Entrevista a Vanesa Siley

“Cristina fue mucho más sindicalista que muchos sindicalistas”

Por Gustavo Sosa

La diputada kirchnerista dialogó con Revista Kamchatka sobre la etapa que se abre ante un eventual gobierno peronista que suceda al macrismo. Reelecta recientemente al frente de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Judiciales y secretaria general del Sitraju-CABA, respondió sobre la resistencia a las políticas de Cambiemos, la unidad del movimiento obrero y la comprensión política de dirigentes y trabajadores a la hora de discutir salarios, subsidios y modelo de país.

Fotos: Eduardo Fisicaro

– Se viene un nuevo Encuentro Plurinacional de Mujeres. ¿Qué avances trajo a la construcción sindical el movimiento feminista?

No sé si hubo un aporte directo al sindicalismo sino que hubo un avance en las reivindicaciones y los derechos de las mujeres y hay mujeres trabajadoras y, por ende, hay mujeres en los sindicatos. Entonces, el movimiento feminista, la marea y la irrupción del Ni Una Menos tienen que ver con una demanda para igualar las condiciones sociales, económicas y culturales entre varones, mujeres y otros géneros. Y eso está en todos los aspectos de la vida, es absolutamente transversal. Claramente, como se vio reflejado en una organización social o un partido político, también se vio reflejado en los sindicatos. Obviamente, eso no sucede solo. Porque las demandas de estos movimientos es tan transversal que también lo es ideológicamente. No es por azar. Hay feministas que son de Cambiemos y hay feministas que son del Frente Para la Victoria. Hay feministas de izquierda y de derecha. Nadie puede decir ‘vos no sos feminista’. La demanda por la igualdad de las mujeres y los géneros hay que organizarla y canalizarla. Y la manera de verla que tenemos quienes estamos dentro del campo nacional y popular es que queremos un feminismo popular, y al modo argentino. Eso significa pararnos sobre nuestras tradiciones, nuestras referentas históricas, nuestras mujeres heroínas, la historia argentina y latinoamericana. Y tiene que reflejarse en el movimiento obrero. Nosotros tenemos una historia de la organización de trabajadores y trabajadoras muy poderosa en Argentina. Tal vez, esa mirada muy liberal respecto de que en el sindicalismo no podía estar el feminismo es una mirada que combatimos organizándonos. Y ahí surge Mujeres Sindicalistas. Esto es ir acompasando la historia, para saber que sos un sujeto de la historia, que la historia no se hace sola pero que las cosas pasan en un momento determinado: el tren pasa y vos te subís o te quedás parada en la estación. Y así fue: estábamos en la estación, pasó el tren y las mujeres sindicalistas nos subimos a esa historia.

– La CTA anunció que va a unirse a la CGT, ¿cómo analizás este paso en la búsqueda de unidad de los y las trabajadoras?

Esto hay que entenderlo como la declaración de voluntad de una central obrera que hace 30 años se fue de la central única. La declaración de voluntad y expresión política que hizo la CTA de los Trabajadores fue histórica. Se hizo una correcta lectura del momento y la necesidad de los trabajadores. A mí me puso muy feliz y tenemos que trabajar para concretar este hecho…

– Es un hecho no sólo gremial sino que tuvo trascendencia política.

Sí, sí, sí. Ojalá que hagamos las cosas que nos quedaron pendientes y eso significa volver mejores. Todos y todas tenemos que volver mejores. El movimiento obrero, también.

– Y entre esas asignaturas pendientes, ¿qué es lo que se te cruza?

La unidad del movimiento obrero. A mí me hubiera encantado que durante el gobierno de Cristina (Fernández de Kirchner) hubiera habido unidad del movimiento obrero. ¿Sabés lo que hubiera sido este país?

– El establishment parece apuntar a profundizar las tensiones que pueden existir entre el PJ y La Cámpora o entre el “albertismo” y el “cristinismo”. ¿Qué chances hay de que el establishment logre ese objetivo?

Lo que siempre quiere generar el establishment es la división del campo popular. Esto pasó siempre. Saben que nosotros, divididos, somos débiles y que unidos somos fuertes. Hay que generar más unidad todavía. Si la unidad nos llevó a los resultados del 11 de agosto, hay que incrementarla para el 27 de octubre y, para gobernar, ni te cuento.

– ¿Cómo creés que deberían procesarse las diferencias lógicas que pueden existir entre las distintas expresiones del Frente de Todos?

La homogeneidad no existe ni en una pareja. Por qué va a existir en un frente político o en un sindicato. Lo que tiene que haber en la sociedad, cuando alguien decide hacer una unión, son pautas y reglas. Y en materia política, nosotros lo entendemos como un programa. Cuando la unidad se gesta en ideas programáticas, perdura más en el tiempo porque no tiene que ver solamente con las personas sino con el modelo de país. Y esa mirada se hace fuerte y es más sólida cuando no es sólo una unidad de cúpula sino de las bases. En este caso, fueron las bases y la gente la que pidió a los dirigentes que se unieran.

– ¿Cómo imaginás la etapa que viene, con un posible gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner y una CGT más robustecida y nutrida por una fracción importante de la CTA?

Gobernar, además de crear trabajo, es también administrar el país que heredemos. Y es un país que va a tener una deuda que es casi igual a su producto bruto interno y obligaciones con un acreedor que pide políticas contra el Estado soberano. Y ese es el gobierno que tendremos que llevar adelante, con hambre, pobreza, desocupación, pérdida de poder adquisitivo, fragmentación social, destrucción de las economías regionales… bueno, ese país hay que reconstruirlo.

