Entrevista a Axel Kicillof

Un peronista más afianzado

El Gobernador recibió a Kamchatka en su despacho para una charla sobre teoría económica y praxis política. Con una cuidadosa alquimia entre el equilibrio discursivo sin defecciones ideológicas y la serenidad estratégica, aseguró que el Estado provincial “puso todo” en lo que lleva su mandato, signado por la herencia macrista y la pandemia, y reivindicó tanto la identificación del peronismo con los sectores populares como la oportunidad para sellar una alianza de clases frente a la crisis.

Por Marina Glezer
@marinaglezer

Fotos: Mariano Campetella

Aunque en 2017 declaró en un reportaje a Revista Crisis que se autopercibía como “un hijo recuperado del peronismo”, el gobernador Axel Kicillof a menudo tuvo que rendirle exámenes a los guardianes de la liturgia y la ortodoxia partidaria, antes y después de su asunción como mandatario provincial en La Plata. Sin embargo, su ascenso tras la derrota electoral en 2015, narrado a bordo de la épica del Clío que lo llevó de un pueblo a otro en la campaña de 2019, y el pulso de su gestión actual otorgaron la valiosa eximición frente a sus objetores tácitos y los cultores de la inviabilidad atribuida a la jurisdicción más densamente poblada del país.

En diálogo con Kamchatka, explicó los desafíos que afronta la Argentina y ratificó el rumbo del Frente de Todos ante el estrago macrista y la pandemia. Ante la chanza sobre la posibilidad de que finalice sus tareas a las 19 como Mauricio Macri, respondió que lo que más le afectó del desparpajo del ex Presidente fue que apagara el teléfono. Sentado arriba del volcán, contó que la banda de sonido de su escaso tiempo libre obedece a los gustos musicales de sus hijos y que está leyendo Cuando me muera, quiero que me toquen cumbia, la historia del Frente Vital escrita por Cristian Alarcón.

En esta edición, trabajamos bajo el eje “la paz o el pan” porque el plan de negocios de la clase dominante tiene calculados los rindes para tiempos de calma social o confrontación y la puja distributiva, por momentos, toma ribetes de guerra por el morfi. Entonces, comer se convierte en una declaración de guerra contra los dueños del país. ¿Cómo se gobierna con políticas distributivas frente a grupos económicos insaciables, sin quedar en una suerte de crónica de la impotencia o contando lo que se intenta hacer y describiendo las dificultades?

Hay un tema, que es el tema del peronismo en un país de base agrícola y capacidad agroexportadora especialmente relevante e históricamente establecida como mito de origen de la Argentina. Es una cuestión de equilibrios. La oferta del peronismo es una clase trabajadora o sectores populares con alto poder adquisitivo, por lo menos, en términos relativos. O sea, que tengan acceso a bienes y alimentos en base a trabajo asalariado bien retribuido. Eso da un plafón para el desarrollo de la producción de alimentos orientada al mercado interno. Los problemas se dan, periódicamente, cuando se desencajan los precios internacionales con la capacidad adquisitiva interna. Y eso, en general, pasa después de períodos neoliberales. Lo que no conocíamos hasta ahora era un hecho tan extraordinario y complejo como la pandemia. No hay un manual pero no digo solo en lo sanitario sino que tampoco lo hay en lo económico, lo social, lo emocional, lo colectivo. Si la pregunta remite a la prepandemia, la concentración o la ola neoliberal que en Argentina expresó Mauricio Macri, creo que hay oportunidades de lograr un equilibrio. El dilema sobre cómo resolver la demanda interna y al mismo tiempo el potencial exportador es algo que genera tensión. ¿Cómo se resuelve? Políticamente, como todo. Los sectores más concentrados o vinculados a las finanzas y la economía internacional no pierden plata cuando gobierna el peronismo. Al revés, les va mejor que con el modelo neoliberal. Ni hablar del sector industrial. Hay un camino para no caer en el conflicto permanente.

En este número incluimos la consideración que hiciera ante uno de nuestros periodistas el dueño de Aluar, Javier Madanes Quintanilla, acerca de que en el empresariado hay dispersión y no hay proyecto de país, a pesar de que la UIA y la Mesa de Enlace parecen subsumirse a los designios de AEA. Si concedemos que la fragmentación también cunde en el adversario político del oficialismo, ¿dónde y cómo se construye y se acumula poder popular hoy?

