Celulares para mal informarnos, para ubicarnos en el mapa, para distraernos y controlarnos. Nuestro celular, mientras millones de personas no tienen para comer o se convierten en refugiados semi-muertos, corridos por guerras extractivistas delirantes y salvajes.

El mundo ha recorrido un derrotero de injusticias tan extremas que necesita mantener a las poblaciones en burbujas de banalidad, que es lo mismo que la aceptación de este estado de cosas. Un mundo donde los esfuerzos de millones, sus vidas y sus desdichas alimentan las cuentas millonarias de unos pocos que escriben las leyes para que sus crímenes pasen por sensatez o por la naturaleza a veces incómoda de las cosas. Sin embargo, sabemos que el mundo vive en un estado de injusticia permanente, una injusticia insensata que nada tiene de natural ni de irreversible.

La pandemia es el destello de lucidez en medio de un largo delirio en el que nos hundieron y hundimos. No la desaprovechemos y volvamos a hacernos preguntas esenciales como ¿para qué vivimos en sociedad? ¿Para qué queremos el dinero? ¿Para qué trabajamos? ¿Para qué usamos la riqueza del planeta? ¿Cómo queremos vivir? ¿Quién toma las decisiones? ¿Quién quiere seguir arruinando a la humanidad con nuestro consentimiento o indiferencia?

Si salimos vivos de esta invitación al exterminio en la que quedó expuesta nuestra enorme fragilidad, la que el capitalismo financiero y corporativo necesita para prosperar, habrá que responder a esas preguntas, hacernos cargo y romper con el pasado en lugar de recuperarlo.

2020-04-20T07:46:00+00:00 20 abril, 2020|II, Opinión|