Corrida de toros

Por Emiliano Guido
@guidoesminombre

Cómo vive la City la tormenta económica. Por qué quieren comerse a los bancos.

Foto: Mariano Campetella

Desde el octavo piso de la torre Fortabat, los autos y peatones se ven chiquitos y dóciles, como juguetes avanzando a media pila. Ramiro Marra, un treintañero de cuerpo menudo y ojos chispeantes, el pelo intervenido con un color galáctico, comanda en esa porción del cielo suspendida entre el Luna Park y el Bajo porteño la unidad de inversión Bull Market. Durante media mañana, Marra hará de guía turístico a Kamchatcka en su bunker y explicará, pícaro y filoso, dos cuestiones que parecen relevantes en el inestable ecosistema criollo: cómo interpreta la City el delicado estado de la economía nacional y por qué la nueva generación de traders ansía comerse a especies modernas como los bancos e inmobiliarias.

Marra, se dijo, va a abrir todos los módulos de su amplia nave e insistirá en su camino con una idea: los brokers son limpios y no tienen nada por esconder. Durante la recorrida no se ven putas, enanos y cocaína. No es el trading floor de El lobo de Wall Street, el film que retrató la vida del famoso corredor de Bolsa Jordan Belfort. “Esto no es como las películas, todos drogados y a los gritos. Esto es mucho más pensante, y racional de lo que se cree. Si te drogás, acá no durás, porque no te va a dar la cabeza. Si un cliente importante te llama, va a querer datos precisos y finos, no podés tirar fruta. Nosotros tenemos que transmitirle calma a los inversionistas, no descontrol y furia”, aclara Marra y toma sacudones de agua, el pequeño termo sube y baja rápido de su boca. Lo hará constantemente en las próximas dos horas.

La primera estación de la visita, la oficina vidriada del Director, es un santuario donde Marra idolatra a dos pasiones suyas: Boca Juniors y los toros. Sobre lo primero dirá, sucinto: “Soy bostero y peronista”. El otro elemento, claro, es la camiseta oficial de Wall Street: “Cuando el mercado está en alza, se dice bull market porque el toro ataca para arriba. Una mala jornada se llama bear market, porque el oso ataca para abajo”, explica. Pero, en ese cuadrado y en todas las salas, saloncitos y pasillos de Bull Market, tiene mucha más presencia que Boca Juniors, los toros y los cuadros verde Olivos con frases de Rockefeller, el mayor dios de la nueva camada de brokers: internet, que -como se sabe- hace su corporación en pantallas. Los segmentos medios, medios altos o medios bajos, tocan diariamente a esa deidad en celulares del tamaño de un chocolatín. Pero Marra, y sus cachorros, pibes con un Máster en Finanzas recién salidos de la UCA o la San Andrés, más jóvenes qué él, y de aspecto más atildado -camisas y sweaters pasteles-, no son un grupo de pelagatos. Tienen pantallas de las más bonitas, grandes como el ojo de una ballena, o raras y rectangulares, como las que pispea Iron Man en la soledad de su casco. En esas láminas de neón, Marra y su equipo buscan lo mismo, todos los días, de 10 a 18 horas: chequear los flujos financieros e informativos.

En esas pantallas los números titilan, se encienden y aplacan, como golpeados de a ratos por una bola de flipper. Marra y sus cachorros no sólo miran cómo viene la Bolsa porteña o qué dice el gordito medio pelado que esa mañana le toca conducir el noticiero del canal Bloomberg. Tan importante, o más, que esas bocas de expendio informativo son, para ellos, Twitter, Facebook y Whatsappp.

“Antes, la Bolsa, era distinta. Tenías un recinto donde se voceaba todo el tiempo, se gritaba fuerte. Hoy ¿qué pasa? Como ya no nos reúne más el salón de la Bolsa, nos juntamos en otros lados. Acá tengo un grupo de Facebook de 30 mil personas que operan en bolsa. En este chat de Whatsapp somos 29 brokers, en esté hay 32 brokers, ahí también nos pasamos información, y boludeamos también, obviamente. Otra herramienta que se usa mucho, ahora, es el Twitter. Con mi cuenta busco informarme todo el tiempo porque sigo a gente que opera muy bien en Bolsa. La verdad, el Twitter es la base para un bróker. Si no manejás bien el Twitter, cagaste”, sintetiza Marra, que en su cuenta personal se define como “bostero, bolsero y soltero”.

Momento clave del paseo. Marra va a abrir el salón donde se juntan sus mejores cuadros una vez por semana a cranear cómo viene la cosa, para comprobar si de verdad va a haber un toro bufando en el mercado. Como suele suceder, la voz cantante la tiene Research -la unidad de investigación estratégica-. “En la placa estamos viendo cómo impacta el nuevo tipo de cambio en la curva de bonos. Vemos, además, que se va lateralizando el riesgo país. Vamos a tener un mes de agosto de oportunidades porque el benchmark (o MB, punto de referencia para comparar flujos de inversión) nos es más favorable. Vamos a contar con más flujos de capitales interesados en comprar deuda argentina. El MB nos indica siempre si nos movemos en línea con el mundo”, explica Axel –del equipo de Research- con una voz a 25 watts. Marra asiente orgulloso, y sigue tomando agua.

