Feminismo punk circa 1980

Por Ernesto Elbaui
@ernesto_elbaui

Ladies and gentlemen, the fabulous Stains (Damas y caballeros, las fabulosas Stains) es una película dirigida por Lou Adler, afamado productor musical y artífice de la película más fumona de la historia, Up in smoke. Protagonizada por una jovencísima Diane Lane -que se come la pantalla-, ya está disponible en la plataforma digital Qubit.

Ladies and gentlemen, the fabulous Stains podría ser considerada rareza total. Apenas estrenada en un par de salas en Estados Unidos, vista por poquísima gente. Después tuvo una moderada repercusión un unas trasnochadas pasadas en la tevé de cable. Ni siquiera podría decirse que es una película de culto, porque en verdad nadie la conoce.

La historia dice que a Corinne Burns, una adolescente enojada y despierta, es echada de un local de comidas rápidas donde trabaja -en un pueblo de mala muerte del estado de Pensilvania-, por decir lo que piensa frente a las cámaras de televisión. Huérfana y todo, ella está convencida de lo que quiere -o, en todo caso, de lo que no quiere-. Es así que decide formar una banda punk con su hermana Tracy y su prima Jessica -Laura Dern, también jovencísima- y salir de gira por el país junto a la banda inglesa de punk The Lootors, cuyos integrantes son el bajista de The Clash, Paul Simonon, el baterista y el guitarrista de los Sex Pistols, Paul Cook y Steve Jones, respectivamente, más el actor inglés Ray Winstone como vocalista, y una banda que tuviese su cuarto de hora en los setentas -clara alusión a Kiss-, The Metal Corpses, ridiculizada en la película por ser un cliché de excesos y misoginia.

“Sean ustedes mismas. Estos tipos se ríen de ustedes. Tienen grandes planes para el mundo, pero no nos incluyen a nosotras. ¿Y eso en qué te convierte? En una chica más que hace fila para morir”, le aúlla Corinne a una de las integrantes del público en su primer recital mientras todos la miran atónitos. Y es con la ayuda de una presentadora de TV -ya en sus cuarentas- que, contrariamente a lo que dicta la tradición, en vez de reírse de ellas o no tomarlas en serio, las apaña y les da el espacio que se merecen, mientras su compañero en la conducción del programa la mira con total escepticismo.

La gira por el país continúa su curso en el bus manejado por un negro rastafari fanático del reggae -hay una clara bajada de línea en palabras suyas sobre lo estúpido que es meter gente tras las rejas por fumar marihuana-. La relación entre Corinne y el cantante de los Lootors es algo ambigua. Las Stains crecen cada vez más y mujeres de todo el país se sienten identificadas con la frase de cabecera de Corinne: “I don’t put out” -de difícil traducción pero que el subtitulado dice “no abro las piernas”-. En algún momento, todo se va al carajo pero ellas terminan de manera gloriosa con un video en un canal de música -si, algo símil MTV-.

La película es un tanto despareja pero habla de la hermandad de las mujeres, hace casi cuarenta años, algo completamente avanzado para la época. Comienzos de los ochentas, justo antes de la conservadora etapa de Ronald Reagan al poder. La tía de Corinne -y madre de Jessica- es presentada como una mujer sin sueños, la resaca del hipismo y de los nihilistas años setentas, que bebe whisky con una amiga en las tardes pero que también al final se redime en favor de las mujeres y su lucha. También habla de la influencia de la televisión, justo antes de que la música pop estallara en la famosa cadena de música.

Al mismo tiempo, con todo lo que la película tiene a su favor, es algo controversial la elección de Diane Lane como protagonista debido a su juventud al momento de la realización; es un papel que, si bien lo interpreta de manera fantástica, es demasiado jugado para su corta edad. Tal vez tenga que que ver con esta decisión de producción y por no estar de acuerdo con el corte final que la guionista Nancy Dowd firmara bajo un seudónimo masculino. Nada es casualidad.

2018-10-07T16:50:38+00:00 7 octubre, 2018|Cultura, III|