Los Espíritus, tres actos para ilustrar un momento.

Por Martiniano Cardoso

@Mcardumen

La banda oriunda de La Paternal tocó el fin de semana pasado y revalidó cada una de las aristas que la convirtieron en una de las artífices de la nueva escena del rock. Junto a exponentes como El mató a un policía motorizado, el grupo liderado por Maxi Prietto está revirtiendo la retromanía.

Primer Acto

El 2 de diciembre del año pasado, una noche de calor en la ciudad, las puertas del Estadio Malvinas Argentinas se cerraban y comenzaba una jornada histórica para el rock nacional.

Los Espíritus, una banda oriunda del barrio de La Paternal, brindó un show de casi tres horas y media. El Malvinas explotaba de gente y el “mantra espiritual” se expandía. Hacía mucho tiempo que un grupo argentino nuevo con una trayectoria corta (tres discos en cinco años) no lograba llenar un estadio importante.

El mismo día y a la misma hora, en la Ciudad Cultural Konex se producía el FestiLaptra, un show con las bandas del sello musical independiente más importante de los últimos años, el sello Laptra, oriundo de la ciudad de La Plata. Cerraba la jornada El mató a un policía motorizado. Que tocó entero su disco más exitoso hasta la fecha, La síntesis O’Konnor. Las entradas estaban agotadas.

¿Qué estaba sucediendo? Finalmente, ¿se habían abierto las compuertas de la masividad para la movida Indie?

Los más optimistas lo consideraron un momento bisagra para el rock nacional, mientras que otros pusieron paños fríos y esperaron a ver qué sucedía durante el 2018 con todas estas bandas.

Pero conviene también hacer un poco de historia y, por lo menos, tratar de ponerse a pensar qué ha pasado en los años previos, e intentar de esbozar algunas respuestas a semejante entusiasmo con Los Espíritus por parte del periodismo especializado. Más allá del talento innegable de la banda.

En una tierra devastada por el efecto Cromañón, el rock fue invadido por bandas uruguayas (algunas mejores que otras), trovadores acústicos y una interminable legión de bandas imitadoras de Los Redondos, cuando estos ya eran historia.

Las radios mainstream que pasaban rock en castellano parecían haberse quedado en los noventa. Definitivamente, para los programadores, era lo seguro. Eso provocó que los adolescentes que comenzaban a escuchar música a lo largo de las últimas dos décadas se volcaran a escuchar y ver artistas ya consagrados y que se habían convertido en los referentes de la generación anterior a ellos. La Renga, Divididos, El Indio Solari, la reunión de Soda Stereo…

En palabras de Simon Reynolds, retromanía en estado puro.

¿Dónde estaban las bandas del nuevo milenio? La respuesta era simple, en el under. Y esta vez venían de todas partes del país. Mendoza, Neuquén, Misiones, Rosario, La Plata (siempre marcando vanguardia).

A fuerza de trabajo y talento, tanto El Mató como Los Espíritus finalizaron un 2017 celebrando la renovación del Rock Argentino.

Si algo marcó ese 2 de diciembre fue el corte generacional. Todos los invitados que subieron al escenario del Malvinas esa noche fueron músicos de la movida Indie (Poseidotica, La Patrulla Espacial, Los Bluyines).

Ni Fito Páez, ni Ricardo Mollo, ni Charly García ni ninguna “vaca sagrada” de las generaciones anteriores. Los Espíritus apelaron a sus pares. También conocidos por su público.

En estos últimos años, Buenos Aires se convirtió en una ciudad excitante y sexy a nivel rock. Todos los fines de semana, dos o tres bandas del “colectivo indie” se juntan y, con una variedad de estilos, tocan en lugares pequeños, produciendo una intensidad y entusiasmo que hace años no se percibía.