La bola pasa a Marra, quien va a dar su punto de vista sobre los recientes febriles meses vividos, cuando el dólar se movía más fuerte que Mbappé. “Hoy estamos más tranquilos pero tuvimos meses difíciles. No podíamos explicar lo que pasaba. Una de las cosas que vimos con la suba del dólar es que se dio con muy poco nivel de operaciones: no hubo grandes salidas de capitales, no hubo una corrida tan grande. El movimiento se notó más porque, en realidad, los grandes jugadores no entraron, y no te bajaron el tipo de cambio en un par de jornadas, y eso que pueden hacerlo, porque tienen instrumentos para hacerlo”, da su versión de los hechos Marra, y sigue: “Acá no hubo un fondo extranjero que se llenó de plata con la devaluación, todo lo contrario. Ojo, el JP Morgan, como los grandes jugadores, hacen movimientos de mucho volumen todo el tiempo. Acá no hubo conspiración. Además, ellos también están posicionados en pesos. Nadie vio la crisis, no es que no la vio Bull Market, no la vio nadie”.

Próxima estación, trading floor. En esa división juegan los más rápidos. Bull Markets tiene 15 mil clientes y en ese espacio se evacuan sus dudas o pedidos. “Si tenes 50 mil pesos te abro una cuenta, pero te atiendo más rápido que un kioskero. Nuestro negocio es con los clientes grandes”, se sincera Marra. En un cuarto amplio, no tan iluminado, cada operador tiene sus dos o tres pantallas y una línea de teléfono abierta. En una jornada de trabajo, explica Marra, hay picos y valles, depende cómo venga la cosa. Sí hay bull market, los traders deben contar con las manos de un pulpo para poder atender la demanda. Tener mil ojos, mil oídos, no perderse nada.

El cronista Hernán Iglesias Illia, funcionario en la Jefatura de Gabinete y número dos en la arquitectura comunicacional del PRO, así describe su visita a un Banco de inversión ubicado al sur de Manhattan en su premiada crónica Golden Boys (2008): “En un momento los miré trabajar y pensé: Éstos son los mercados. Los famosos mercados, que reaccionan con nerviosismo o reciben con euforia o se muestran aliviados ante las medidas de los gobiernos, son cuatro filas de quince computadoras -los traders en las del medio; los vendedores, en contacto con los fondos de inversión, a sus espaldas-, un trader en camisa y corbata floja frente a cada una de ellas y un clima de rutina relajada, como si fuera una oficina normal, con murmullos bajos cortados de golpe por preguntas como: “Garza, ¿qué vale un CDS (credit default swaps) de Argentina a cinco años?”.

Va terminando el tour. Ramiro Marra abre la puerta de una sala diseñada para ser, de acá a un tiempo, un museo de la Bolsa. Ahí atesora elementos de transacción financieros que ya parecen de otro mundo, apenas unas cuatro décadas atrás, cuando canal 7 era ATC y Alfonsín era Raúl, y no Ricardo. Marra muestra los troqueles que se llevaba cada broker de la City en representación por la compra de un dividendo, o una acción. “Si la jornada era buena, el bolsero se llevaba un carrito de supermercado lleno de papeles. Una locura”, resume Marra.

Para el uno de Bull Markets ese mundo vintage da para anécdota y no mucho más, esa historia se la debe haber contado su papá trader un millón de veces. Pero Marra desea contarle otro cuento a sus futuros nietos. Él quiere ser un broker pop -de hecho también es youtuber financiero-, anhela desfumigar el relato que muestra a él y a sus colegas con almas negras y asegura que ellos, los brokers, podrían ganarle audiencia a los bancos si pudieran explicar bien el negocio, y así volverlo mainstream. Ramiro toma un fibrón y empieza a escribir números, dibujos, flechas en una pizarra: “el banco te da un 30% por un plazo fijo, y esa guita la pone a jugar con una renta del 50%. ¿Cuánto ganan en el medio? Con nosotros, tu guita arranca ganando en un piso del 40%”, comienza y le brillan los ojos, como si fuera Sabella en su famosa charla técnica antes de enfrentar al Barcelona. “Otros que chamuyan fuerte son las inmobiliarias. Ahora, te venden el dólar ladrillo. El dólar ladrillo es una ridiculez, no existe, en realidad las inmobiliarias no están aceptando la baja del precio. Nosotros, en cambio, operamos con precios reales. Yo no puedo fraguar el valor del Banco Macro y ponerle un nombre raro, porque el precio es uno solo y está en pantalla”, arremete en clave utópica financiera.

El cineasta alemán Werner Herzog se pregunta en su reciente documental sobre la historia de internet “¿con qué sueña Internet a la noche? ¿Soñará con ella misma?”. ¿Con qué sueñan los mercados? Seguro, lo hacen con un toro. Los ojos, dos bengalas de sangre, hilos gruesos de saliva cayendo de su boca y las patas rasgando la tierra como un poseso. Corre, toro, corre.

2018-09-24T09:03:46+00:00 24 septiembre, 2018|Economía, II|