Es cierto. Yo creo que incluso la pandemia dificultó la elaboración del período de Macri y su derrota electoral a todo el sistema político y ni hablar del sistema mediático. El experimento macrista es algo que da para analizar mucho tiempo. Si uno tuviera que caracterizar su programa económico, fue darle a cada sector lo que pedía. Y eso no conforma una política económica sino un montón de contradicciones, que tampoco es cuidar las empresas. Las empresas perdieron plata con Macri. Todas tuvieron muchos problemas para el fondeo. Hay un sector del empresariado, no necesariamente el más concentrado o el trasnacional ni el que está compuesto por grandes empresas, que es el aliado natural de un proceso de reindustrialización, sectores de agregación de valor dirigido al mercado interno o la exportación. En términos teóricos, hay formas de generar esa famosa alianza de clases.

La campaña electoral en curso copia clivajes de discusiones de otras latitudes porque la derecha global interviene en todos los rincones del mapa. Al igual que el PP en Madrid, el macrismo apela a palabras como libertad contra las restricciones sanitarias o acusa de autocrático al gobierno al tiempo que se autopercibe paladín de la democracia. ¿La rebeldía o la transgresión se convirtieron en elementos reaccionarios y la militancia del orden y la reivindicación de la ley pueden ser lo más revolucionario?

Más allá de la novedad de la acusación de autocracia u otras novedades continentales discursivas, el macrismo le desordenó la vida a la sociedad. El orden, entendido como normalidad, como lo que Néstor Kirchner decía cuando hablaba de un país normal y no como una cuestión vinculada a la seguridad o elementos represivos, me parece que sí. Saber en los parámetros se mueven los salarios, los precios, el crédito, la presencia del Estado. Eso lo podemos llamar orden contra un desorden en sentido de caos. La palabra orden, bajo esa acepción, sí. Hay mucho de la doctrina del shock, eso de estar en emergencia permanente. El propio Esteban Bullrich en campaña habló de acostumbrarse a la incertidumbre. Eso era muchísima acumulación de riqueza y certeza para una minoría y para los demás, la nada misma. También se quiere instalar ese discurso de odio y división. La grieta es un dispositivo de los sectores reaccionarios. Uno simplemente dice lo que piensa y lo toman como si fuera un intento de división. Uno toma medidas para el cuidado de la salud y dicen que estás atacando a los que no quieren cuidarse. A nivel discursivo, también hay una tremenda persecución, agravios y violencia contra el campo popular. Ahí también hay algo del orden, y ahora (el ministro de Economía, Martín) Guzmán usa la palabra tranquilidad o tranquilizar. Y es por ese bombardeo o perturbación contra la nada misma o lo evidente. Incluso, hay una visión medio totalitaria del consenso. Resulta que Macri no le pedía permiso a nadie pero perdió las elecciones por una diferencia muy grande y ahora hay que consensuar todo con Macri.

¿Y por qué será que hay que consensuar tanto?

Es un dispositivo de ataque. Yo estoy de acuerdo con discutir las medidas o criticarlas. Pero en algún momento hay que ejercer la autoridad con la legitimidad que otorga la democracia. Justamente, este sistema se basa en la imposibilidad del consenso absoluto entendido como unanimidad. Si no, habría un solo partido político. En cambio, hay diferencias, la gente vota y después hay que llevar adelante un programa.

Junto al ministro de Economía bonaerense, Pablo López, estás negociando la deuda externa provincial contraída por María Eugenia Vidal, cuyo monto trepa a la mitad de los empréstitos totales firmados por el conjunto de jurisdicciones argentinas. Cuando ves que la ex gobernadora se pavonea por los medios como candidata en la Ciudad o se entrevista con Luis Almagro en la OEA, ¿sentís que la sacó barata o que hubo espacios del Frente de Todos que no fueron tan consistentes como vos y tu equipo en facturarle el desastre heredado?

En general, la discusión con Vidal está saldada en la última votación. Tampoco es cuestión de volver sobre eso. Lo que a veces nos hace reaccionar es por el dispositivo comunicacional que hay sobre el punto: si yo marco que la deuda que contrajo es excesiva, el agresivo soy yo. Yo trato de ser justo, porque hay muchas dificultades que son mucho más antiguas y estructurales. Lo que siempre marqué es que, con respecto a esas soluciones estructurales, el problema fue que el gobierno de Macri y Vidal retrocedió.

