“Macri no labura lo que tiene que laburar”

Por Luciana Glezer
@lucianaglezer

Diego Bossio es un personaje activo en las polémicas que se generan sobre la identidad política. En su despacho del Congreso, recibió a Revista Kamchatka con los brazos abiertos y activó todas las herramientas para que el encuentro sea descontracturado. Tiró buena onda con lenguaje informal pero no eludió definiciones nítidas sobre cómo piensa el país.

Foto: Eduardo Fisicaro

¿Cómo explicarías la crisis que atraviesa Cambiemos actualmente?
No soy analista político pero, como dirigente, veo que en la Argentina hay crisis coyunturales y crisis estructurales. Por un lado, se arrastra una crisis social muy grande, que se está agravando. Uno de cada tres argentinos no tiene formalizado el trabajo y cinco de cada diez niños nacen bajo la línea de pobreza. Hay una situación social muy débil desde hace muchos años, que va teniendo vaivenes de acuerdo a cómo vayan las variables económicas y macroeconómicas.
A este cuadro estructural de crisis se le agrega una crisis económica muy concreta: 11 puntos de déficit fiscal y déficit en cuenta corriente. Es decir, el fisco requiere endeudamiento, con una balanza de pagos muy complicada ante importaciones por encima de las exportaciones, y hay que agregar intereses de deuda y la necesidad de pagar viajes turísticos al exterior, que en términos netos es un número muy grande. Todo eso está configurando una crisis económica que está poniendo muy fuertemente en cuestionamiento el modelo productivo argentino. No nos da para sostener estos déficit gemelos, lo que repercute en una crisis política que también tiene un carácter estructural y un carácter coyuntural. Para lo estructural, hay que retrotraerse al 2001, cuando se quebró el modelo de convivencia. Se rompió el bipartidismo, la representatividad, la confianza, la legitimidad de las instituciones frente a la sociedad. Luego, vino un proceso de recuperación de la figura presidencial con Néstor Kirchner y con Cristina Fernández haciendo cosas y resolviendo temas, que no fue un reverdecer sino más bien un acomodamiento, una búsqueda de aire que nuevamente chocó contra un nivel de legitimidad muy bajo a nivel representación, coherencia e identificación de la sociedad con una clase política que le pueda dar soluciones. Esta crisis política se viene profundizando, con malos resultados económicos, frustración, desencanto. El Gobierno empieza a tener dificultades no sólo desde el punto de vista de la administración sino también desde el punto de vista social. Y aunque Cambiemos tenía la expectativa -me animo a decir la soberbia- de que ganaba con triple reelección de Vidal, Larreta y Macri, y a tal asunto lo veía apenas como una simple cuestión de tiempo, hoy se encuentra en una encerrona muy grande. Para peor, frente a eso corta los canales de diálogo. No logran reconocer errores, no logran acertar un diagnóstico de la situación y no dan lugar a otras expresiones políticas. Los acuerdos entre los que piensan igual son fáciles, lo difícil es liderar el consenso entre los que piensan distinto. Ese es el gran desafío que tiene el Gobierno, en un contexto económico muy complejo. El ejemplo de esto fue lo que paso con la ley de tarifas. Nos tuvimos que comer varios editoriales impulsados por (Jaime) Durán Barba. Ellos entienden que sólo ellos tienen que gobernar y, si nosotros tenemos una postura distinta, somos demagogos, antidemocráticos, lo peor de la política, el problema de la Argentina de los últimos 70 años.
Yo creo que Mauricio Macro no labura lo que tiene que laburar. Le falta cariño y amor para una Argentina distinta.

¿Cuál es tu lectura sobre el acuerdo con el FMI? ¿Creés que la institución tuvo una renovación luego de la crisis mundial del 2008?
Como todas las instituciones, van mutando. No creo que sea lo mismo Strauss Kahn que Rodrigo Rato o Madame Lagarde. Ella me parece mucho más refinada, mucho más viva. Antes, el Fondo directamente decía lo que había que hacer, y ahora evalúa propuestas.
Con el FMI no se discute endeudamiento, lo que se discute, en definitiva, es un programa, condiciones macroeconómicas. No sé sí es bueno o malo el Fondo, es una herramienta que sirve sólo si efectivamente vos estás en una crisis terminal. Hay una necesidad por parte de este gobierno de conseguir el financiamiento para fortalecer la confianza. Entonces, lo que se está demostrando es que la situación de la Argentina era mucho más compleja de lo que nos venían diciendo. Acá, Marcos Peña venía a decir que estaba todo bien, que había solidez, que contábamos con la ayuda del mercado financiero internacional, que nos habíamos integrado al mundo. El gobierno de Macri venía contando una historia que no era como ellos creían. Es cierto que cambió el escenario internacional pero, ¿tan abruptamente cambió?

