Nadar con tiburones

Por Luciana Glezer
@lucianaglezer

En plena negociación por la restructuración de la deuda, se muestran los dientes. Entre las partes, acechan cual sanguijuelas los intermediarios. El doble rol del HSBC, portador de un prontuario más que extenso.

Tablero sádico

Argentina torea en la estocada del complejo entramado de la deuda externa. Varios frentes, múltiples jugadores. Organismos multilaterales, grandes fondos de inversión, agentes financieros y más de un funcionario público como interlocutor no legitimado. Por eso, el presidente Alberto Fernández tuvo que hacer explícita la orden que fuera solo Martín Guzmán quien hablara con los acreedores privados.

El olor a sangre emerge en el actual período abierto de negociación con los bonistas.  Sangre FX, porque un posible acuerdo resulta el mejor escenario para ambas partes.

De todas formas, en el marco de la tensión propia de una negociación en curso las partes muestran los dientes. Aún dada cierta flexibilidad en las cuerdas.

El Gobierno reservó un margen para mejorar la oferta. Del lado del oferente queda espacio para discutir el valor presente neto de los papeles y acomodar un toque la tasa de salida. Para los fondos inversores, la poca quita de capital que propone Argentina es un guiño para dibujar los balances y evitar la inapelable admisión de pérdidas. Además, se suma el contexto Covid19, con caídas generalizadas de las cotizaciones en el mundo, salida masiva de capitales de las economías emergentes y títulos de deuda soberana que ya están a precio de default.

Actores promiscuos

Pero la refriega por la deuda involucra nudos de relaciones promiscuas. Para la renegociación de esta parte de la deuda, el Ministerio de Hacienda requirió intermediarios. Desde la Secretaría de Finanzas, se informó la contratación de un asesor financiero, Lazard, y dos agentes colocadores, Bank of America (BOA) y HSBC, en el marco de la “Restauración de la sostenibilidad de la deuda pública emitida bajo ley extranjera”. Polémico. Dudas sobre la necesidad de ceder asesoría, información sensible, fondos y decisiones a esas entidades extranjeras.

Desde el Gobierno, afirman que la elección del BOA y el HSBC tiene como objetivo excluyente que esto se termine comiendo perdices. Cuenta Juan Nápoli,  personaje reconocido de la city porteña, presidente del Banco de Valores y miembro del grupo de activismo por Whatsapp “Nuestra  voz”, donde participan un poco más de 250 empresarios -entre los que figuran nombres de peces gordos del poder económico, como Marcos Galperin, Eduardo Eurnekian o los niños Bulgheroni-, cómo fue su internveción para que el HSBC coronara como intermediario frente a los bonistas: “Yo era vecino de Alberto Fernández cuando él todavía vivía en Puerto Madero. Pero lo conozco hace muchos años.  Y con todo respeto, me permití hacerle una sugerencia”. “Vos andá a verlo a Gerry Mato”, le dijo –como quien aconseja a un amigo- en un ascensor del River View, cuando el entonces presidente electo todavía no asumido bajaba a pasear a Dylan. A la semana, el amigo de Napoli del HSBC de Nueva York fue visitado por Sergio Massa y José Luis Manzano.

Ya en los primeros días de marzo, Mato aterrizaría en Buenos Aires para hacerse cargo de la tarea que le encomendó Guzmán al HSBC. Lobby de barrio. Pero, como si fuera poco, Nápoli pertenece al grupo de acreedores de la Argentina.

El club de prestamistas y dueños de bonos argentinos se encuentra atomizado, y refleja una imagen de composición heterogénea. De todas formas, se puede ver con nitidez a los más poderosos, esos que poseen las acreencias más voluminosas. Allí despuntan firmas financieras que administran capitales de instituciones, estados y grandes fortunas de personas, entidades nacidas al calor de la crisis del 2008 por el derrumbe de los bancos tradicionales. Estas son: Allianz, con 1670 millones de dólares; Fidelity, con 1650 millones; Blackrock, con 1500 millones. Al continuar con este ranking de apostadores, sorprende el sexto puesto ocupado por el HSBC, acreedor de 470 millones de dólares. El mismo HSBC contratado “a sugerencia del vecino” como intermediario.

Porno prontuario

En 2015, la sede local del HSBC se vio involucrada en el fenomenal caso de lavado de dinero denunciado en Francia por el arrepentido Helver Falciani, sobre 130 mil cuentas de evasores fiscales. El Grupo Clarín encabeza la lista de los argentinos con cuentas. Poseía una a nombre de Cablevisión por US$ 85.212.848 y otra bajo la inscripción de Multicanal por US$ 20.879.626. La lista continúa con el Grupo Fortabat, con US$ 101.306.936; la generadora termoeléctrica Central Puerto, con US$ 82.277.040; Telecom Argentina, con US$ 18.822.872; la compañía bursátil Caja de Valores, cuyos principales accionistas son la Bolsa de Comercio de Buenos Aires y el Mercado de Valores (MerVal), con US$ 17.625.840. También aparecen la empresa de lácteos Mastellone Hnos, con US$ 16.272.217; LKM Laboratorio, con US$ 13.983.849; y la mendocina Angulo, fundadora de los supermercados Vea, con US$ 12.880.864. Otras empresas que figuran con cuentas mayores al medio millón de dólares son la textil Zeitune e Hijos, con US$ 9.101.249; la cementera Loma Negra, propiedad del grupo brasileño Camargo Correa, con US$ 6.949.722; la distribuidora eléctrica Edesur con US$ 4.136.331; y la Central Térmica Güemes, del Grupo Pampa Energía, con US$ 4.120.772.

Cuando esta información salió a la luz, facilitó mucha data a la investigación sobre la documentación perdida en el incendio intencional del depósito Iron Mountain. Se confirmó por aquella pesquisa que allí se quemaron más de 25 mil cajas pertenecientes al banco HSBC. Pero el dato más llamativo es que más de una veintena de las mismas llevaban el rótulo “Lavado de Dinero” o “Lavado de Dinero Premier” y otras mencionaban la palabra “blanqueo”. La información es producto de un detallado cruzamiento de datos de las empresas que archivaban en Iron Mountain y que cotizan o cotizaron en Bolsa, elaborado por el área Mercados y Capitales de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac), en base a detalles recibidos por parte de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

En ese entonces, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se puso al hombro la cruzada contra el accionar delictivo del banco en el país. Alejandro Vanoli, titular de la Comisión Nacional de Valores durante aquellos días de mandato kirchnerista, pidió la cabeza del presidente de la entidad crediticia, Gustavo Martino, e impulso multas de varios millones de pesos y varias denuncias judiciales. La avanzada fue frenada inmediatamente después de la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada.

Martino fue el banquero preferido de Cambiemos. Volvió a asumir la conducción del HSBC, participó en la mayoría de las emisiones de deuda y hasta colocó a la vicepresidenta de la Unidad de Información Financiera (UIF), la entidad pública que se encarga de combatir el lavado de dinero, delito por el cual estaba acusado.

Durante el gobierno de Cambiemos, Martino era prácticamente ministro sin cartera, y actuaba como consejero presidencial y tenía acceso directo tanto a la Quinta de Olivos como a Los Abrojos. Cuando perdió la elección, el HSBC decidió desplazarlo como un gesto para descomprimir la relación con Fernández. Ahora, Martino es el responsable regional del banco.

2020-04-27T17:13:50+00:00 27 abril, 2020|Economía, II|