La libertad de emprender asediada por un Tigre

Por Mariano Denegris
@denegrism

Escenas

El gran estreno de la principal productora de ficción nacional narra las andanzas cuasi delictivas de un sindicalista de la carne, el Tigre Verón.

El emprendedor modelo del presidente la emprende contra un dirigente sindical que demanda la representación de los trabajadores de las Fintech para mejorar las condiciones laborales. Un periodista aclara que no está pidiendo matar a ese dirigente gremial pero sí ponerle límites.

Los principales noticieros y portales muestran el ataque de una patota a trabajadores de la industria de la carne como una pelea entre mafias. Usan títulos similares al “Entre ellos” que utilizó La Razón en 1966 para dar cuenta del asesinato de tres militantes peronistas en Avellaneda. Cuando Rodolfo Walsh comenzó a mostrar los resultados de la investigación que luego se transformaría en el libro “Quién mató a Rosendo”, la prensa patronal perdió su interés por aquella noticia sindical/policial. Lo mismo está ocurriendo con el episodio favorito de los discursos de campaña de los candidatos de Cambiemos. En cuanto aparecieron las fotos del jefe de los agresores de San Fernando con funcionarios del gobierno, se esfumó la avidez noticiosa.

Sinvergüenzas, prepotentes, patoteros, destructores del empleo. La consultora que produce los guiones de los candidatos de la coalición gobernante eligió esos calificativos para que sus players salgan a disputar pantalla preelectoral.

En los últimos días recrudecieron los ataques de funcionarios del Gobierno nacional y de grandes medios de comunicación sobre lxs trabajadorxs y sus representantes. En términos generales, lo más novedoso de estas agresiones está en el desenfado con que desde un supuesto espíritu emprendedor estos voceros antiderechos se despachan contra instituciones y leyes que sirven para mejorar la vida de las mayorías desde hace casi un siglo. Hay que reconocer que es de una creatividad asombrosa la construcción de un discurso que pretende convencer a quienes trabajan para conseguir su sustento que es mucho mejor hacerlo sin descanso semanal, ni vacaciones, ni jornadas horarias limitadas, ni salarios mínimos, ni licencias médicas, ni ningún tipo de regulación. Digamos, a la manera de los primeros años de la revolución industrial.

Que el blanco de las críticas empresarias sean las organizaciones que garantizan que acceder a un trabajo sea, al mismo tiempo, acceder a una serie de derechos asociados, es decir, los sindicatos, no es nada nuevo. Tampoco que los gobiernos neoliberales colaboren con fervor en esta tarea. Como escribe el sociólogo Martín Cortés en el prólogo de Radiografía política del macrismo, de Andrés Tzeiman, “el neoliberalismo, como proyecto civilizatorio, como racionalidad individualista coloca toda forma de lo colectivo y de lo público en el ignominioso lugar de la mafia”. Y los sindicatos son los destinarios preferidos de ese epíteto soltado con pasmosa gratuidad.

Este discurso, sostenido con una coordinación abrumadora, busca instalar la idea de que el exceso de derechos atenta contra el trabajo. Las evidencias históricas lo desmienten. La desregulación aplicada por cada gobierno neoliberal de la historia generó más desocupación y precariedad laboral. Ah, y también aumento de las ganancias empresariales.

El secretario de Trabajo de la Nación, Lucas Fernández Aparicio, declaró: “algunos dirigentes atrasan y condenan a millones de trabajadores a la informalidad y la falta de oportunidades. No entienden que el mundo está cambiando y necesitamos aprovechar al máximo las oportunidades, cuidando los derechos de todos”. Aunque parezca mentira, no hablaba de dirigentes de asociaciones empresarias.

