Cuerpo al hombro

Por Fede Palmieri
@Fede_Palmieri_

Wanda Nara y Jimena Barón; el Photoshop y las dicroicas; lo saludable y lo enfermo. Lo que somos y lo que nos permitimos ser mientras la mentira de la perfección se desnuda frente a todos, despojada de los complejos que genera.

El cuerpo utópico

Un cuerpo, cuerpos: no puede haber un solo cuerpo, y el cuerpo lleva la diferencia. Son fuerzas situadas y tensadas las unas contra las
otras. El “contra” es la principal categoría del cuerpo. Es decir, el juego de las diferencias, los contrastes, las resistencias, las aprehensiones, las penetraciones, las repulsiones, las densidades, los pesos y medidas. Mi cuerpo existe contra el tejido de su ropa, los vapores del aire que respira, el resplandor de las luces o los roces de las tinieblas.

58 indicios sobre el cuerpo

Jean-Luc Nancy

El cartel de publicidad aclara que la figura humana fue retocada digitalmente. Lo dice abajo, bastante chiquito, pero no es un detalle menor. Que el supuesto lugar al que llegar no exista fuera de los artificios y las computadoras es un mensaje pesado en el que quizá pocos se detienen lo suficiente. También dice que lo real no es suficiente, que no alcanza con lo mejor que se pueda conseguir mientras se viva en el laberinto de los espejos.

El 11 de julio pasado se publicaron fotos de Wanda Nara al natural. La mostraron imperfecta en las playas de Ibiza y al instante se generó un hojaldre de versiones cruzadas. Wanda, de 31 años y madre de 5 hijos, acusó a The Grosby Group de retocar las fotos para perjudicarla. La agencia se defendió diciendo que ellos se dedican a retratar la realidad y no modifican fotos para favorecer o perjudicar a ninguna estrella, según declaró su representante en Sudamérica.

En medio del fuego cruzado, Jimena Barón salió a echar un poco de luz dicroica y cenital a la situación publicando fotos de su propia celulitis, y aclarando que lo que se ve en revistas y publicidades no es la vida real. “Querer verse linda para una, sentirse bien está genial, un MOLDE PERFECTO de linda NO está nada genial”, escribió. En Instagram arrancó el #luzmalachallenge y varias mujeres -los hombres supimos no pegarnos el estigma- empezaron a subir fotos de sus cuerpos sin filtros ni retoques. Parecía la oportunidad de empezar a quebrar el molde de la chica perfecta o, al menos, cuestionarlo en serio, pero Wanda no aguantó y le dio una exclusiva a la revista Gente, que fue un revés para sus defensoras. Las nuevas fotos no pasaron por el retoque extremo, típico del mundo de la moda y la farándula, pero estaban muy lejos de mostrar la verdad. Cualquier persona con conocimientos de fotografía podría ver que existió un manejo muy minucioso de la luz, resultando en una especie de photoshop analógico. Wanda declaró estar orgullosa de ella misma y de su cuerpo y criticó con razón que sólo se centraran en su celulitis en lugar de ponderar la felicidad relajada que se les notaba a ella y a Mauro Icardi, su pareja, en las primeras fotos.

El truco del final sólo sirve para evidenciar la presión a la que están sometidas las mujeres en relación con su imagen.

El cuerpo real

La inhibición de una fuerza exige un esfuerzo
infinitamente más arduo que su libre expresión.
Carta a una amazona
María Tsvetáeva

Todos los cuerpos corren a la par del modelo utópico y preestablecido. Algunas marcas tomaron al cuerpo real como arma publicitaria, pero hicieron un recorte feroz en abanico de formas, razas y colores. Dove produjo una serie de campañas en las que intentó rescatar a la mujer real. Son varios videos que tratan la autopercepción, critican el paradigma de belleza y proponen ejercitar la confianza en lo propio. Sin embargo, no escapan al sesgo que produce omitir muchas de las formas posibles que puede tener un cuerpo. No aparecen mujeres muy gordas, ni muy flacas; tampoco alguna que sea considerablemente más alta o baja que la media. No hay mujeres amputadas, ciegas ni con discapacidades motrices o intelectuales. Lo que termina mostrando es qué cuerpos quedan dentro de los límites de lo soportable y no hace otra cosa que crear un nuevo standard, seguramente más amplio que el que propone romper, pero prácticamente igual de discriminatorio.

