Entrevista a Rubén “Pepo” Castiñeiras

Cumbia de película

Por Marina Glezer
@marinaglezer
Fotos: Ezequiel Pontoriero

Acaba de estrenarse la película “Pepo, la última oportunidad”, una pieza de docu-ficción dirigida por Cristian Jure y Juan Irigoyen. En este reportaje, el cantante reflexiona sobre la realidad socioeconómica, el gatillo fácil, la cumbia villera y la lucha de las mujeres.

Arrancaste bien de abajo, la pegaste, bardeaste, pagaste con cárcel y ahora lo que decís les importa a los periodistas, Mirtha Legrand, el star system. No te considerás un ejemplo pero te ponen en ese lugar, tanto tus fans como aquellos que tienen el poder de decir lo que está bien y lo que está mal. ¿Te cansa, de vez en cuando, responder siempre las mismas preguntas?
Ehmmmm. Sí. (Carcajadas). Sinceridad fatal. Sí. Es más, ahora trato de decir que las notas no sean de lo que ya se habló. Tratemos de mostrar lo que estamos haciendo o lo que puede hacer un pibe, una vez que pasó cierta etapa de su recuperación. Dejá lo que ya contamos, mostrá lo bueno que pueda pasar.

¿Qué es lo que buscás contar de cara al futuro, con tus proyectos, o qué cosas de tu vida que no se conocen te interesaría que se sepan?
De mi vida saben todo. Pero sí me gustaría darle más lugar a lo que uno está haciendo ahora, antes que al pasado. Hace 3 años que venimos trabajando con la música por todos lados, hacemos cosas que no publicitamos porque son las cosas que más nos acercan a la gente y de eso me gustaría hablar: hace falta que los artistas nos pongamos un poquito la camiseta del populismo. Y que salgamos a dar la mano que la gente necesita. Porque podemos.

Se pone mucho énfasis en que saliste de la cárcel como si el encierro fuera más jodido en el penal que en el barrio, con la pobreza, la discriminación y la falta de oportunidades. ¿Dónde te sentiste más encerrado en tu vida?
En la calle, a veces. Cuando yo estaba mal, mi cárcel era la calle. Estaba aislado. Por una adicción, una discriminación y un montón de cosas que pasan en la calle y son mucho más duras, quizá, que lo que pasa en la cárcel. Y uno se siente más encerrado que en la cárcel. Yo voy por barrios que parecen barrios fantasmas, porque no anda nadie. Y vos decís ‘qué pasa que no sale nadie’.

¿Qué pasa?
Hay miedo.

¿Y dónde te sentiste más libre?
En un escenario. En un escenario me siento pleno. Vuelco todos mis sentimientos, mi energía positiva, largo lo negativo y es el lugar donde más feliz me siento…

¿Qué significa la libertad para vos?
Poder ir al kiosco y comprarme un paquete de puchos. (Carcajadas). No, la libertad es todo: poder levantarte, tener a tu mujer al lado y decirle ‘te amo’. O poder acostarte con ella al lado y decirle ‘te amo’. Poder levantarte y tomarte un mate acariciando la perra, verla feliz a tu mamá, trabajar por todos lados, recibir el cariño de la gente…

Hay un discurso en todos los medios, respecto de que está bien el gatillo fácil. Hasta Mauricio Macri se juntó con Chocobar…
Me pareció escuchar eso en épocas pasadas también…

¿Qué le dirías a esa parte de la sociedad que piensa que todos los pibes pobres que hacen esquina tienen que ser vigilados y hostigados por la policía o festejan cuando los matan o se ponen contentos cuando van presos?
Que conozco un par de chorros que tienen toda la plata y son hijos de ricos pero no son víctimas del gatillo fácil porque no paran en una esquina.

No están expuestos…
No están estigmatizados como los pibes de la esquina, que tienen otra situación social. No van a tomar un té a un bar sino que van a tomar birra a la esquina. ¿Por qué tienen que ser víctimas del gatillo fácil, por estar en una esquina tomando una birra? Si por ahí el que está sentado ahí (señala una mesa del bar donde transcurre la entrevista) es un violador y está sentado lo más tranquilo y no lo está hostigando la Policía.

