Amigos, formemos una banda de roncanrol

Por Martiniano Cardoso
@Mcardumen

Ante la proliferación de literatura sobre el rock, el último libro de Nicolás Igarzábal se torna fundamental para comprender el derrotero de un género musical que parecía en retirada.

Eso que suena en la radio,
                               no cuestiona nada y te pone bien”.
Viva elástico, La radio.

Existe un subgénero en la literatura rock, dedicado a ciertos momentos en el tiempo y lugares específicos. La conformación de una “escena”, pequeñas burbujas que se dan por una conjunción de varios elementos. Música, las ciudades, los personajes que la animan…

Los ejemplos de este tipo de libros en los Estados Unidos e Inglaterra sobran: Seattle y el Grunge, Inglaterra y el Britpop, Minneapolis y la escena Hardcore de los 80’. En los últimos años, ha proliferado este tipo de material en la Argentina pero la mayoría de lo que se ha publicado son biografías de bandas o solistas. Es por eso que Más o Menos Bien, la última obra de Nicolás Igarzábal, resulta fundamental para comprender qué ha sucedido en los últimos años con respecto a un género musical que parecía estar en retirada pero goza de una revitalización completamente inesperada para algunos y extremadamente deseada para otros.

Los primeros capítulos están dedicados a un pequeño resumen de los comienzos del rock argentino y su relación con la autogestión y los sellos independientes (nada es casualidad). Luego, la historia se centra temporalmente en la etapa que se abre tras la tragedia de Cromañon y cuenta cómo las restricciones y prohibiciones impuestas por los gobiernos de turno convirtieron a Buenos Aires en un distrito cada vez más difícil para que las bandas emergentes pudiesen tocar.

Si a este hecho se suma la revolución tecnológica que comenzó a fines del siglo XX, aparece una suerte de “tormenta perfecta” para que el rock volviera a la vieja fórmula punk del Hazlo Tú Mismo.

Con la ciudad de La Plata nuevamente como sede principal de esta historia, Igarzábal va contando el surgimiento de estas bandas y de qué manera se forma esta nueva escena. El Mató a un policía motorizado y su sello autogestionado Laptra son la punta de lanza que desarrolla este nuevo paradigma. A la par de festivales muy caseros y organizados a pulmón, como el Festipulenta o el Turdera Fest, con bandas tan disímiles en lo musical y lugares completamente alejados de lo que se puede suponer como el “mainstream” rockero.

Redes sociales, cassetes, vinilos de 7 pulgadas, Pura Vida Bar, El Matienzo, El Zaguán son algunas de las pinceladas que forman este fresco que conforma el mapa emergente del rock. Viva Elástico, Shaman Herrera, Go Neko!, Las Ligas Menores y varios grupos más van llenando las páginas de este libro tan interesante como ágil y entretenido de leer.

Igarzábal mecha la historia cronológica de la movida indie con testimonios en primera persona de los músicos. El libro cierra con una reflexión sobre los shows de Los Espíritus en el estadio Malvinas Argentinas y el Festilaptra en el Centro Cultural Konex, el sábado 2 de diciembre del año pasado. Allí, el autor se pregunta por la próxima generación. Aunque cabe hacerse otra: ¿no es este recién el comienzo?

2018-07-14T07:00:41+00:00 13 julio, 2018|Cultura, III|