No te dejes desanimar

Por Martiniano Cardoso
@MCardumen

Acordes, versos y postales del rock durante las noches del G20 -y sus repercusiones- de la mano de Los Espíritus.

Fotos: Mariano Campetella

Es la noche del 30 de noviembre y el G20 se siente más que nunca en la ciudad de Buenos Aires. La capital de la Argentina, por momentos, se asemeja a una distopía totalitaria. Accesos vallados, lugares a los que es imposible acceder a menos que seas extranjero o poseas una credencial, gendarmería y policía recorriendo las calles arriba de patrulleros y autos sin identificación. Todos somos sospechosos hasta que se demuestre lo contrario.

Esa misma noche, una larga fila de gente hace la cola para entrar al Teatro de Flores. Dientes apretados, un silencio tenso y un clima de época que reina en el “afuera”. Es la primera de las dos presentaciones que brindarán Los Espíritus cerrando su gira Aguardiente. Una vez adentro del lugar, la energía se distiende: hay piedra libre para disfrutar de lo que vendrá.

Como si fuese un grito atragantado que lleva tres años, una chica grita “¡Viva la juventud peronista!”, apenas pasa el control de seguridad y ante la mirada de un patovica. Signo de los tiempos…

Yataians es la banda encargada de abrir la noche y, al canto del ya clásico Hit del verano por parte del público, despliegan dosis de reggae, rocksteady más algo de ska, que es recibido con agrado y aplausos.

Entre fernets y cervezas, la gente espera el plato principal de la noche. Media hora más tarde, la cortina del escenario se levanta y, como la mayoría de las veces, una catarsis colectiva se produce cuando Los Espíritus salen al escenario y comienzan su set con La Crecida. De todas maneras, da la sensación que esa catarsis es más necesaria y liberadora esta noche. “La tristeza, los afectos tristes son todos aquellos que disminuyen nuestra potencia de obrar. Y los poderes establecidos necesitan de ellos para convertirnos en sus esclavos”, escribió hace algunos años el filósofo Gilles Deleuze.

A pesar de que las letras de Los Espíritus hablan muchas veces sobre la marginalidad, el sistema capitalista, la violencia de género, las desigualdades de la sociedad y temas que son moneda corriente en estos tiempos, su gente se suma al mantra que ellos proponen y disfrutan esos sonidos hipnóticos que entran en contradicción con lo que cantan. ¿Alegría con los dientes apretados?

Ruso Blanco, Esa Luz, Mares y Jesús Rima Con Cruz son algunas de las canciones que brindan en la primera parte del set. El cierre es con Vamos A La Luna, tal vez el punto más alto del show. Por un momento, esa zapada que nos invita a viajar lejos y a emigrar a otra tierra que seguramente será mejor que la Argentina del 2018.

La Luna como una promesa de Los Espíritus, una utopía/distopía con su Groove hipnotizador.

El público queda al borde del Knock Out después de ese final intenso pero la banda no da respiro y, antes del que el árbitro cuente hasta diez, la banda vuelve al escenario y deja todo en el ring. Se suceden una tras otra La Mina De Huesos, Huracanes, Jugo, Las Armas las Carga el Diablo, Perro Viejo y finalizan con esa metáfora “en tu cara” sobre el capitalismo salvaje llamada La Rueda Que Mueve Al Mundo.

Ahora sí, Knock Out. La gente tarda unos minutos en levantarse del ring. Esas noches del G20…

Octavo día

Menos de una semana después, Maxi Prietto y Natalia Napolitano presentan en el teatro Margarita Xirgu su disco, llamado Canciones y Boleros, una de las obras más celebradas de este año.

A pesar de la finalización del G20 (hecho presentado como “la Argentina que podemos ser” según el oficialismo), la ministra de seguridad, Patricia Bullrich, ha decidido oficializar la “doctrina Chocobar” y eso significa que en la noche todos somos culpables hasta que demuestre lo contrario. “Un tiro por la espalda no se le niega a nadie”, pensará la funcionaria con mejor imagen del gabinete de Mauricio Macri.

La noche va recibiendo a la gente en San Telmo, ese barrio que mezcla colores e idiomas foráneos con marginalidad extrema. Se siente en el aire un clima entre colorido y peligroso.

Adentro del Xirgu, minutos antes del show, muchos nos sentimos “atrapados en libertad”.

Las luces se apagan y acompañado por su formación, solistas, más un grupo de cuerdas, Prietto arranca con Palmeras, el clásico de Agustín Lara. Esa voz quebrada y gastada como el motor de un Torino calza perfecto. “Poli” Napolitano se hace presente para cantar Perfidia, luego del primer tema con una potencia que parece cubrir todo el lugar.

Así se produce una dupla que mezcla tensión y bronca (Prietto) con relax y dulzura (Poli). Suenan canciones de Chavela Vargas, Oscar Aleman y otros autores además de los temas del disco.

El momento más rockero de la noche se produce cuando Prietto desgarra su guitarra y su voz con una versión blusera de Dos Gardenias. A continuación, Poli vuelve al escenario para cerrar el recital con Historia de un Amor.

La ovación es unánime. “¿Qué se puede hacer salvo ver películas?”, se preguntó Charly García hace unos cuantos años atrás, en tiempos oscuros. Por suerte, también está la música.

2018-12-13T18:41:46+00:00 13 diciembre, 2018|Cultura, III|