PARA EL PUEBLO, PEOPLE 20

Crónica de una contracumbre

Por Luciana Glezer
@lucianaglezer

La Ciudad de Buenos Aires fue sede de la primer conferencia People 20, una red de universidades, centros de investigación y sindicatos que comparten el objetivo de discutir de manera propositiva una nueva cooperación internacional de cara a una nueva Cumbre del G20 y ante la pasividad pública del organismo, que no tiene mucho más que mostrar que maquillaje y foto de familia.

Las economías nacionales de todos los países están condicionadas por las finanzas globales, tal como la afirma el FMI. El G20 es un sello parido por las crisis producidas por esta globalización. Si bien al principio fue un mero agrupamiento de técnicos económicos para dar respuesta a la crisis financiera de 1999 en Asia, cobró forzadamente rango presidencial en 2008, ante la gran hecatombe. Cuando cayó Lehman Brother, los presidentes de veinte países se reunieron de urgencia en Washington para conformar una suerte de comité de la economía mundial. Desde ese momento, los mandatarios del G-20 se han reunido doce veces y proyectan hacerlo en Buenos Aires, próximamente.

La lectura que hace People 20 del encuentro de los presidentes más poderosos del mundo no genera muchas expectativas. “No han logrado articular una respuesta satisfactoria en términos económicos, sociales, ambientales ni productivos. Peor aún, los problemas distributivos se han profundizado y han sido el caldo de cultivo para el avance electoral de candidatos y partidos políticos que expresan falsas soluciones a los problemas de nuestros pueblos”, repiten sus impulsores. Por eso, el objetivo de People 20 es doble. Por una parte, busca fortalecer la cooperación internacional desde un paradigma alternativo. En segundo lugar, avanzar en la construcción de una agenda común de propuestas y políticas públicas concretas que hagan compatible la economía global con las democracias nacionales, desde una mirada que tenga en su centro la construcción de sociedades verdaderamente igualitarias. “Esta agenda debe ser debatida por los pueblos y para los pueblos, por eso nuestro espacio eligió organizarse como People 20 (Pueblo 20)”, expresaron en su jornada fundacional.

La mira está puesta en las inequidades del comercio y el sistema financiero mundial. Reflexivos sobre las deficiencias organizativas de una sociedad desigual, se mueven tras la pregunta de por qué será que ganan pocos y pierden muchos.

Marcelo Bruchanski, licenciado en Economía y magíster en Relaciones Económicas Internacionales, se refirió a la urgente necesidad de reformar el sistema financiero internacional. “Basta ver la diferencia entre pasivos y activos externos que tiene cada economía para ver con claridad la restricción externa financiera”, argumentó. Esto quiere decir que los flujos de capital van hacia donde pinte el mejor rendimiento y esta arquitectura garantiza la guarida fiscal. Los controles de estos flujos se vuelven imperiosos.

Para Pablo J. López, especialista en mercado de capitales, el G20 subestima, casi que niega, el problema de las deudas soberanas. Observa un peligroso cambio en su composición, con un avance notorio del sector público.

Además, reprocha que no se haya siquiera alcanzado un acuerdo sobre cómo medir un grado de endeudamiento aceptable, si por stock neto o como porcentaje o ratio del PBI. “Lo mejor sería medir intereses contra exportaciones porque eso te da la capacidad de repago pero eso ni siquiera se discute”, rezonga.

Según Magdalena Rúa, investigadora de delitos económicos en el Ministerio Público Fiscal, el G20 debería ir con todo contra los paraísos fiscales. “La mayor parte del dinero en negro está en Europa”, cuenta. Suiza y Luxemburgo concentran la mayor parte de la torta. Sigue la city de Londres y, en el tercer puesto, EEUU y sus influencias, o sea las Islas del Caribe.

La clase magistral de la jornada la dictó la rumana Daniela Garbor, doctora en Economía de la Universidad de West England, Bristol. Especialista en bancos y finanzas internacionales -en particular, bonos soberanos y regulación; economía política global, interconexión bancaria y su presencia en países emergentes o en desarrollo; y la financiarización-, definió el rol del Banco Central bajo la idea de que “debe ser un representante de las finanzas en el Estado, sino al revés: un representante del Estado en el mundo de las finanzas”. “Acá, en Argentina, ¿cómo es?”, bromeó.

2018-07-17T05:13:13+00:00 17 julio, 2018|Economía, II|