Dada la coyuntura, ¿se tensiona el vínculo hacia adentro de los sectores dominantes?
Yo no sé si hablar de sectores dominantes. Lo que sí es que tienen una lógica de gobierno sin la sensibilidad de un gobierno peronista. Carecen de sensibilidad para comprender lo que pasa. Gobernar es priorizar. Desde los sectores de la economía local hay al menos advertencia de impericia. Sin ir más lejos, Luis Pagani, presidente de Arcor, lamentaba que tuviéramos que importar tomates. Me cuentan los empresarios que cuando van a ver a los funcionarios, les hablan de JP Morgan. El apoyo era para el mejor equipo de los últimos 50 años, que venía a ordenar los temas con mucha transparencia, con mucha cultura, con mucha mochila moral, que venía modernizar la economía. Una vez solucionado la deuda con los holdout y garantizado el blanqueo, lo que vemos es que siguen teniendo la plata afuera. Aún compartiendo ciertos objetivos con el Gobierno, como la prudencia fiscal, no hay coincidencias en el camino. Ellos van por la confianza, y nosotros por el crecimiento. Son incapaces de volver a poner a la Argentina en crecimiento.
Tenemos que discutir modelos de desarrollo. La industria es condición necesaria pero no suficiente. El mundo está yendo hacia una economía de servicios. Hay una crisis del mundo del trabajo. No va a haber trabajo. Lo vamos a tener que inventar. Esos servicios pueden contener mayor o menor valor agregado. El ejemplo es el turismo. Tenemos un déficit de 11 mil millones de dólares en turismo, la Argentina no lo puede sostener. Deberíamos generar dólares en materia de turismo.

Te toca ser el diputado que se encuentra al frente de la comisión que supervisará los Proyectos de Participación Público Privada, ¿qué futuro le ves, en consecuencia, a los PPP?
Creemos en la herramienta. Nosotros no queremos que fracase. Es un modelo al que llegamos tarde, y en algunos lugares no funcionó. Por eso vamos a controlar cada uno de los pasos. Lo importante es que las excepciones que se hagan sobre la obra pública no terminen en juicios multimillonarios en contra del Estado. Nuestro rol es muy importante. Controlar que las obras se hagan, que se modernice efectivamente la infraestructura. En ese sentido, nos preocupa una cláusula que dice que, si la construcción de una ruta afecta al peaje preexistente en el lugar, hay que indemnizar. Además, vamos a pedir la opinión del Fondo respecto a esta figura de la asociación público-privada. Queremos saber si se computa o no como deuda. El PPP funciona donde hay mercado y resulta rentable.

Quedaste en el centro de la tormenta desde la votación por el pago a los holdout. ¿Sentiste contradicción?
Fue un error del gobierno anterior no cerrar el capítulo de la deuda, más allá del capítulo estelar de saldar FMI, los canjes y, en mucho menor medida, Repsol, El Club de París y el Ciadi. Pero quedaron los buitres. Y una sentencia en contra hay que resolverla. En lo personal, en su momento trabajé con Juan Carlos Fábrega (ex presidente del BCRA) para avanzar en ese sentido, pero la disputa política hizo que ganara otra ala del gobierno.
Tengo mis dudas sobre la estrategia de defensa del país y sobre el arreglo final al que se llegó. Desde la Anses nos manejamos con otro estudio de abogados y les ganamos. Pero no discuto que Argentina debía resolver su litigiosidad. La Argentina del 2016, hubiera ganado quien hubiera ganado, iba a tomar una decisión de esa naturaleza. No soy hipócrita. Pero tampoco la solución era pagarle a los buitres para vivir de prestado y, menos, para expandir el gasto en lugares innecesarios. Si ganábamos nosotros era para generar confianza e incentivar la revolución productiva… suena a menemista (risas) pero perdimos. Perdimos. Y algunos tienen más responsabilidad que otros.

Has dicho que la polarización le sirve a los que antagonizan pero reduce la representación de los que no participan de ese conflicto, ¿sentiste alivio cuando culminó el mandato de Cristina Fernández?
Claramente, se dieron todas las condiciones para una representatividad por encima de la grieta. Estoy convencido que la grieta es un invento del macrismo, ahora usufructuado por otros espacios dentro del peronismo. Tiene una lógica electoral y no resuelve ningún problema.

¿Qué chances tenemos de ganar el mundial?
Eso no lo sé, pero me están llamando mucho de la embajada de Israel (risas).

2018-07-16T16:24:17+00:00 13 julio, 2018|Economía, II|