Ulanovsky: “Me preocupan mucho los odiadores”

Por Rocío Criado
@rociocriado

El escritor y periodista Carlos Ulanovsky dialogó con Revista Kamchatka sobre el rol de los medios de comunicación, sus formatos y los consumos en tiempos de pandemia.

¿Cómo sigue la cuarentena? ¿Se debe cerrar más? ¿Qué pasa con la economía? ¿El sistema sanitario resiste? ¿Cuántas camas disponibles hay? ¿Llegamos al pico? Estas son solo algunas de las preguntas que se repiten hace más de cuatro meses en distintos medios de comunicación. Entre otras cosas, la pandemia marcó un desafío para los medios, en un momento donde la veracidad y fidelidad de los datos resultan casi tan fundamentales como saber acompañar a un público que, en su mayoría, se ve obligado a permanecer en su hogar por la cuarentena. Esta situación no solo pone en tensión la relación entre el público y quiénes comunican, sino también entre qué se consume y cómo.

El periodista y escritor Carlos Ulanovsky es una de las tantas personas que cumple un aislamiento a rajatabla desde el comienzo de la cuarentena. El aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) también cambió su rutina y su forma de consumir información. Su hábito de pasar por distintas bares, donde se sentaba a tomar un café y leer diarios que no compra regularmente, como Clarín y La Nación, tuvo que quedar en suspenso. Una costumbre que nació, a la que se vio forzado en este escenario, es la de consumir medios de modo virtual. Los diarios que compraba, o que le llegaban por parte de su pareja, eran Página/12, Tiempo Argentino y, en caso que jugara Racing, Olé. La pandemia no impidió que su pareja le lleve los diarios, cuya lectura aborda en los días posteriores. Minutos previos a comenzar la charla para esta nota, Ulanovsky estaba recortando algunas notas que le resultaron de interés. La selección forma parte de su diario personal, que se lo lleva a la cama en caso de no estar inmerso en algún libro, o mientras escucha en la radio a Alejandro Dolina. “Lo que más me preocupa son temas que a lo mejor no le preocupan a todos. Me preocupan mucho los odiadores”, expresó en diálogo con Revista Kamchatka.

– ¿Cómo encontró la pandemia a la forma de comunicar de los medios nacionales?

Los medios en Argentina están atravesando algunas situaciones muy particulares, más allá de la pandemia. En el país, y en todo el mundo, los medios están en un período de transición, despidiendo al viejo modelo analógico y recibiendo al nuevo modelo digital. El primero está hecho bolsa, pero es el único que da un poco de dinero. El segundo es fabuloso, todos los días hay algo para aprender, pero en ningún lado del mundo le encontraron la sustentabilidad. La segunda característica que hay que tener en cuenta es la precarización, que en Argentina es dramática hace años. La pandemia podría haber sido cualquier otra circunstancia: social, política, económica. Primero hay que pensar en esas dos cosas.

Por otro lado, mucha veces en estos meses me pregunté si es necesario todos los días insistir con la estadística de infectados y muertos. Ese es un tema que no ha sido debatido y, al contrario, ha sido deliberadamente omitido. Aún en la pandemia muchos medios, en especial los televisivos, siguieron ignorando cosas que deberían haber contemplado. Por ejemplo, un gran gesto hubiera sido anunciar que mientras durara la pandemia no iba a haber medición de audiencia. Eso no ocurrió y los medios siguieron compitiendo.

– ¿Qué cambios se dieron entre los comunicadores y el público?

Influye muchísimo la grieta. Hay medios que han aprovechado la cuarentena para intentar esmerilar al Gobierno. Hay otros que han intentado recuperar los consejos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el ministro de Salud, Ginés González García, o el grupo de infectólogos e infectólogas, y lo han hecho con el propósito de ayudar al Gobierno y no de marcar los flancos débiles. No se ha soslayado para nada, no se ha omitido ni disimulado, al contrario, en cuanto pueden, los medios hegemónicos utilizan el tema de la cuarentena y las políticas adoptadas por el Gobierno para criticar.

– ¿Cómo te manejas con la información sobre Covid-19?

Traté todos estos meses de huirle a las noticias que me transmitieran desesperanza y prefería refugiarme en una serie, un libro o en la radio, escuchando a Alejandro Dolina a la noche. El periodismo y los medios en general se caracterizan en Argentina por no debatir nunca los temas propios. Son medios fundamentalmente actuadores en términos psicoanalíticos. Operan en función de los intereses más primarios, en el caso de la televisión y la radio sería el rating, y en el de los medios online serían los clicks.