Emprendedorismo

Es imprescindible leer la discusión entre el titular de La Bancaria, Sergio Palazzo, y el emprendedor favorito del gobierno de los CEOs, Marcos Galperín, a la luz de la descripción que presentaron hace menos de dos años Hernán Vanoli y Alejandro Galliano en la Revista Crisis. “¿Qué hace Marcos Galperin? ¿Es un genio de las computadoras, un hábil mercader, un visionario? Más bien podría ser pensado como un banquero de segunda generación. Luego de formarse en Estados Unidos, antes de volver al país y al igual que el ex ministro de Hacienda Alfonso Prat Gay, Galperín pasó un año trabajando para el Banco JP Morgan. Este es un punto fundamental para entender lo que viene en relación a Mercado Libre: como Jeff Bezos, dueño de Amazon, Galperín no es un ingeniero ni un programador, sino un especialista en inversión financiera. De las finanzas viene Mercado Libre y hacia las finanzas va”, escribieron en noviembre de 2017 para esa emblemática publicación bajo el titulo “La niña bonita del LibreMercado”.

Mercado Libre vale, por su cotización en la bolsa de NY, 29 mil millones de dólares. Cinco veces más que YPF. Trabajan 3500 personas en la Argentina, distribuidos en las oficinas de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Mendoza, Santa Fe, Paraná y Rafaela. En la petrolera, en cambio, la plantilla total de trabajadores alcanza los 14.000. Cuatro veces más. En términos de valor de mercado, MeLi sólo es superada por Techint, cuya cotización asciende a 33.500 millones en moneda estadounidense si sumamos los 26.400 millones por Tenaris y los 7.100 millones por Ternium-Siderar, sus dos principales subsidiarias. Pero, otra vez, la capacidad de generar empleo de esta firma es muy superior a la Fintech: 20.000 personas trabajan en Argentina de los 55.000 laburantes que tiene a nivel global.

¿Generación de empleo? Más bien poco… Ahora veamos las condiciones.

El portal Openqu.io, para visitar un territorio confortable de aquellxs con mentalidad emprendedora, se describe como una plataforma colaborativa en la que empleados y ex empleados pueden calificar y escribir reseñas anónimas para brindar información de calidad sobre las empresas. Allí nos cuentan cómo es trabajar en Mercado Libre en dos columnas: los pros y los contras.

Empecemos por los últimos. Además de muchas referencias a los bajos salarios, se destacan algunas repeticiones de estas voces anónimas:

-“Guardias, no pagas”.

-“Deploys en horarios nocturnos o de madrugada que no cuentan como horas extra”.

-“Los seniorities no están claramente definidos y menos aún cómo ascender”.

Dice alguien que anda por ahí. Y otro apunta:

-“Casi imposible crecer”.

-“Líderes con mal trato”.

-“Poca actualización salarial”.

Un tercer testimonio, de varios, precisa:

-“Tenés guardias no pagas 7×24 y al otro día tenés que cumplir el horario igual”.

– “Vivís para la compañía y horas extras, olvidate”.

-“Aumento del 5% y te lo dice el mismo CEO, si no te gusta, andate”.

El paraíso de la transparencia no sirve para comer. Los pros de trabajar en el emprendimiento estrella de la Argentina, además de la infraestructura y tecnología, siempre están asociados al futuro: “Oportunidades”, “Posibilidad de crecimiento”. Son, como diría la vicepresidenta argentina, “aspiracionales”.

Luego, la ventaja más repetida por empleados y ex empleados aparece asociada a la flexibilidad y el home office. Ese concepto que permite a los patrones dinamitar los límites de las jornadas de labor bajo la ilusión de que cada trabajador administra su propia explotación.

Cuando Galperín le dijo a Palazzo que pedir la representación de los empleados de una Fintech le resultaba violento, la Asociación Bancaria emitió un comunicado en respuesta señalando “la violencia del fraude que supone negarle las condiciones de nuestro Convenio Colectivo a sus trabajadores, imponiéndoles salarios y otras condiciones laborales que no son las que corresponden”.