¿Y por qué creés que se celebra o se dice en la tele que a los chorros hay que matarlos?
Porque se lo meten en la cabeza y la gente se deja meter ideas en la cabeza. Mis ideales y mi manera de pensar no me la va a cambiar nadie. Yo pienso que un policía tiene que tener las herramientas psicológicas suficientes como para saber qué hacer en una situación así y no matar por matar. Hay alguien que estudió para ser juez y juzgar a la persona que comete un delito y esa es la parte que la Policía no entiende. Juzgalo, que lo condenen, que cumpla lo que tenga que cumplir y, después, cuando salga, que trate de ser otra persona o sea lo que él quiera pero que sepa que hay consecuencias y puede ser que pague con la cárcel, no con la vida. Nadie es nadie para quitarle la vida a nadie.

Cumbia, ameo

Escucharlo al Pepo eriza la piel. Tiene tanta onda que la gente lo para o se acerca, le pide fotos y él, sonriente, se dispone a la selfie. Abraza fuerte, lanza carcajadas estentóreas y contagia alegría. Generoso con su entorno, defiende causas justas, apadrina un comedor en Laferrere y pelea contra la desigualdad social, que cada vez impacta más en sus amigos del barrio.

¿Cómo estás viendo la realidad de tu barrio y los amigos?
Uhhh, está lleno de pozos. Ya me dijo el intendente que iba a venir a tomar mates conmigo pero le voy a decir.

Pero cómo están los pibes más jóvenes o tus amigos. Cómo ves su situación…
Y… a algunos los veo con preocupación y a otros con más responsabilidad de lo habitual por el hecho de no querer perder el laburo. Con todos los problemas que hay, a veces, se torna jodido para los trabajadores. También hay otros trabajadores que…

Le meten más porque estamos en crisis…
Claro.  Veo a los pibes y, por ahí, pasan menos tiempo con su familia porque tienen que laburar un par de horas más o tienen dos laburos. O pibas, amigas, que se tienen que bancar un alquiler y lamentablemente tienen que esforzarse un poco más y cuidar esos dos trabajos porque, si pierden un trabajo, no pueden con sus cuentas. Tengo amigos que se quedaron sin laburo y no consiguen. Y yo cada vez tengo más en la banda y trato de dar una mano desde mi lugar… ojalá pudiera darles laburo a todos. Se les cortó la posibilidad de darse ciertos gustos. Qué sé yo. Antes salíamos a comer mucho con los pibes y, hoy por hoy, ¿viste? Yo puedo pero, por ahí, aquel está laburando 12 horas y no le da para comer un asado porque tiene que poner la moneda en la casa. Hasta eso te recorta. Los veo así, recortados.

La cumbia villera como género emergió en un contexto particular del país. Sin embargo, pareciera que tus letras apuntan más al momento del levante y la fiesta antes que la denuncia o el mensaje moral sobre la pobreza. ¿Te interesa la política, creés que la cumbia tiene que ser sobre esos grandes temas públicos o le cantás siempre al amor?
Al amor trato de no cantarle. Trato de expresar y levantar la bandera de la cumbia villera como música, como un género que no incita a la droga ni a la violencia. Quizá relata ciertas cosas de ese estilo pero también relata un montón de cosas. Yo hago temas de cumbia villera que no hablan del delito, sino de lo que significa la muerte de mi viejo para mí. Que es lo que siente un pibito de la villa o lo puede sentir un pibe en Recoleta. Entonces, cuando hablamos de cumbia villera no hablemos de los mismos temas que ya se escuchan desde hace mil años. Hablemos de lo que sigue relatando la cumbia villera: historias de desamores de barrio, joda, vida, sentimientos y también de lo que es social. En este disco, tengo un tema de la violencia de género hacia la mujer pero no tirando frases que la gente no lo pueda entender sino hablando del gil que le pega a la mujer, de lo que es el salame que le pega a la mujer. Y tirándole al pecho de ese chabón. Para que las pibas que escuchan cumbia sepan que hay un grupo que también canta por ellas.