– ¿Cómo ves el rol de los medios públicos?

Veo un interés en la Televisión Pública de programar algunas ficciones, no muchas. Una cosa que me preguntaba todo el tiempo, y llegué averiguarlo, es por qué la Televisión Pública no programa. Se decía que habían quedado más de 400 ficciones filmadas entre 2003 y 2015, algunas estrenadas, otras no. Hubiera sido un gran paso adelante de la Televisión Pública, y en general de casi todos los canales, programar ficciones para que los artistas cobren por las repeticiones. El único canal que lo ha hecho es la Televisión Pública. Telefe repuso en algún momento Nina, pero ahora puso Avenida Brasil, que es una serie extranjera. Lo mismo Canal Trece, que pasa reposiciones solo en Volver. Hubiera sido un gesto noble llenar las grillas de ficciones, así también se beneficiaban a los actores y actrices que no la están pasando bien.

Una historia de (en) los medios

Ulanovsky tiene más de cincuenta años de trayectoria en los medios. Trabaja en radio desde 1972 e ininterrumpidamente desde 1984 hasta la actualidad.  Entre 2003 y 2006, dirigió las dos radios de la ciudad (la AM 1110 y la FM 2 por 4). Además, publicó 23 libros, de los cuales veinte son investigaciones históricas sobre la radio, la televisión y los diarios y revistas argentinas. Actualmente, además de colaborar en medios como El Cohete a la Luna y Tiempo Argentino, conduce el programa Reunión Cumbre, que se puede escuchar todos los sábados de 13 a 15 horas por radio AM 750.

– ¿Cómo transitas hacer radio desde tu casa?

Lo tomo como una obligación, la verdad que no me parece una experiencia tecnológica deslumbrante, sinceramente. A partir de marzo, la radio estableció un protocolo por el cual las personas mayores de una determinada edad, sector que integro, no podían tener presencialidad en la radio. El programa que hago es de cuatro invitados en piso, una tertulia de dos horas. Comencé haciéndolo por teléfono y desde hace cuatro semanas lo hago via zoom sin imagen. Prefiero toda la vida estar en frente de la persona a la que le estoy preguntando, mirándolo a los ojos, a ver cómo reacciona a mis preguntas. Me parece que eso es esencial.

– ¿Cambió la recepción del público?

La gente tiene necesidad de recibir algo distinto. Hace un largo tiempo todos guardamos aislamiento, y lo peor de todo es la incertidumbre, no saber exactamente cuándo va a terminar y cómo va a ser el final. Incertidumbre que los medios no han sabido resolver. Hay una característica que tienen los medios en la Argentina, que casi siempre van detrás de los acontecimientos, y en este caso se ha notado muchísimo.

– ¿Se puede pensar en un cambio de paradigma dentro de los medios?

Si hay cosas que existen es porque hay una respuesta positiva del público. Hubo un montón de personas que salieron en defensa de Luis Majul y seguramente muchos de sus oyentes le creen. No hay que olvidar el tema de la grieta. Hay cosas que pasan inadvertidas, se naturalizan. Nadie paga el costo de mentir en términos periodísticos. Cuando yo empecé el periodista mentiroso era un marginal dentro de una redacción, y ni siquiera por mentir, sino por forzar un título o una información. Ahora es una cosa aceptada. Casi ningún medio vuelve atrás. Desapareció la sección de fe de erratas, con la que se podría hacer un diario entero.

–  En tu libro “En Otras Palabras” entrevistaste a distintos periodistas de nuevas generaciones. ¿Ves ahí la posibilidad de construir un periodismo diferente?

Me dio mucha esperanza hacer ese libro porque, cuando le pedí a los 35 entrevistados que mencionaran colegas cuyo trabajo les parecía interesante, aparecieron más de 300 nombres. Me parece que ahí se plantea la posibilidad de un cambio de proyecto más profundo para el periodismo argentino. La posibilidad de que nuevas generaciones vengan a modificar algunas de las malas costumbres actuales. Seguiré apoyando a todos los jóvenes que me parecen valiosos.

 ¿Qué consumos recomendas para este cuarentena?

 Leí muchísimas novelas, que es lo que habitualmente leo. La semana pasada vi la serie croata “The Paper”, que habla sobre el periodismo corrupto, cooptado por los poderes. También leí el libro “La construcción del enano fascista”, de Daniel Feierstein. Me gustó, me pareció una buena reflexión. Estoy todo el tiempo buscando ese tipo de cosas.

2020-08-04T19:05:34+00:00 4 agosto, 2020|Cultura, II|