En 2014, ya durante el último tramo del gobierno de Cristina Fernández, te tocó cerrar acuerdos con el CIADI, Repsol YPF y Club de París. Uno podría decir que habías hecho los deberes pero igualmente cayó el juez Thomas Griesa y favoreció a los buitres con su fallo. Quiero decir, da la sensación que, sin importar cómo, los dueños de todo siempre te están esperando a la vuelta de la esquina para disciplinarte. Poniendo bajo la lupa tanto la Nación como la Provincia, ¿por qué esta vez sería distinto? ¿Cuánto sentido tiene trazar una hoja de ruta que no irrite a esos actores que traban el desarrollo nacional?

Hay una saga de episodios y momentos que se puede marcar. Me da la impresión que lo que ocurrió con el tema buitres, que estuvo asociado al ascenso de (Donald) Trump, el golpe institucional contra Dilma (Rousseff), el desconocimiento del resultado electoral con Evo (Morales) y la elección que, en Argentina, por margen muy pequeño ganó el macrismo, marcó una etapa de mucha virulencia. Fue un intento muy claro y concertado, si uno observa los discursos y los eslóganes, que se reprodujo en todo el continente. Fue un período donde la experiencia de gobiernos populares en América latina recibió un impacto muy fuerte a través del lawfare y diferentes subterfugios. Con respecto a si eso hace imposible pensar en procesos que generen independencia económica, soberanía política y justicia social, no lo hace imposible. No creo que sea sencillo pero, así como me hacés esa pregunta, yo podría retrotrearla a 2003 y preguntar si el proyecto que trajo Néstor Kirchner era viable, inviable, posible o si el avance que se logró iba a chocar con límites. Son procesos de la historia y la historia se va construyendo. Los 12 años de Néstor y Cristina (Fernández) fueron muy determinantes pero, en muchos aspectos, hubo avances para muchos imposibles o inesperados. Y hay que seguir caminando.

Los especialistas en comunicación política arguyen a menudo que la fundamentación racional cede paso a la inoculación y administración de emociones en el debate público y las campañas. Y nosotros creemos que así como hay una lógica discursiva y material del neoliberalismo también hay una sensibilidad y elementos conmovedores en las palabras de los líderes del FdT. ¿Qué se discute en estas elecciones y por dónde pasa la épica esta vez, después de aquella histórica campaña en Clío y con parlantes pueblo a pueblo?

No dudo que hay un elemento emotivo. ¿Cómo dudarlo desde el peronismo, con el vínculo original de Perón y Evita que enhebraron esa relación con el pueblo? La base sobre la que se formó eso son las conquistas de los sectores populares. Hay un elemento emotivo que todas las militancias sienten y expresan. Después, en el papel de dirigentes, hay quienes la encarnan, como en el caso de Cristina, con una fuerza inigualable. En cuanto a esta elección, nosotros llegamos al gobierno para reconstruir un tejido social y productivo muy dañado por las políticas neoliberales y lo que ocurrió es que tuvimos tres meses sin pandemia y 15 con el virus. Lo que me parece que hay que resaltar es que vino una pandemia y dimos una respuesta peronista. Lo primero que hicimos fue trabajar para reconstruir el sistema de salud pública. Teníamos 833 camas de terapia intensiva y ahora tenemos arriba de 2400. Yo decía que íbamos a tener un gobierno de militantes. Y ante la pandemia, el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires dio una respuesta muy comprometida. Pusimos todo. Trajimos 32 aviones con insumos para que nadie se quede sin barbijos y protección, trajimos siete barcos. Dimos una respuesta muy humana. Lo que pasa es que frente a lo complejo de la situación, la tristeza, la angustia, la bronca por la pandemia, el aislamiento, la postergación y los sacrificios, lo que se puede decir es que el Estado estuvo presente y no te soltó la mano. Y ahora estamos trabajando ya en la vacunación y en la reconstrucción tras las dos tragedias apiladas: el neoliberalismo y la pandemia.

¿Por qué en el diseño del mapa del Estado bonaerense “Cultura” quedó bajo el ala de “Producción”?

Presentamos con Tristán Bauer el programa Cultura Solidaria, que es una beca a 51 mil artistas en todo el país. Nosotros tenemos una política cultural y se habla de industrias culturales. Hay varios motivos pero el hecho de que esté en este ministerio es porque lo tomamos como un tema de producción y trabajo, además de ser simbólica la cultura y tener sus peculiaridades. Yo los tomo como trabajadores y trabajadores. Eso, comparado con el gobierno anterior, nosotros tenemos una política cultural muy importante. Si uno mira el presupuesto y la importancia que el ministro del área le da, muestra que es una cuestión prioritaria más allá del organigrama.

¿Dónde queda Kamchatka para vos?

En el TEG.

2021-07-19T23:54:31+00:00 19 julio, 2021|Diálogos, II|