“En un momento, el chongo de la playa se anima, me mira y me dice ‘¡boluda, qué impresión! ¿qué te pasó ahí?’. Y lo que a mí me había pasado ahí eran mis horribles y temibles y espantosas estrías. Y a mí me encantaría parame acá y contarles cómo me empoderé y lo miré y le dije algo genial y elocuente como ‘más impresión me da tu cara de verga’. Pero no. Me sentí super mal y me puse una remera y me cagué de calor toda la tarde”. Así arranca la charla TEDx que Lía Copello dio en Rosario, en abril de este año. Se llama Rompé con el régimen y traza una cronología desde esas vacaciones en Villa Gesell, a los 17 años, pasando por los inicios de La Cope -su tira de humor gráfico que explota en las redes sociales-, hasta cómo consiguió invertir la carga de la discriminación y crear un escudo protector basado en el amor propio y la compañía de muchas otras chicas que se sentían representadas en sus dibujos.

Crítica de la moda saludable y fit, defiende que no tiene sentido juntarse a tomar cerveza pensando en cuánto va a haber que entrenar para no ser gorda y responde desde uno de sus dibujos diciendo que estar regia es mil veces mejor que estar flaca. Recibió muchas críticas por ilustrar la menstruación, pero muchos más agradecimientos por ponerle celulitis al culo de su personaje. Eso la llevó a preguntarse “cómo puede ser que nos tengamos que agradecer cuando alguien representa correctamente nuestro cuerpo”. Una posible respuesta es que las campañas alrededor de esas marcas siempre son en pos de eliminarlas, no por nada las llaman imperfecciones.

Lía también responsabiliza a la publicidad, mundo del que alguna vez formó parte, de representar un único modelo de belleza y de sembrar, junto a la industria de la moda, la idea de que el cuerpo tiene que adaptarse a las prendas a pesar de que exista una ley que va en  el sentido contrario. Cuando busca la raíz de esas ideas, llega hasta las princesas de Disney y las muñecas Barbie. “Todas, desde la Barbie modelo hasta la Barbie veterinaria, tienen el mismo cuerpo”, asegura. Y es ahí cuando construye una conclusión muy interesante. Dice que lo que hace la industria es ponerle un vestido de muñeca a un oso de peluche y se pregunta si es feo el oso de peluche.

Su primer consejo para la aceptación es romper todo, empezando por lo que tengas aprendido de vos mismo. También romper todo lo relacionado a las dietas, porque comer sano y hacer dieta no son la misma cosa y, según sus propias palabras, nada a lo que le digamos régimen puede estar bien. Y por último, romper con la repetición de estándares opresivos mostrando el cuerpo tal cual es, sin filtros ni ediciones, porque es una tarea colectiva cambiar el contenido que consumimos. Si eso no llega, advierte, nunca vamos a dejar de vivir en un mundo donde dibujar un culo con celulitis sea una especie de acto político. Su conclusión es que “el amor propio es un acto enorme de valentía y rebeldía”.

En el caso de los hombres, el modelo está presente pero atormenta menos, en parte, porque la industria de la moda masculina tiene en cuenta un abanico cuerpos mucho más amplio. El calzoncillo se puede usar igual, aunque el espejo difiera del afiche. Hasta se encontró la forma de valorar positivamente cuestiones como la calvicie o el sobrepeso, que a muchas mujeres les representan focos de preocupación muy importantes.

Hernán Cuevas es actor, tiene veintiocho años y mide un metro treinta y seis. No tiene conflictos con su cuerpo, según dice, gracias a que de chico tuvo una buena educación y a que su entorno no lo discriminó. Pero cuenta que el mundo adulto del trabajo y las relaciones en un círculo más amplio, sumados la violencia que cruza a una parte de la sociedad, a veces lo hacen dudar.

Una vez rebotó en la entrada de un boliche por su altura, pero cree que la discriminación se siente más si uno está permeable a que eso pase. Este año decidió cuidar un poco más su cuerpo por cuestiones de salud. Hace foco en la alimentación y el ejercicio porque el sobrepeso lo afecta de una forma particular en relación a su estatura.

Más allá del contexto, Hernán se siente feliz tal cómo es y las cosas que pudo hacer en la vida. Habla de la satisfacción que le da actuar y el tono es el de un tipo suelto que, aunque pudo sacarse de encima el peso del modelo, mantiene una distancia que permite el análisis y no esquiva ninguna pregunta. En definitiva –sostiene- otra no hay: no es que vas y cambiás de cuerpo. “Cuando entendés eso, te das cuenta que la forma que está en juego es la de pensar y hacés lo que podés con lo que tenés en el momento en el que estás”, concluye.

2018-09-24T09:16:12+00:00 24 septiembre, 2018|Cultura, III|