El fulgor del Trueno

Por Flor Caruso
@_fbcaurso

Mateo Palacios, conocido en el mundo del freestyle como Trueno, es entre otras -muchas- cosas, el último campeón argentino de la Red Bull Batalla de los Gallos 2019, con tan solo 17 años. Y se cargó a una manada de rockeritos un poco enojados porque, como buen partícipe de la pibada, si hay algo que tiene ligera es la lengua: ‘Les guste o no, somos el nuevo rock and roll’, dijo y fue lo que situó su figura en una guerra que, podría concederse, está ganada, ya que no pasó más de un día para que se inicien comparaciones con íconos del rock, como en señal de una disputa a muerte o como si en el imaginario se subieran a un ring de boxeo y fuera solo un artista el que pudiera quedar de pie.

Hijo de ‘Peligro’, tomó a su padre como ejemplo y su último disco, tal como el apodo de quien fuera su ícono, ya estuvo estuvo en boca de varios. El resultado de la música siempre se condimenta de amplios aspectos. No solo es el artístico el que juega en primera, también encajan las actitudes que contiene la pieza, el cerebro de quien lo pensó y lo llevó a cabo, la diversidad que propone y -por obviedad- siempre, pero siempre, los críticos que aparecen como de abajo de las baldosas.

La música es un lenguaje, desde que el mundo es mundo, y ha hecho que miles de generaciones se marquen y den inicio a momentos históricos a través suyo. Es expresión, es calentura es vibración: cuando se escucha música, se siente un poco más que lo normal. Hay algo del mensaje, de cómo se usa… y le pese a quien le pese, los tiempos cambiaron (para bien).

Si te gusta el rock, te gusta la cumbia es una frase que hace algunos años se puso de moda y hoy se ratifica. En tiempos de open mind, con sociedades mixtas y en revolución de la mano de artistas que hacen un sin fin de géneros y los presentan en un montón de contextos, y en plena pandemia, más aún.

Sin embargo, no siempre fue así. Existió una época donde el rock and roll era el ABC para muchos adolescentes que hoy son adultos, y donde quien escuchaba rock también tenía otras características que lo hacían de determinada manera. Sí, definir es limitar y señalar con el dedo es aún peor, pero encasillar viene siendo -por mandato social- un pedido con el que se nace. Quizás, los niños de hoy sean quienes crezcan menos peligrosos, y acá está el quiebre de lo que se describe.

A Trueno se lo comparó con Spinetta, con el Indio Solari y con Charly García. A los ‘nenes que hacen esta música de porquería’ les señalaron los no instrumentos que usan para sus canciones. Claro, ¿no? Como si el Autotune hubiese sido inventado hace quince minutos… da pena que con el recurso de internet con el que se cuenta hoy día, siga siendo probable la labia sin ningún tipo de argumento sólido. Más de lo mismo: todo con el libreto de Twitter porque de leer e investigar ni hablemos.

La policía de la moral se llenó la boca, mientras que artistas como Acru, se manifestaron ante esta ¿problemática? señalando que en el 2020 la música ya no tiene rivales. Tanto es así que el Indio Solari y Wos tienen un vínculo musical y personal, Cazzu -otra trapera- subió a cantar el pasado Cosquín Rock con Los Gardelitos y el mismo Wos subió al escenario del Mastai 2019 con Ciro y los Persas.

Cabe aclarar que este cyber-enfrentamiento surge como consecuencia de que también es un joven quien se manifestó al respecto. Se tiende a creer que los pibes y pibas opinando sobre géneros que no mamaron desde chicos, por un lado, pueden no tener la experiencia o la capacidad como para hablar al respecto y, por otro, se les exige una vuelta de tuerca que solo se las da el tiempo. Como si la música tuviera que ser valorada solo por temporadas o, aún peor, como si existiera un solo modo para llevar el arte como bandera.

Para la enorme sorpresa de muchos, y pese a que se tenga más tiempo por delante, este tipo de cuestiones está más presente en las nuevas generaciones. El respeto por sus antepasados, lo que se aprende de ellos, lo que los inspira a la hora de crear nuevas piezas, la creencia por una cultura distinta, el cambio social derivado de muchas peleas, incluso en el escenario. Porque las batallas son eso: improvisación. Y para improvisar, la técnica y el oído son requisitos excluyentes, junto a una idea de lenguaje callejero, vulgar y permisivo.

Lo que alguna vez fue el rock and roll para gritar unas cuantas verdades, hoy puede ser el trap, y eso no necesariamente marca el fin de una melodía ni el comienzo de otra, sino que lo que permite es la apertura a nuevas vibraciones musicales mientras que, quizás, en 20 años, sorprenda otro contexto geográfico y otra forma de escuchar el sonido.

2020-08-04T15:48:49+00:00 4 agosto, 2020|Cultura, III|