Peligrosa obsesión

Por Luciana Glezer
@lucianaglezer

La corrida fenomenal contra los activos argentinos es la consecuencia de la implementación de un modelo económico de apertura total a los flujos financieros, endeudamiento desenfrenado, contracción monetaria y recesión autoinflingida.

La tensión en el mercado de cambios es una negociación cuchillo al cuello que pone contra la pared al Gobierno. Abril, mayo y junio son los meses de liquidación de la cosecha. La única entrada genuina de dólares, la vía comercial, donde la participación mayoritaria y el control de la situación están en manos del sector agroexportador, que presiona por subir el precio de la divisa. Al calor de esta puja, los inversores tienden a dolarizar sus carteras, salirse de posiciones en pesos. Así, se que produce una inmediata baja del precio de los bonos locales inversamente proporcional al riesgo país, que perforó el techo de los 1000 puntos básicos.

“Esto era previsible, son los frutos de la timba financiera”, afirma Mercedes Marcó del Pont, ex presidenta del Banco Central de la República Argentina, y describe la corrida como parte de un modelo de una apertura total a los flujos financieros, con un endeudamiento descontrolado que colocó al país en un ineludible default al subordinarse a los intereses del Fondo Monetario Internacional. “Sabíamos que iba a pasar con sólo mirar los datos de fuga de capitales, dólares requeridos por una cantidad reducida de personas físicas y jurídicas”, completa. La cifra se aproxima a los 5 mil millones de dólares en lo que va del año.

A pesar de la artillería pesada que desplegó el Banco Central, con la brutal suba de la tasa de interés -que se ubicó por encima del 70 por ciento-  y la fortísima intervención en el mercado de dólar a futuro, el dólar  subió más de un 3 por ciento, marcando así un nuevo récord histórico y ubicándose alrededor de los 46 pesos.

2019-05-20T10:45:22+00:00 25 abril, 2019|Economía|