Fan, fan, fan

Por Mariano Wiszniacki
@marianwis

Reflexiones sobre la forma de repolitización de los últimos años. Los empoderados, la política y el tiempo.

Foto: Mariano Campetella

Primero fueron los blogs de la 125, luego vino el 678chismo y, conjuntamente, la explosión de las redes sociales. Los sectores medios argentinos atraviesan desde hace unos años una suerte de re-politización particular. Claramente, hay más jóvenes que se incorporaron a la militancia política de modo orgánico, recuperando tradiciones de participación que habían quedado bajo la alfombra de la derrota de los setenta. Emergieron, desde abajo y desde arriba, agrupaciones de todo tipo y color, que han poblado el peronismo desde la renovación kirchnerista pero también ocurrió en otros espacios, incluido por supuesto el macrismo.

Pero ese no es el único modo en el que la re-politización se dio. Una vuelta a tomar la calle, de un lado y de otro, con las cacerolas, los actos masivos, las mateadas en los parques, la puesta del Bicentenario. En definitiva, con manifestaciones que reúnen en general a conjuntos de personas no agrupadas, inorgánicas y cuya única unidad con lxs otrxs es la demanda que encarnan. Estas expresiones se han retroalimentado del uso masivo y explosivo de las redes sociales. Durante los últimos tiempos, emergieron grupos de Facebook que resisten con aguante y no reconocen organicidad, el intercambio y la disputa sarcástica de los líderes de opinión del Twitter, los grupos de Whatsapp donde se reenvían memes y noticias sin chequear -e ininterrumpidamente-, las fake news replicadas y las noticias envasadas y digeridas por medios online más pequeños. Los sectores medios urbanos viven esa forma de politización e incluso de toma de posición que excede la posibilidad de encauzamiento de los espacios y dirigentes políticos.

Este proceso le ha dado más de un dolor de cabeza a los dirigentes y a las orgas, acostumbradas a formatos establecidos para la toma de decisiones, los consensos, la comunicación pública de sus posicionamientos. El empoderado, esa novedad de nuestro tiempo, es ese sujeto que bombardea a propios y ajenos compartiendo materiales desde las redes sociales, que habla en la fila del supermercado sobre las ventajas de votar a un candidato o señala los errores del gobierno actual, pero que no se siente cómodo ni con ganas de participar de reuniones en locales de agrupaciones políticas donde se debaten y acuerdan líneas de acción, donde se realizan talleres de formación o actividades programadas. El empoderado, a diferencia del militante orgánico, no reconoce jerarquía y se siente con derecho a ejercer su libertad de expresión en todo momento y, muchas veces, sin reconocer tácticas o estrategias o distinguir los tiempos de la política en los que a veces conviene pegar y otras veces hacer sotto voce. El empoderado es antetodo emotivo, se indigna y vomita sin ton ni son su indignación. Otras veces se enamora de lo icónico y no puede separar a la figura del fondo. En otras oportunidades, cae fácilmente en las operaciones de los rivales políticos o convoca a defender a un juez.

La dirigencia política hoy no puede sustraerse de este fenómeno. CFK llamó cuando promediaba su mandato a empoderarse y su prédica tuvo efecto. A medida que las mediaciones políticas le iban dando la espalda, creció su liderazgo al punto en que su discurso final del 9 de diciembre de 2015 o su principal acto de campaña en el estadio de Arsenal, en 2017, se realizó con la ausencia de banderas o estandartes de representaciones políticas, gremiales y sociales y en aras de poblarse de ciudadanos de a pie.

El empoderado es antetodo emotivo, se indigna y vomita sin ton ni son su indignación. Otras veces se enamora de lo icónico y no puede separar a la figura del fondo.

Por lo bajo, mucha dirigencia peronista –y los propios militantes- refunfuñan contra los empos que se mandan a tirar un baldazo de agua fría a caceroleros desde un edificio o se comen rápidamente el amague de la becaria CONICET que va a un programa de TV a pedir dinero para su investigación, pero termina reunida con el presidente Mauricio Macri y legitimando su política de desfinanciamiento de la ciencia.

El dirigente político es pro-sistema, necesita al sistema y sus representaciones, sus tiempos, sus formas, entiende que hay veces que hay que tragar sapos y, otras veces, apostar a ganador. El dirigente político se guía por otras lógicas, diferentes, necesita armar una lista que le permita ingresar (de consejeros escolares a senadores) y sostener una estructura. Esa es su verdad número 1. Primero se garantiza entrar, luego se definen las acciones. El empoderado, por el contrario, si bien es el eje de una re-politización actual en la sociedad, tiene cierta tendencia antisistema, desconfía de esos procesos y lo gana la épica y las grandes gestas, aun cuando lo que crea que es una batalla sea un mero espadeo. La convivencia no es fácil. Máxime porque, a diferencia de aquel que expresa sin vergüenza su antipolítica, el empoderado se autorreconoce politizado, portador de información de primera mano (aun cuando esa data venga envasada y masticada) y con derecho a ser escuchado por aquellos con quienes se siente representado. En este sentido, el macrismo y su discurso de lo nuevo de la política han convivido mejor durante largo tiempo con el pseudo despolitizado y el cacerolero.

Se vienen tiempos de armados de listas. Se vendrán disputas también por el sentido: que si este fue sanguchito, que si el otro fue un traidor, que el otro votó en contra tal ley. La comunicación política, particularmente en campaña, está repleta de gestos y mensajes diferenciados. Necesita combinar acciones comunicacionales que, a veces, son para el común de la ciudadanía, otras para el núcleo propio, otras para el rival, otras para el propio sistema de la política. En momentos saturados del vocablo unidad, se vienen desafíos importantes para lograr encauzar esa energía del empoderamiento sin que ésta haga cortocircuito con las decisiones que, ineludiblemente, no se tomarán con una placa violeta de fondo en Facebook.

2019-05-16T17:54:12+00:00 16 mayo, 2019|II, Opinión|