La homogeneidad no existe ni en una pareja. Por qué va a existir en un frente político o en un sindicato. Lo que tiene que haber en la sociedad, cuando alguien decide hacer una unión, son pautas y reglas. Y en materia política, nosotros lo entendemos como un programa.

– Teniendo en cuenta los antecedentes fallidos en la historia argentina, ¿creés que es posible que los empresarios respeten un pacto social, con sensibilidad por lo que está pasando?

Con racionalidad, además de sensibilidad. Las dos cosas. Porque el empresariado argentino, que es quien se va a sentar en ese acuerdo, incluye no solamente a las grandes empresas de la UIA sino también a las Pymes. Creo que al empresariado le pediría racionalidad y objetividad. Porque a veces lo que dicen algunos, pocos, es que para que haya más trabajo hay que quitar derechos. Es mentira. La fexibilización laboral, en materia de normas –porque después está la que se da en materia económica o modelo de país-, no da ni quita trabajo. Lo único que hace es que el trabajo sea digno o sea esclavo. Sacar derechos no da ni quita trabajo. Eso es algo que el empresariado objetivamente lo sabe. No ideologicemos la discusión. Hay que sacarse las anteojeras.

– Cuando dicen que todos tenemos que poner el hombro en un acuerdo social, ¿qué podrían poner los trabajadores? ¿Les queda espalda para poner algo más?

Creo que lo más importante es que el trabajador hace lo que hace siempre: trabajar. Eso es lo que vamos a aportar a este acuerdo social, nuestra fuerza de trabajo. Una vez vi el video de la conferencia que (Juan Domingo) Perón dio en la CGT en 1973, cuando cuenta la propuesta del Pacto Social. Y les contó una anécdota. “Yo me acuerdo, cuando en 1953 llamé a todos los dirigentes de la CGT y les pregunté si estaban conformes con la política económica que llevamos adelante. Por unanimidad, los dirigentes sindicales me contestaron que estaban de acuerdo. ‘Nosotros no pedimos aumentos de sueldo, lo que pedimos es que no aumenten los precios’”. O sea, acá la ecuación salario-precio es lo más importante. Y ahí hay que analizar el salario directo que se negocia en la paritaria y el salario indirecto, que son el colectivo, las tarifas, el alquiler. Son tres cuestiones que hay que discutir. Podemos analizar otras más pero esas tres son sustanciales. Fijate cuán relacionadas que están todas las que te acabo de nombrar con el precio del dólar. Es decir, nuestros salarios son en pesos. Y nosotros, como trabajadores, en ese pacto social tenemos que discutir todos estos aspectos. Hay algo muy importante en Argentina y que nos hizo ser la sociedad que somos y es la movilidad social ascendente. Y eso tiene que ver con un movimiento sindical fuerte pero también con un Estado sumamente presente. Todo eso tiene que estar en el pacto social. Si vos me decís a mí ‘quién va a pagar la deuda externa’, y bueno, que la paguen los especuladores, no los trabajadores.

 

– ¿Cómo analizás el rol del sindicalismo y qué balance hacés de la construcción gremial durante estos cuatros años de macrismo?

Hubo un sector del movimiento obrero, donde están la Corriente Federal de los trabajadores y trabajadoras, la CTA y los movimientos sociales, que salió a resistir las políticas de este gobierno. Fuimos protagonistas de esta resistencia, que no significa ni más ni menos que evitar perder o tratar de perder lo menos posible. En Argentina, se evitó la reforma laboral. La que entró por el Senado y la que entró por Diputados, que esa fue la que evitamos las mujeres. El aporte del sindicalismo fue fundamental. Los que resistimos tenemos en nuestro haber la coherencia y estamos preparados para gobernar. El desafío es ese. Vos pasás de la organización del frente de masas en la resistencia y, cuando te toca ser gobierno, tenés que institucionalizar esa lucha.

– Esa lucha en la calle había quedado clara. Los que se pronunciaron por la unidad de la CGT y la CTA eran los mismos que estaban en la pelea…

Éramos los mismos. No nos encontramos ayer. Yo me abrazaba con las compañeras en Lanús pero decíamos que esta era la frutilla del postre. Porque ya veníamos trabajando juntas. Fue un proceso muy lógico. Ya existía.

– ¿Cuál creés que debe ser el rol de los sindicatos en un posible gobierno de Alberto y Cristina, teniendo en cuenta que será un gobierno que va a defender los derechos de los y las trabajadoras?

Ser parte de la toma de decisiones. Integrar el Estado y no dejar nunca jamás de defender a los trabajadores. Esto lo hablamos con Cristina, cuando fuimos con la Corriente a reunirnos con ella. Cuando hablamos del salario indirecto por las tarifas de luz, gas y transporte, decimos que esos subsidios por quienes más debían ser defendidos eran por los sindicatos. Y eso no se comprendió. Ha habido dirigentes sindicales que criticaban los subsidios. ¡Y era parte del salario de sus trabajadores! Entonces, discutiendo en el formato que vaya a tener el acuerdo social estos temas es como sos parte del gobierno. Y siempre en tu rol, que es la defensa de los derechos de los trabajadores. El que va ahí y hace otra cosa no será un dirigente sindical. Uno no se convierte en dirigente sindical por la chapa sino por lo que hace. Hubo veces en las que Cristina fue mucho más sindicalista que muchos sindicalistas en este país.

2019-10-09T17:46:38+00:00 9 octubre, 2019|Diálogos, II|