Yo, robot

Por Federico Palmieri
@fede_palmieri_

El bar está en una esquina de San Telmo, cerca de la sede central del PRO. Apenas entro, lo veo de frente. Es fácil reconocerlo porque está igual que en la foto del WhastApp. Me acerco a la mesa y lo saludo. Se ve que yo no me parezco tanto a mi foto porque se sorprende cuando me ve. El troll se llama Gabriel. Mientras rompe un maní con las muelas, nos sentamos y hablamos un par de boludeces de rigor como para entrar en un mínimo de confianza. Es futbolero. Tiene una funda de celular con el escudo de Racing.

-¿Vos de qué cuadro sos?- me pregunta.

Cuando digo que soy de Lanús, pone cara de pena y hace que no con la cabeza. Para él, el año que viene nos vamos al descenso. Acuso el golpe y tomo un trago de la cerveza que me sirvió, entonces vuelve a hablar.

-Yo te cuento todo lo que quieras, pero por favor cambiame el nombre.

-Ok.

Lo primero que le pregunto es cuándo empezó a militar en el PRO y Gabriel arranca desde un poco más atrás. Dice que, en realidad, entró a RECREAR, que después se transformó en Unidad Republicana y al final en el PRO. “Cuando se fue López Murphy, me quedé. Calculo que por el 2003, pero ahí todavía no existía el Facebook. Hacíamos más o menos lo mismo que cualquier partido. El primero que usó las redes fue Obama para la campaña del 2008. Acá recién arrancamos en la campaña para el 2011, pero se fue perfeccionando con el tiempo. Marcos Peña ya había dejado claro que las elecciones de 2015 se ganaban con las redes, pero hay mucha fantasía sobre la estructura. Nunca fueron más de ciento treinta laburando en el call center”, explica.

Su vaso se vacía mucho antes que el mío. También habla apurado, como si las ideas se le fueran a escapar. “Aparte de eso, hay más o menos trescientos voluntarios que trabajan desde sus casas en momentos puntuales. El tercer actor son las empresas, que activan el tema usando bots”, completa. Dice que crean identidades falsas, las asocian a un perfil muy público y replican automáticamente durante, por ejemplo, una hora el mensaje que se necesita como tendencia. Los bots sólo sirven para generar volumen. Toman el tweet de un influencer, como La doctora Piñata, y lo repiten durante esa hora millones de veces. Lo importante es que la tendencia se instale, ya sea para resaltar algo positivo de la coyuntura o -si está muy presente algo que no los favorece- poner a la gente a hablar de otra cosa. Según Gabriel, muchas personas en Twitter sólo hablan de lo que es tendencia.

A su criterio, “esto se trajo a la política desde las empresas”. “Vos tenés a esos influencers que los sigue mucha gente y la boludez que dicen se multiplica por miles –precisa- y después, los trolls agarran eso y lo vuelven a esparcir en su propia red, porque todas esas cuentas falsas se siguen entre sí. En un rato, hiciste un desastre, pero la idea de que todo sale del call center es falsa. La parte más importante se hace afuera. Desde adentro se trabaja más el aspecto corporativo. En política no suena bien esa palabra, pero es así”. Para profundizar el panorama, agrega: “por ejemplo, puede haber cuentas que se llamen Juventud PRO Baradero o Juventud PRO Carmen de Patagones y quizá no existe la Juventud PRO en ese lugar. Esas cuentas se manejan desde acá y ayudan a fortalecer la idea de presencia territorial fuerte a nivel federal y de acuerdo dentro del partido trabajando corporativamente para bajar una línea de discurso unificada”.

Llegan unas papas fritas que él pidió sin consultar cuando llegué. Les pone sal y, mientras agarra una con la mano y se la mete en la boca, me hace un gesto con la otra como alentándome a comer.

Te agradezco, pero de acá me voy a un asado y ya vengo medio herido.

Igual pido otra cerveza y aprovecho el parate para pedirle que me cuente cómo funciona el trolleo a su nivel. Militancia virtual, me corrige y me habla de un mail que lo invita a participar de cierta campaña. Es una serie de instrucciones muy precisas precedidas por el mensaje Queremos que nos ayudes en redes sociales. “Del tal hora a tal hora, #Macri2019 y todo el mensaje que tenés que postear. Está muy estudiado. Ahora sé que también lo usan otros partidos, pero nosotros fuimos los primeros”, repone.

