“Se tiene que reinventar la política”

Por Marina Glezer
@marinaglezer

Así lo expresó la talentosa actriz Dolores Fonzi en una entrevista con Revista Kamchatka. Su compromiso con la legalización del aborto, su sensibilidad artística y su mirada política.

Fotos: Mariano Campetella

Dolores Fonzi es una mujer que conozco y amo. Tiene una fuerza imbatible y admirable. La semana pasada contó públicamente que pasó por una enfermedad, y lo hizo por los demás. Ella pone el pecho, pone el cuerpo, pone la presencia y contagia de convicción a quien tiene al lado. Si se postulara, sería tentador votarla. Como quiere que el aborto sea legal, seguro y gratuito, hace un año nos llamó a veinte actrices para que presentáramos una carta a los diputados. Al poco tiempo, éramos cuatrocientas.

Hoy somos la colectiva organizada de Actrices Argentinas. No es una, somos todas.

El año pasado estuviste filmando Mandato, con Oscar Martínez y dirigida por Daniel Kohan. Te tocó el papel de una mujer fuerte pero ya hiciste papeles así. ¿Hay en la cultura o en el arte un impulso que antecede a los movimientos políticos? ¿El cine, el teatro o la TV se anticiparon con el rol que han dado a las mujeres en esta ola feministas?

No creo que haya intencionalidad en los relatos. Simplemente, la época atraviesa a los creativos. No es a propósito que Daniel Kohan quiso contar el relato de una mujer fuerte, sino que se le ocurrió esa historia. Y a la vez, puede ser una mujer fuerte en algún sentido pero en la película se trata de una mujer a la que se le muere la madre en la primera escena y, después, todo lo que no ve y resuelve al final de una manera…

¿No creés que los relatos del cine sean consecuencia de los fenómenos políticos y sociales?

No en este caso. Obviamente, la época atraviesa al arte. Ahora hay un test feminista o que se preguntan si el rol de las mujeres en la película está en función de los roles masculinos. Por ejemplo, te digo nombres de películas del último tiempo donde las mujeres son protagonistas: Acusada, Re loca, Perdida, La Reina del Miedo. Las últimas películas donde los hombres son protagonistas son El Ángel, El Potro, Mi obra maestra, Ciudadano Ilustre. Hay algo todavía atado en las películas que se tratan de mujeres con mujeres en roles de víctimas o manipuladas por un sistema.

El año pasado se asistió a dos grandes escándalos por ejercicio y/o acusación de violencia de género o abuso de parte de actores varones ¿creés que en el impulso y el avance arrollador de las mujeres, con toda justicia por tantos años de opresión, existe un riesgo de penalizar o sancionarlo todo? ¿Cuál es el límite que separa la justicia y el respeto a las mujeres de la exacerbación de un punitivismo que no admite reparaciones y condena sin más, casi como un linchamiento social?

Creo que lo bueno de esta situación es la reflexión que trae, que no termina. Más allá de tenerle miedo a la yuta del feminismo o la yuta del machismo, porque la yuta no ayuda nunca en nada, servirá para algo en algún momento. Lo que siento es que la gente tiene miedo.

¿Miedo de exponerse o de qué?

Si vos sos una mujer que ejerce poder o tiene poder, una situación económica acomodada y sos de las actrices más reconocidas del país, hasta qué punto te podés victimizar. Si ese reclamo que vos hacés por violencia de género no contempla o no incluye reclamos de políticas de protección públicas para que toda la explotación patriarcal se vea expuesta… termina siendo solamente el capricho o la venganza de una mujer actriz burguesa acomodada. Si es solamente un pataleo y no trae ningún tipo de empatía con las otras mujeres que son víctimas del sistema, se convierte en un capricho. A mí me interesa cómo se compone, cómo se construye, cómo se reúnen las partes. No me interesa nadie que venga a romper. Cualquier actitud facciosa es egoísta.

¿Te referís a que la experiencia personal de una sea o contemple la de todas?

Claro, una reflexión sobre la explotación patriarcal a la que todas y todos somos sometidos. Y es algo que se da en todas las disciplinas…

Como actriz, ¿tuviste que someterte o fuiste víctima de esa desigualdad de género, ante determinados guiones o papeles?

Nadie escapa a eso. También depende de cómo lo sobrelleves y es verdad que no tengo ninguna situación traumática pero es verdad que soy mujer y trabajo desde los 17 años. Hay un montón de comportamientos que tenés que ir entendiendo para poder ser aceptada. Con el transcurso del tiempo, al desnaturalizar esos comportamientos, sí me doy cuento. Las mujeres tenemos que agradar pero no llamar tanto la atención para avanzar en lo que queremos, sin incomodar a nadie. Es como un tire y afloje de eso. Y poco a poco, va cediendo. Si hice cosas que no quería hacer, me hago cargo –no sé cómo explicarte- de que las hice aunque no quería. Obviamente que trabajamos con conciencia todas para que nuestras hijas no tengan que vivir eso.

Creo que lo bueno de esta situación es la reflexión que trae, que no termina. Más allá de tenerle miedo a la yuta del feminismo o la yuta del machismo, porque la yuta no ayuda nunca en nada, servirá para algo en algún momento.

Pasaron más de 20 años de la serie con la que saltaste al reconocimiento público, que fue Verano del 98′. En el medio, hiciste de todo como actriz. Si bien el tiempo y la experiencia cambian a las personas en muchos sentidos, ¿cuáles son las cosas de Dolores que no cambiaron desde ese papel hasta ahora, dentro y fuera de un set de grabación?