Galperín quiere que sus empleados a lo sumo accedan al convenio de “empleados de comercio”. Sin embargo, cuando en 2011, estos quisieron realizar una elección de delegados, la empresa fue poco amigable. Les envió telegramas de despido a todxs lxs postuladxs para representar a sus compañerxs. Según distintas crónicas periodísticas, el gran emprendedor no tuvo reparos en sentarse a negociar con el secretario General de ese gremio, el “Gitano” Armando Oriente Cavalieri. El CEO le hizo una propuesta que el sindicalista no pudo rechazar: cobrar una deuda de 900.000 pesos a cambio de no respaldar las elecciones de delegados. La Justicia laboral, claro, no convalidó el acuerdo (ver, asimismo, nota El fallido acuerdo de Mercado Libre con Cavalieri para no tener delegados en LPO).

Los sindicalistas sólo son feos, sucios y malos cuando no se adaptan a sus intereses.

Sin embargo, no siempre Mercado Libre es una empresa dedicada al comercio. Cuando de contribuir al bien común por la vía impositiva se trata, deja de serlo para recibir los favores del Gobierno actual y el anterior, que le permiten ahorrarse el 70% de los aportes patronales y el 60% del impuesto a las ganancias por acogerse a los beneficios de ley de promoción de la industria del software y servicios informáticos. Pero tampoco paga el salario de convenio de la Unión Informática. “¿Cuántas veces en nuestra historia elegimos el camino del atajo?”, se preguntaba el presidente Mauricio Macri en la última apertura de sesiones ordinarias del Congreso Nacional. Su amigo Galperín los agarra a menudo.

Libertad

“Reincorporame a la gente que echaste ya mismo”, dice el Tigre Verón. Y listo. Cuarenta segundos en tiempo real de maltrato al dueño del frigorífico bastan para dar marcha atrás con 53 despidos. Así de fácil. La dictadura del proletariado sin la mediación de ningún soviet supremo, ni comité central, ni nada de nada. El sindicato impone. Lo único que no puede vencer el poderoso es el antojo de la muerte. Por eso, llora Miguel Verón, impotente y furioso, ante la cama de su madre que se muere sin permiso en la sala de guardia de un hospital. Tres rivales tiene el sindicalista mafioso en el primer capítulo de la serie: el empresario débil al que se coarta con violencia su libertad de dejar gente en la calle; la muerte, demasiado poderosa aún para él, capaz de igualar reyes y dictadores con esclavos y marginales; y, por fin, la fiscal Raimundi, su verdadera antagonista, la representación de la Justicia.

Una semana antes del estreno, un representante de los trabajadores, Hugo Yasky, insistió con la sanción de una ley antidespidos. Exigencia sin sentido en el país del Tigre Verón. Cuando Macri argumentó en 2016 el veto de la primera Ley Antidespidos aprobada por las dos cámaras del Congreso lo hizo con la mirada puesta en la libertad de ese empresario débil. “Ellos -dijo entonces el presidente- creen que los argentinos no podemos vivir en libertad, y por eso nos proponen leyes que congelan el empleo, cepos al trabajo, (…) tienen miedo a que podamos ejercer esa libertad, y por eso es que proponen leyes que apuntan a que no podamos avanzar, que desconfían de lo que somos capaces los argentinos”, sostuvo. La libertad de despedir es uno de los principales valores del (neo)liberalismo. “Queremos despedir sin causa ni motivo a cualquier empleado”, graficó Julio Crivelli, presidente de la Cámara de la Construcción, en apoyo al proyecto de Reforma Laboral macrista que blanden por estas horas.

El 9 de julio de 2016, ante el “querido Rey” de España, un reluciente Macri arengaba a trabajar más horas porque “cada reducción de la jornada horaria que consigue un gremio es un costo que pagamos todos”. ¿Todos? Ese nosotros inclusivo siempre fue un sinceramiento de su enunciación patronal. Todos somos empresarios de nuestro propio capital humano. La libertad de invertirlo como queremos se ve asediada por la intervención estatal, las regulaciones y, claro, el poder del Tigre Verón.

2019-07-16T15:40:50+00:00 16 julio, 2019|II, Opinión|