Festival Buena Vibra: el presente ya llegó

Por Martiniano Cardoso
@MCardumen

Como mares, los seguidores de las bandas más convocantes de la escena indie coparon el Festival Buena Vibra. Performance, diversidad y música de la mejor, para demostrar que las nuevas bandas oxigenan un territorio que se resquebraja con la rigidez de sus tótem.

Fotos: Mariano Campetella

El calor pegaba fuerte en el estadio Malvinas Argentinas. La brillantina, los pañuelos verdes y las mochilas inundaban La Paternal en la última edición del festival Buena Vibra, cuyas entradas se encontraban agotadas días antes de su realización.

Juntar a una importante cantidad de bandas que hoy recorren un camino diferente a los de los ya consagrados Rockstars del país no es tarea fácil, sobre todo cuando un sector importante de la gente que escucha música sostiene que hoy “no pasa nada” en la escena rockera actual. A días nomás del Cosquín Rock y las polémicas declaraciones de José Palazzo sobre las mujeres en el rock, era inevitable pensar en el Buena Vibra como la contracara del festival que se celebra año tras año.

“No se fue nadie de vacaciones, no hay un mango, entonces estamos todos acá”, le dijo a este cronista una chica de unos 25 años aproximadamente, con una remera de Las Ligas Menores.

Tal vez porque se necesitaba un nombre fuerte para la tarde, Las Ligas salieron al escenario demostrando el excelente nivel por el que están pasando, transformando sus canciones pop en punk para que una buena parte del público salte junto a ellos a eso de las 17.30. Corto y efectivo, dejando a todos con ganas de más.

No hubo respiro, ya que un hombre vestido de policía en el otro escenario comenzó una suerte de “payada homosexual religiosa” que narraba una historia de pedofilia entre un niño y un cura. Luego de esta performance, los Militantes Del Clímax pulverizaron a todos con su Funk Rapero, provocando constantemente al público, animándolo a la violencia verbal, algo necesario en estos tiempos, sobre todo en este género.

Bándalos Chinos le siguió inmediatamente a los militantes, pero luego de tremenda explosión quedaron demasiado “blandos”, demasiado pop, demasiado parecidos a otra época del rock local.

La tarde/noche trajo a Marilina Bertoldi, desencajando y manejando al público, rockeando con un set que mezclaba temas de varios de sus discos una vez. Cambiando de tempo, provocando, ratificando su importancia entre los artistas de la nueva camada.

Louta continuó con el festival segundos después de que Bertoldi finalizara su set e hizo su combinación de pop teatral con los Millenials en estado de éxtasis. Coreografías con chicas y chicos, astronautas, papelitos que coronaba un show más cercano a un espectáculo de Cris Morena que a un recital.

Afortunadamente, hoy la diversidad es una fortaleza en la escena indie para las nuevas generaciones y uno de los mayores méritos del festival Buena Vibra es lograr amalgamar una variedad numerosa de estilos.

La noche ya estaba en todo su esplendor, el calor había cedido un poco y la banda más convocante de la noche salió a escena. El Kuelgue se presentó con su “poptimismo crítico”, haciendo bailar al Malvinas, y finalizó pidiendo la separación de la Iglesia del Estado en una jornada musical cargada de mucha política. Un poco de teatro e imitaciones a cargo de su frontman, Julián Kartún, encastraron con lo demostrado por Louta una hora antes. Un combo efectivo.

“Usted, Usted” empezó a corear el público en el otro escenario antes de que los Mendocinos prendieran la pantalla con un manifiesto artístico/político incendiario, que dio paso a un show que atravesó varios climas (desde el baile hasta las baladas). Siempre saliendo airosos, su punto máximo fue con Americana, el cover de Los Abuelos De La Nada.

El festival llegaba a sus horas finales y la banda argentina más importante del momento salió al escenario.

Frente a una gran parte del público que los escuchaba en vivo por primera vez, Los Espíritus dieron cátedra en el barrio que los vio nacer. Con un Santiago Moraes explosivo, sonriendo, moviéndose todo el tiempo y con una remera de Maradona con la camiseta de Argentinos Juniors en la cabeza haciendo las veces de falso turbante.

A su izquierda, Maxi Prietto dialogaba con Moraes a través de las notas que salían de su guitarra.

La gente pidió bis durante un tiempo, luego del cierre con La Rueda que mueve al mundo, pero los tiempos son tiranos también en este tipo de eventos y Sarah Hebe salió a rapear con una actitud y fuerza que arrasaron en un final épico. Todos se quedaron con ganas de más.

Habrá que esperar un año.

2019-08-13T19:16:19+00:00 22 febrero, 2019|Cultura|