Toda la comunicación del PRO está atravesada por la idea de estar formando parte de un equipo. Se muestran horizontales, pero apenas le pregunto por qué cree que a ellos les funciona mejor, uno de los motivos va en el sentido contrario. Además de tener más experiencia, dice que ser un partido de centro-derecha ayuda a que no haya discusión interna cuando se baja línea porque se bancan el verticalismo. Gabriel se inclina sobre la mesa con los antebrazos apoyados en el borde. Se entusiasma y me ahorra el trabajo de guiar la conversación. Ahora yo tomo más rápido que él: “para que estas estrategias funcionen, necesitás poder hacer un plan y que se ejecute tal cual porque, como te decía, ya está muy estudiado cómo y cuándo es mejor hablar de cierto tema. Los partidos más de izquierda, que son bastante horizontales y valoran el debate hacia adentro de muchas cuestiones, se quedarían en la discusión de si es mejor hacerlo de ocho a nueve de la noche o durante todo el día. Nosotros tenemos la capacidad de entender que de eso ya se encargó otro y nos dedicamos a hacer lo que nos piden. No perdemos tiempo pensando cosas que ya se pensaron. A los otros les gusta jugar a las internas, cagarse a trompadas ideológicamente y nosotros no entramos ahí. De hecho, con el radicalismo somos socios en un montón de cosas pero en esto no”.

Lo otro que importa es la plata. En el debate entre Macri y Scioli ganaron los robots a los que se le puso más pero, según Gabriel, había de los dos lados. Cree que al PRO le manejaba las redes Gustavo Riera, también encargado de coordinar la estrategia virtual del diario La Nación. Nunca supo si realmente fue así, pero está seguro de que es imprescindible contar con alguien capaz de entender realmente cómo funcionan las cosas. La apuesta del PRO en redes fue tan fuerte que hasta mandaron a hacer el emoji del puño haciendo fuerza específicamente para la campaña. Además, convencieron a muchos de cambiar su foto de perfil durante una franja horaria o de subir fotos boleta en mano desde el cuarto oscuro.

La ruta del mensaje está bien señalizada: arranca en el comando de campaña o la jefatura del partido. Depende el momento, pero siempre lo maneja Marcos Peña. Lo nombra con soltura mientras revuelve las papas agitando el bowl metálico. Desde él baja a gobernadores, ministros, intendentes, concejales. Cualquiera con cargo público está obligado a tener un perfil activo en redes sociales y son ellos los primeros en plasmar la idea. El call center y los influencers se encargan de reproducir, retuiteando y compartiendo. Los voluntarios pegan el contenido del mail en sus perfiles y los bots lo ligan y mantienen todo unido.

Me cuesta entender por qué accedió a venir y a hablar de la trastienda. Lo tomo como un signo de confianza en ellos mismos. Si quisiera desmentir lo que me está contando, la máquina que necesita ya está encendida. Podría decir que no existió la charla ni la cerveza ni la montaña de servilletas abolladas que armó por limpiarse el aceite de los dedos. El valor de verdad es maleable y lo tienen claro. “Lo que pasa es que la mayoría de las cosas son ciertas desde tu perspectiva -responde cuando le cuestiono la veracidad de lo que publican-, vienen a confirmar lo que ya creías. Después algunas se sabe que están agrandadas y otras son mentira”, confiesa, y añade: “Pobreza Cero sabíamos que era imposible y nos cansamos de tuitearlo. Elogiar a Carrió siempre fue en contra de mis ideales, pero un día bajaron la línea de que Lilita era rubia, de ojos celestes y flaca. Con los radicales pasó lo mismo. Un tiempo antes de que se terminara de formar la alianza nos avisaron que ya no se los podía criticar. Fue por julio de 2014”.