Para mí, es fundamental el clima de trabajo. Lo aprendí de compañeros. De los buenos y los malos. Es más importante mantener un buen clima de trabajo que saber la letra. Yo puedo actuar bien cuando la energía del lugar está en armonía. No puedo entender la gente que se pelea con todo el mundo y actúa.

En una nota que escribiste para Revista Anfibia, mencionaste el papel fundamental que jugó tu abuela en tu infancia, quien se había separado de tu abuelo y te llevaba a tus primeras clases de teatro. ¿Qué audacias tuvo tu abuela para su época, además del divorcio, que te hayan marcado como mujer y actriz?

Estudió. Tiene una carrera terciaria. Tiene 93 años. Era asistente social, una de las carreras que se podía hacer siendo mujer.

 

Qué loco. Qué admirable, y qué ejemplo de mujeres luchadoras, tu abuela, tu madre y ahora vos, por los derechos de tu hija.

Increíble. Se separó de mi abuelo y tuvo una carrera y trabajó hasta que se jubiló. Una capa. Fanática de la lectura y el vino. Una bon vivant total. Una pulsión personal que hacía que ella haga lo que quería. Hizo toda la vida convencional: se casó, tuvo 4 hijos y, de repente, soltó polea y chau. Se dedicó a la lectura, el vino y los viajes.

¿Qué aspectos revisás o trasladás de la forma en que te criaron y la manera en la que criás a tus hijos hoy?

Hago mucho hincapié en la seguridad en sí mismo. Siento que es algo que no era así en nuestra época. Los niños se criaban como niños por igual, y ahora hay una cosa que potencia las individualidades de cada uno. Trato de darles mucha seguridad a mis dos hijos: seguro de poder hablar, ser quien sos, lo que querés. Lo que más intento. Esto te saca el miedo y el miedo es un enemigo terrible.

También caracterizaste a tu familia como antiperonista. ¿En qué aspectos lo era o qué grado de participación tuvieron algunos de sus miembros en la política argentina o los hechos sociales más trascendentes?

Cero. Hoy que soy grande y conozco de historia argentina, pienso que está la gente que se deja atravesar por la época y la gente que no ve nada. Mi familia era de esas a las que le pasaba por al lado.

Hablando de historia, en tu corazón hay espacio para sintetizar el antagonismo político argentino de forma casi magistral. Tuviste dos hijos con el actor mexicano que hizo del Che Guevara en Diarios de Motocicleta y estás en pareja con un cineasta de apellido Mitre, que no desciende del general Bartolomé, pero tuvo un bisabuelo ministro de Yrigoyen, un abuelo embajador de Perón y padres militantes en los 70′. ¿Tu amor es casi un manifiesto político? ¿Hay chances de vivir el amor por fuera de la historia y la política que nos rodea?

No. Imaginate que yo nunca estaría con un macrista. Es como estar de novia con… (Risas). O sea no hay chances de que te enamores del hijo de (el dictador Augusto) Pinochet. O cómo te vas a enamorar del nieto de (el dictador Jorge Rafael) Videla. No hay manera. Lo siento.

No podrías…

Aparte creo mucho en lo karmático.

¿Creés mucho?

Sí, creo en todo. Y creo que nada es gratis. Soy recontra ritualista, cabulera. Hay que tener cuidado, las personas sufren. No podés andar por ahí haciendo daño.

Vos te sentís muy segura…

Me hago caso. Sé las cosas que puedo defender y las que no. Sé qué pienso, de quién, cómo. Sé lo que puedo hacer porque me hace bien y lo que no porque me hace mal. Lo fui aprendiendo. Hace 20 años que hago terapia. No es que ando por la vida tirando cualquiera. Obviamente, la exposición te daña. Porque cada vez te vas conociendo más. Cualquier cosa que hagas te va enseñando de vos misma.

La lucha por la despenalización del aborto te puso en un lugar de referencia central. ¿Sentís que, después de esa exposición, se resintió algo de tu relación con productoras o los distintos ámbitos laborales en los que te movés?

No, al revés, ¿sabés?

Es decir, ¿se rompió el cono de silencio en el star system sobre temas como el aborto o hay todavía un prejuicio más o menos velado para las que abortan o defienden estas causas?

Siento fielmente que es a favor del bien común. Cualquier cosa que uno haga a favor del bien común se sabe. No estaba peleando por mi ego o por estar en la exposición pública. Hay una convicción real. Lo de la ley me enfrentó con un sector de la sociedad con el que ya estaba enfrentado porque no le gusta la libertad. Eso me tiene sin cuidado. Pero quienes sí trabajan por la libertad y el bien común me recibieron bien. O sea que entonces gané.

Es claro que el macrismo se perdió el tren de la historia con el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo pero cómo creés que le está yendo en el resto de los aspectos gubernamentales.

¿Qué pienso? Que ojalá termine pronto. Y que ojalá se reconstruya la política mundial. No lo reduciría solo a este país. La pobreza no es solo Argentina… Brasil, (Donald) Trump, el mundo. Sí o sí se tiene que reinventar la política o el mundo de la política y las estrategias políticas…

¿Creés que hay capacidad?

Veo a las pibas que comandan el presente y siento esperanza. Pienso en las políticas actuales y me da desesperanza y me quiero ir del país. A la vez, no hay adonde ir. Está el mundo entero en la misma. Hay que aguantar, seguir poniéndole voz a lo que no tiene, visibilizando lo invisible y no dejar que avance el mal.

¿Te postularías o harías una carrera política?

Por ahora, no…

¿No descartás una carrera política?

En diez años, no lo sé…

¿Dónde queda Kamchatka?

En Actrices Argentinas.

2019-05-23T07:54:05+00:00 13 mayo, 2019|Cultura, III|