Una reflexión sobre la identidad y el devenir

Por Fabiana Solano
@xfabianasolanox

Diez historias que se cruzan en la penumbra y construyen parte del pasado. La obra se presenta los sábados, a las 22, en el espacio El Brío, con dirección de Nayla Pose.

La bestia invisible no es una obra más. Uno se despide del Teatro El Brío distinto a cómo entró. La sucesión de relatos, monólogos, imágenes, intervenciones, movimientos y diálogos que en escena se generan invita a cada cual a hacer el suyo. Como si participara de su propio viaje mientras transcurre. Y es que el “call to action” es tan sutil como intenso, y el guión deviene en una conversación ininterrumpida entre el adentro y el afuera.

Ya el primer acercamiento con la obra es impactante. Como a través de una pantalla, simulada con un gran ventanal que separa a los actores de la audiencia, se ve el baile frenético de los cuerpos, la condición humana en movimiento, al tiempo que el juego entre la penumbra y unas pocas luces estratégicamente ubicadas producen un efecto avasallador. Imposible no contemplar la performance y sumergirse en ese submundo escénico dramático.

Para lograrlo, se hace referencia a un punto nodal: el pasado. Pero no se remite al pasado estrictamente enmarcado, sino a un pasado en movimiento, en permanente construcción. Un pasado que da sentido al presente y se encuentra en el centro de los conflictos de carácter identitario. Esto se congrega en diferentes niveles: en principio, a partir de la esfera privada de los sentimientos, miedos, dolores, traumas y emociones de los personajes en escena, es decir, las formas que asume la memoria; pero además y sobre todo desde, la cuestión vincular, el carácter socio-comunicativo de la construcción del pasado. La memoria puede transmitirse, y de ello depende su existencia, entre contemporáneos y entre diferentes generaciones por medio del lenguaje, que se convierte así en el recurso más elemental, más estable y más potente de la puesta.

Sin embargo, en una suerte de parodia posmoderna de la Alegoría de la Caverna, el uso -políticamente incorrecto pero afortunado- de las luces de los dispositivos celulares y otros artefactos rústicos es lo que sostiene, direcciona las miradas y da abundancia a las escenas. La exploración a través de las luces y sombras amplifica los relatos. Paradójicamente, los  marcos remiten con fuerza al espacio y tiempo presentes, que se exteriorizan fusionados en unidades de carácter experiencial y performática.

Los personajes emergen de la oscuridad, dicen, luego desaparecen temporalmente para dar lugar a otro. Son diez en total. La línea de continuidad nace de la forma en que se repasa, el sentido y contenido, que responde siempre a necesidades del presente y provoca un ejercicio de resignificación constante. Y así es como se crea y da forma a una totalidad aprehensible y evocable, puesto que la memoria colectiva es siempre selectiva y compone una totalidad articulada entre recuerdos y olvidos. La memoria se encuentra atravesada por el proceso social de la (de)construcción, promoviendo gracias a ello que el pasado nunca sea algo inmutable.

Si bien hay breves interrupciones entre cada actuación, los mensajes se sostienen en una narración incesante y un diálogo permanente, y se constituye una columna vertebral para la construcción del sentido. Si bien hay una primera escena, no existe un primer hablante, y todo forma parte de una cadena compleja de otros enunciados, propios y ajenos. Para ello, en las acciones y reacciones, se deja constancia de la existencia de un otro, y se le otorga valor a la diferencia.

Esta dimensión es central y atraviesa toda la obra: la reflexión acerca de la diferencia y la otredad. Para que este proceso dialógico se ponga en marcha no se requieren solo buenos transmisores, sino que los sujetos receptores tengan la posibili­dad y la capacidad de interrogar e interrogarse, de establecer una empatía con aquel que narra. De forma tal que se hagan presentes sus propias alteridades y no sean anuladas, y que se logre entender que sólo un “nosotros” diverso y en permanente proceso de ampliación puede asegurar la continuidad del recuerdo.

Decir es testimoniar, dar prueba de la existencia y afirmar al mismo tiempo que no hace falta existir para expresar. La Bestia Invisible plantea entonces un ejercicio. No se trata de develar las imágenes producidas por la memoria o la verdad oculta tras los hilos de la palabra, pues ningún significado vale fuera de su contexto presente, así como ningún contexto deja librada la posibilidad de saturación. Tampoco se trata de determinar cuál funda a cuál. La obra no brinda respuestas ni certezas. Más bien, se trata de preguntarse por aquello que permanece oculto a la mirada, propia y ajena, en el proceso de  construcción de la memoria y de las identidades.

FICHA TÉCNICA Y ARTÍSTICA

SEGUNDA TEMPORADA

Dramaturgia: Nayla Pose

Textos: Nayla Pose, Mariano Saba, Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, German Leza, Loló Muñoz, Pipo Manzioni

Actúan: Emmanuelle Cardon, Marian Vieyra, Julián Ponce Campos, Lucia Szlak, Florencia Halbide, Nahuel Saa, Paola Lusardi, German Leza, Loló

Muñoz, Pipo Manzioni

Prensa: Nahuel Saa

Diseño Grafico: Lucia Szlak

Dirección: Nayla Pose

Las funciones se realizan, en coproducción con el teatro El Brío, ubicado en  Av. Alvarez Thomas 1582, los sábados a las 22. Entrada General $180.

2018-07-14T06:48:34+00:00 14 julio, 2018|Cultura, III|