La explicación para el éxito de la premisa pobreza cero se basa, al decir de Gabriel, en uno de los axiomas de la teoría durambarbista. Según el gurú comunicacional, el argentino promedio piensa en bloques de tres meses. Pone como ejemplo la cerveza que estamos tomando y me explica que nos va a parecer rica por tres meses. Una vez cumplido ese tiempo, las opciones son que la volvamos a probar o directamente no nos guste. Al nivel de las redes, el gusto es por una idea. Pobreza cero se instaló y se promocionó. Sirvió como caballo de batalla durante un tiempo pero al final no se cumplió, entonces la taparon con otra idea. Poder manejar de qué se habla es lo que hace la diferencia real. Los límites, al menos para este troll, son difusos y dependen más que nada del momento. Así lo fundamentó: “Al principio las campañas no eran agresivas, publicábamos ideas nuestras o buscábamos instalar algo que a nosotros nos interesara. Después empezaron a bajar líneas del estilo ‘hay que matar a Tinelli en Twitter’ porque por ahí había hecho algún comentario en contra del gobierno y, como las figuras públicas también necesitan las redes sociales, terminan dando marcha atrás. Se terminan callando porque no les conviene quedar pegados en esa. Yo a Tinelli le di con gusto y hasta creo que le agregué cosas, pero cuando es contra alguien al que no le tenés bronca cuesta más. Si son los noventa días previos a la campaña, lo hago igual. Pero, ponele, cuando le empezaron a pegar mucho a Bergoglio, no me gustaba. Cuando ya era Francisco, digo. Y no me gustaba porque el tipo tiene una función distinta y responde a otra estructura”.

El tipo que tengo enfrente maneja cuatro perfiles, aparte del propio. Son esos porque no tiene más dispositivos pero, para asegurarse un número, el partido inyectó celulares nuevos en las familias de muchos militantes. El trabajo es copiar, pegar y postear al mismo tiempo desde todos los perfiles usando teléfonos, computadoras de escritorio, notebooks y tablets. Siempre mencionando algún perfil famoso.

-Es una militancia cheta- lo chicaneo.

Gabriel se ríe y contesta: “no sé si cheta, pero seguro es un tipo de micro militancia que tiene mucho efecto y pide poco. La izquierda moviliza mucha gente pero en las elecciones saca pocos votos. El peronismo también mueve mucha gente y tiene alrededor esa épica de cagarse de calor o de frío, estar abajo de la lluvia. A mí no me interesa eso, la calle te la doy. Llená Plaza de Mayo y las avenidas hasta el otro lado de la 9 de Julio. A mí me chupa un huevo. Con una buena campaña en redes desbarato tu consigna en dos horas”.

-¿Y el compromiso?

-Está, pero es un compromiso distinto. Es el siglo XXI y algunos siguen pintando paredes. Nosotros cambiamos la foto de perfil. Lo hacemos todos y tiene igual o más efecto. Cuando va un sindicato al ministerio para discutir paritarias, cortan la calle y se ponen a tocar el bombo, pero a los que están negociando en el cuarto piso les importa un carajo. Es mucho más efectivo crear el hashtag #estandiscutiendomisalario y exponer individualmente al tipo que tiene que decidir. Las redes son muy importantes hoy en día para las personas públicas y, haciendo eso, los manchás en un lugar que siempre intentan cuidar. Por otro lado, no conseguís un solo joven del PRO que vaya a una estación del conurbado a vender Hoy -un libro publicado por el partido-, pero tenés cincuenta mil pibes de izquierda que te siguen por toda la plaza tratando de venderte un diario. Es más, una vez se lo compré y le dije: ‘yo soy de centro-derecha, esto lo tiro en el próximo cesto, pero te lo compro porque vale tu esfuerzo’. Ahora, ¿a quién convence vendiendo el diario en la plaza de Lomas de Zamora? ¿Cuánto más vale que esa misma gente distribuya una publicación virtual entre todos sus contactos? El diario ese comunica para adentro. Lo van a leer los mismos de izquierda y, a lo sumo, los que están completamente en las antípodas, pero pierde la capacidad que sí da el mundo virtual de llegar prácticamente a cualquiera con lo que querés decir, siempre que lo orientes bien. La clave es no generar tendencias o mensajes ambiguos. Nosotros en 2015 armamos #MassaEsK. Esa frase, el hashtag, tiene que hablar a favor tuyo. Lo que diga la gente ahí adentro es otra cosa.

Ya no queda cerveza y Gabriel comió hasta las papas quemadas que había en el fondo del bowl. Se tiene que ir y pide la cuenta. De golpe es un tipo mucho más callado al que sólo le interesa pagar. Dice que otro día lo invito yo. Pasaron dos horas desde que llegué y ahora afuera es una noche hermosa. Cuando nos despedimos, señala el celular y me dice la que viene es por acá. Después empieza a caminar rumbo al bajo por Humberto Primo.

2018-12-28T16:46:23+00:00 28 diciembre, 2018|Cultura, III|