La banda dio un show hipnótico y sensual ese 2 de diciembre que… ¿quedará en la historia? Con el Wah Wah de Maxi Prietto como un instrumento más -produciendo esos sonidos con los que el público, completamente entregado, realizaba movimientos lentos pero continuos-, una percusión que encajaba de modo perfecto y con Santiago Moraes, en el centro del escenario, con su guitarra acústica y su voz áspera y tanguera, Los Espíritus expandieron su mantra a la masividad.

Con un fuerte acento en Aguardientes, su último disco y varios temas de sus discos anteriores, cerraron el recital con ese aullido llamado La Rueda, que sintoniza de manera perfecta con estos tiempos. La audiencia delira cada vez que comienza a sonar el riff de Prietto y, aunque la letra contenga una tristeza y pesimismo desolador, da la sensación que cuando suena en vivo, se convierte en un recordatorio de que estamos vivos. Y eso no es poco.

Los Espíritus realizaron su “gran mantra” en el Malvinas y salieron más que airosos.

En febrero de este año, el festival más conservador del rock nacional, Cosquin Rock, se vio obligado a incluir en su grilla a El Mató y Los Espíritus. Les otorgaron horarios diurnos y sus sets fueron extremadamente cortos.

Poco importaba, las bandas que abrieron el camino del under pisaban el mainstream. Para muchos músicos, periodistas y seguidores de la movida, daba la sensación de victoria en el campo del rock. Después de muchos años.

Segundo Acto

“Pan y vino, pan y vino, pan y vino, pan y vino, el que no grita Bombino para qué carajo vino”, cantaba la gente que se encontraba ansiosa por escuchar al músico nigeriano que habían invitado Los Espíritus. Bombino cautivó a su audiencia por tres noches repletas en Niceto, con su funk, rock, psicodelia y ritmos africanos, dejando con la boca abierta a más de uno que nunca lo había escuchado.

La segunda parte del show fue de Los Espíritus. Y un momento mágico se produjo cuando el nigeriano se sumó a la banda para realizar una zapada.

Ese espíritu realmente independiente de Los Espíritus fue lo que hizo que más de uno saliese del show con la cabeza despedazada en mil partes. Nuevos sonidos y voces se abrían a una nueva generación.

Intermedio

En 2015, Maxi Prietto editó un disco llamado Prietto que hoy tiene su versión en vinilo. El fenómeno de Los Espíritus lo opacó un poco, pero la realidad es que allí Maxi saca a relucir su talento y prueba nuevos estilos, más clásicos, como el blues puro, el rock clásico y hasta se anima al folk. De todas maneras, lo cierto es que cada vez que Prietto toca con su cuarteto las salas se llenan y la versatilidad de estilos crece, yendo desde el bolero hasta el jazz clásico. No deja de ser menos efectivo e igual de poético que su banda insignia.

Tercer Acto

“Nosotros estábamos cómodos en el Teatro de Flores. Pero Nacho insistió con el Malvinas y al final tuvo razón”, contó Moraes alguna vez. Nacho es Ignacio Perotti, manager de la banda. Considerado “el sexto espíritu” por los músicos, es un miembro esencial.

Así que después de “pegar la vuelta” y la consagración nacional, Los Espíritus decidieron volver a tocar en el lugar que más a gusto se sienten en la Capital Federal. Nuevamente, localidades agotadas para los shows que brindaron el 20 y 21 de abril. Nuevamente, un público heterogéneo, que tal vez se encuentre más cerca estilísticamente del rock clásico argentino que de la movida indie. Pero cruzado por todas las edades, Millenials, sumados a treintañeros y cuarentones que volvieron a recuperar el amor por el rock.

Con sus camisas floreadas, con un pañuelo verde colgado en el micrófono que comanda Moraes y con la gente hipnotizada frente al “estilo musical espíritu”, ¿podríamos hablar ya de un sello propio? La banda logró otro show fantástico. Sin demagogia, sin la necesidad de bajar línea y sin subestimar a su público, la principal y lo que une a estos tres actos es que lo importante, después de mucho tiempo en el rock nacional, sucede en el escenario.

2018-04-23T23:30:57+00:00 23 abril, 2018|Cultura, III|