Bléfari, el reino de tu canción

Por Martiniano Cardoso
@MCardumen

Rosario Bléfari presentó su nuevo trabajo ante un público que iba de Millenials hípsters hasta cuarentones. Pinceladas de la expansión artística de una precursora del indie.

Foto: Mariano Campetella

Corría 1999 y el país comenzaba a desmoronarse, mientras tanto la voz dulce de una mujer cantaba “adiós, adiós, me voy”. Esa mujer se llamaba Rosario Bléfari y era la líder de una banda llamada Suarez.

La canción, titulada Río Paraná, parecía ser una premonición del éxodo que se produciría durante la crisis en el 2001.

Por aquellos tiempos, Suarez estaba encasillado por la prensa especializada en lo que se llamaba “Rock Alternativo”, hoy una etiqueta vetusta. Suarez nunca logró la masividad, pero sí una minoría intensa de fans que los seguían adonde tocasen.

Los años pasaron y Bléfari expandió su paleta artística hacia otras artes como la actuación, la dramaturgia y la escritura. Pero nunca olvidó el rock.

Editó varios discos solistas en los que profundizó sus marcas autorales (amores fallidos, la inocencia, las estaciones del año, relaciones humanas…) y giró musicalmente a la canción. Con una ductilidad que puede ir de lo acústico a lo eléctrico sin sobresaltos.

Y como si fuera una historia de una de sus canciones, la “lluvia Bléfari” roció a buena parte del movimiento Indie Argentino. Sus melodías y su forma de cantar regaron las bandas de la siguiente generación del rock de este país.

Tal vez sea por eso que en estos años realizó proyectos musicales en conjunto con ellos. Tal el caso de Sue Mon Mot, el “supergrupo indie” integrado por Gustavo Monsalvo de El Mató a un Policía Motorizado, Tomás Corley de Los Reyes del Falsete y Marcos Díaz de Bosques. Y además editó recientemente junto a Julián Perla, cantante de Mi Pequeña Muerte (una dupla que parece caerle como anillo al dedo), un disco de canciones bajo el nombre de Los Mundos Posibles, experimentando un lado más acústico.

Hace menos de una semana, Rosario lanzó Hoguera, el primer simple de lo que será su nuevo disco como solista en siete años en las plataformas digitales.

Quizás es por eso que el sábado a la noche una Tangente llena, con un público que iba de Millenials hípsters hasta cuarentones, esperaba su show entusiasmado. A las 21.30 salió al escenario Mi Pequeña Muerte y la gente cantó y bailó sus canciones en un set muy ajustado. El repertorio hizo foco en su nuevo material, llamado Alimentan Los Lobos, sin descuidar viejos temas. Julián Perla agradeció al público y se despidió diciendo: “Ahora, la reina”. La gente aplaudió.

Pero antes de que la suma sacerdotisa del Indie saliera a escena, una adolescente con una guitarra acústica dijo presente y cantó tres temas con una actitud despojada y simpática. Era Nina, la hija de Rosario. Parece que el talento se transmite de generación en generación. Nina se llevó aplausos y ovaciones.

Minutos después, Bléfari dominó el escenario junto a su trío eléctrico y la espera terminó. Rosario, a diferencia de la mayoría de los músicos de su generación, ha apostado siempre por lo nuevo y es por eso que la mitad de su set pertenece a lo que será su nuevo disco, aún no editado. Pero eso no parece molestarle a nadie, al contrario, no hay nostalgia, no hay “Retromanía”, queremos escuchar lo nuevo.

El trío eléctrico que la acompañó vestía de riguroso saco y corbata, a diferencia de Rosario, que en buzo y jeans desplegó un glamour y encanto natural.

En la segunda parte del show, se sacó la guitarra y, bailando y saltando, cantó viejos temas, como Estaciones, Partir, Renunciar y Cuaderno para finalizar con Tuya. No hubo tiempo para bises. Y está bien, ha sido demasiado. Demasiado bueno.

2018-11-05T19:59:02+00:00 5 noviembre, 2018|Cultura, III|