O sea que en este contexto de auge para el feminismo y la lucha de las pibas, te ponés del lado de las mujeres.
Pero siempre está el gil que dice ‘no, pero vos también cantás Culo pa’ dos tangas’. Sí, canto eso y qué tiene que ver. Como que eso me desautoriza para estar a favor de las mujeres. También hicimos una banda de rock, con la Pepa (su pareja, con quien está casado), que se llama “La Peposa Rock”. La Pepa toca el bajo y yo canto. Ahí es un poco más comprometido el asunto, con las pibas, con lo social y con lo que sentimos. Me permite expresar ciertas cosas que, por ahí, en la cumbia estarían peor vistas.

¿Cuánto influyó Pablito Lescano en tu laburo? ¿Qué cosas aprendiste de él?
Lo que aprendí de él, por mi estado mental, no lo pude apreciar en su momento. Pero hoy, después de tres años, estoy usando todas las herramientas que él me brindó y trato de copiar muchas cosas de su carrera y tenerlo como ejemplo.

¿Qué música escuchabas antes de arrancar con los Gedes?
Me gusta mucho el ska. Hace un tiempo me compré un tocadiscos y vinilos y volví a escuchar lo que escuchaba cuando era pibito: Los Fabulosos. También escuchaba mucho rock nacional, Kapanga, Los Decadentes…

¿Del aborto qué pensás?
Y… es un tema.

Vos sos muy religioso, ¿no?
Sí. Soy católico, creyente. Tengo una conexión especial con “el Barba”. Pero mi opinión es que cada uno es dueño de decidir lo que más le conviene. Podés estar a favor, podés estar en contra pero sí tendríamos que hacer algo para que el que esté a favor del aborto tenga la posibilidad de hacerlo con todos los elementos que necesite.

Estás a favor de que deje de ser ilegal.
Claro. Tendría que facilitar el Estado los medios para que una piba no corra riesgos. Que unos sí y otros no, no.

En los 60’ o 70’, las bandas de rock pensaban que un concierto podía cambiar el mundo. ¿Qué anhelás cuando salís al escenario?
Sacarle una sonrisa a la gente, que la pase bien. El principal objetivo, cuando salgo al escenario es… a divertirse.

La Acadééééé…

¿Qué representa Racing en tu vida?
Es mi vida.

¿Creés que el fútbol salva?
Seeeeee. Como la música. Lo que me pasó con Racing, después de salir del penal, fue una conexión terrible. Me involucré mucho por el hecho de que volvieron a estar todos mis sentimientos a flor de piel. Me encanta ir a Racing porque tengo a mi papá. Mi papá está enterrado atrás del arco de la Guardia Imperial, las cenizas están ahí. Yo voy a veces al club, me dejan entrar a la cancha y hay gente que no sabe que está mi papá ahí. Y ven a un loco agachado, mirando el pasto y soy yo, que estoy hablando con mi papá. Yo a mi papá no lo voy a ver al cementerio, lo tengo en la cancha de Racing. Es emocional lo que me une. Voy al Cilindro y sé que mi papá está ahí. Y cada gol que hacemos sé que él lo grita o él la empujó. Yo flasheo todas esas cosas y quién me las saca de la cabeza. Racing es mi cumbia preferida.

¿Sabés dónde queda Kamchatka?
Ehhhhmmm. Pará, pará. Kamchatka queda en…

Podés responder lo que quieras…
“China ataca Kamchatka”, así que debe andar por ahí… (Carcajadas)

Kamchatka, según la película protagonizada por Ricardo Darín y Cecilia Roth, es el lugar desde donde se puede resistir. ¿Dónde te parece que queda ese lugar?
En la Plaza de Mayo.

2018-04-12T17:55:28+00:00 3 abril, 2018|Cultura, III|