Los flujos financieros de América Latina

Por Magdalena Rua*

Itinerarios de los capitales en fuga. Agentes que intervienen, reductos de acogida y cifras que comprometen la economía de los países emergentes.

A pesar del escandaloso protagonismo de la banca internacional en la crisis financiera y en los casos de corrupción privada más notables de los últimos tiempos, su rol como promotora de los flujos financieros ilícitos continúa intacto, lo cual atenta contra el desarrollo sustentable de las economías periféricas -que ven drenar su ahorro doméstico hacia los principales centros financieros-.

Los bancos globales son un vital agente facilitador de los flujos financieros ilícitos desde los países en desarrollo hacia los centros financieros offshore de las principales economías del mundo. Una de las unidades de negocio más rentables de las entidades crediticias es la de “private banking” (banca del secreto) y su servicio “wealth management” (administración de riqueza), que brinda asesoramiento a los clientes de alto patrimonio gestionando sus activos en guaridas fiscales.

La fuga de capitales ha devenido en una problemática estructural para los países de América Latina y los bancos globales se han desempeñado como un eslabón clave para la salida de divisas a lo largo de los últimos 40 años. Este fenómeno afecta drásticamente el desarrollo de las economías latinoamericanas, siendo que entre 1980 y 2017 solamente en 6 países de la región (Argentina, Brasil, Chile, México, Venezuela y Colombia) se han fugado más de 2 billones de dólares (estimados mediante el método residual de la balanza de pagos), con un promedio de salida anual de 54.000 millones de dólares. Considerando que las reservas internacionales de estos 6 países suman alrededor de 700.700 millones de dólares en 2017, es posible afirmar que los flujos financieros de estos países representan aproximadamente 3 veces el cúmulo de activos de reserva de los que disponen.

Si bien las guaridas fiscales tradicionales, como las islas del Caribe, poseen una participación considerable en este mercado, la mayor parte de la riqueza offshore global es administrada por los países desarrollados, que gestionan los centros financieros más importantes. Según un informe de The Boston Consulting Group, en 2016 Suiza manejaba un 23% del mercado financiero offshore; Reino Unido, 13%; las Islas del Canal e Irlanda (muy vinculados a Reino Unido), 11%; Estados Unidos, 9%; Hong Kong, 8%; Singapur, 12%; Luxemburgo, 4%; y Caribe y Panamá, 13% (enfatizando que son territorios de influencia Británica y Estadounidense).

Es así que los principales destinos de los flujos de divisas de América Latina son las plazas financieras de los países centrales. Los destinos más favorecidos son tres: Estados Unidos recibe un 29%; Suiza, un 27%, y las guaridas fiscales del Caribe y Panamá reciben otro 29%. En menor medida, los flujos se dirigen a Reino Unido, Dublín, Jersey y Guernesey, Luxemburgo y otros.

En este contexto, los intentos de regulación global que promueven los organismos internacionales -tales como el intercambio automático de información financiera entre Estados, la creación de registros públicos de beneficiarios finales de sociedades, trusts e instrumentos similares, legislaciones que protejan a los denunciantes internos en los casos de corrupción privada- podrían contribuir a la construcción de un sistema internacional más transparente, pero encubren las verdaderas raíces del estado de situación actual. El sistema financiero internacional vigente, enmarcado en la liberalización financiera y la desregulación de los flujos de capital, fue moldeado por los países centrales únicamente en beneficio de sus propios intereses económicos y políticos, y no hace más que profundizar los problemas de escasez de divisas y el desequilibrio externo de los países periféricos, perpetuando su dependencia externa.

 

*Contadora Pública (UBA), Maestranda en Economía Política (FLACSO), Investigadora de delitos económicos en el Ministerio Público Fiscal, Docente en FCE – UBA, Investigadora del Dpto. Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.

2018-07-15T22:51:12+00:00 15 julio, 2018|Economía|